jueves, 29 de octubre de 2009

Oxitocina, testosterona y generosidad

El bienestar es química, se llama oxitocina, la también llamada hormona del placer, pero podemos ayudarla a corretear por nuestro cerebro. Lo primero es conocer el fundamento científico, saber que hay una serie de situaciones que nos disparan la oxitocina. Lo segundo es identificar qué situaciones nos provocan picos de oxitocina, porque quien más picos consigue, premio, más feliz y sano vive. ¿Cómo proveernos de ese elixir?

La oxitocina es una sustancia que, además de estar presente en el parto y la lactancia y sellar el amor más poderoso, es esencial en el establecimiento de buenas relaciones sociales.




Se ha visto además que la oxitocina no sólo nos produce sensación de bienestar, sino que cuando se segrega de una manera continuada produce una menor incidencia de algunas enfermedades, sobre todo de tipo cardiovascular (infartos, accidentes vasculares cerebrales), ansiedad, estrés, depresión: todas esas enfermedades que son las que definen nuestra sociedad occidental.

El amor, ya se sabe, es pura química. O pura biología. Los neurobiólogos conocen ya varios ingredientes, como la hormona oxitocina y los opiáceos, que intervienen en lo que ellos llaman apego, y saben en qué áreas cerebrales actúan. Por ejemplo en los circuitos de recompensa, que nos hacen querer más de lo que nos da placer. La cosa es simple hasta el punto de que sin estas hormonas no hay amor. Ni amor materno, ni de pareja. El cóctel químico cambia más o menos en cada caso, pero siempre está ahí. La conducta humana, incluso en rasgos tan personales como la generosidad, la confianza o la capacidad de amar, depende de unas cuantas moléculas.

La mencionada oxitocina, en concreto, parece ser una auténtica bomba de emociones positivas. En los últimos años se ha demostrado su importancia en la sociedad y la familia, tanto en animales como en humanos. Hace tres años el grupo de Paul Zak, director del Centro para Estudios Neuroeconómicos, en California (EE UU), vio que si rociaba con oxitocina a varios voluntarios, éstos se volvían mucho más dispuestos a confiar su dinero a un extraño.

¿En qué momento producimos las personas más oxitocina? No es difícil adivinarlo: en el orgasmo, en las interacciones sociales placenteras y durante el parto y la lactancia. Así que el amor materno empieza a fraguarse muy pronto, a base de hormonas. La oxitocina surge por ejemplo cuando dos personas se miran a los ojos durante un lapso prolongado, se funden en un abrazo, mantienen relaciones sexuales, o cuando escuchamos la música que nos gusta o nos hacen un masaje. Un estímulo que favorece la liberación de oxitocina es el tacto. El contacto físico aumenta la oxitocina de manera continuada.

Mirar a los ojos de tu amante no sólo es algo romántico, sino que también puede alterar para siempre el cerebro y el cuerpo. Esta sensación tan agradable que se siente se debe a la “hormona del amor” u oxitocina.

Esta hormona al liberarse, facilita conductas de vinculación entre sujetos, no únicamente entre hombre y mujer, también entre padres e hijos o entre hermanos o individuos que se relacionan afectivamente. Si estás enamorado o tienes sensaciones agradables al comunicarte con una persona especial, ya sabes que la oxitocina es la responsable de estos sentimientos que percibimos. La oxitocina es el ingrediente químico que trabaja sin descanso para el placer a través de las caricias, los besos, las miradas y todo aquello que es visible cuando dos personas se gustan.

La oxitocina está relacionada, no sólo con la conducta sexual (la oxitocina liberada en el cerebro de la hembra durante la actividad sexual es importante para el establecimiento de lazos de pareja monogámica con su pareja sexual), sino también con la maternal y la social en general. Es la responsable de los vínculos afectivos duraderos en las parejas y crea unos lazos entre ellos que se van haciendo mucho más fuertes.

Igualmente el acto de abrazar llena nuestro cuerpo de oxitocina, una "hormona del afecto" que provoca que la gente se sienta segura y confiada hacia otras personas. Además, disminuye los niveles de cortisol y reduce el estrés. Las mujeres que reciben más abrazos de sus parejas tienen niveles más altos de oxitocina y una presión sanguínea y ritmo cardíaco más bajos, según una investigación realizada en la Universidad de Carolina del Norte.

Testosterona y generosidad



Un estudio de 2007 del grupo de Zak encontró que la oxitocina aumenta la generosidad en un 80%. Pero parece ser que la testosterona bloquea el efecto de la oxitocina en el cerebro, la inhibe.

A mayor testosterona menos generosos somos, pero más intenso es nuestro interés por la equidad, incluso pagando un coste.




Las hormonas no afectan sólo a las mujeres, también los hombres se ven condicionados por ellas. Hace tiempo un estudio demostraba que por las mañanas, cuando los niveles de testosterona son altos, los agentes comerciales registraban más beneficios, pero ese estudio no pudo establecer una clara conexión causa-efecto.

Ahora Karen Redwine de Whittier College en California puede afirmar que efectivamente la testosterona hace que los hombres sean más tacaños. Esta investigadora y Paul Zak del Claremont Graduate University en California administraron testosterona a 25 estudiantes voluntarios y comprobaron el efecto que tenía en su grado de generosidad. A todos ellos se les administró además un placebo sin la hormona en una de las rondas para tener una línea base de control. Ni los participantes ni los investigadores sabían qué estudiantes habían ingerido y cuándo la hormona hasta después de haber realizado todas las pruebas.

Las pruebas consistían básicamente en jugar al juego del ultimátum. En él dos oponentes se disponen a apropiarse de un dinero procedente de un monto determinado proporcionado por los investigadores. El proponente ofrece un reparto a su antojo al otro y si el segundo acepta se queda cada uno con lo que dice ese reparto. Si el segundo no está de acuerdo con el reparto ninguno se lleva el dinero. En este caso en concreto se trataba de repartir 10 dólares y cada participante jugaba en ambos papeles con otros a través de un sistema informático que garantizaba el anonimato, tanto bajo los efectos de la hormona como sólo bajo el efecto del placebo.

Analizando los resultados, los investigadores pudieron comprobar que efectivamente la potente hormona tenía efecto sobre los resultados del juego. En promedio la testosterona producía una reducción en la generosidad del 27%, ya que la oferta del proponente al contrario caía de 2,15$ a 1,57$.

Una variedad más potente de testosterona la DHT (dihidrotestosterona) produjo un impacto aún mayor. Los hombres que portaban altos niveles de ella en sangre ofrecían sólo 55 centavos de los 10 dólares en promedio, mientras que los que tenían menos de esta hormona ofrecían 3,65$ en promedio.

Además, la DHT estaba asociada con una mayor propensión a castigar al contrario. Los hombres con altos niveles de esta hormona rechazaban ofertas de 4 dólares de los 10 del monto, mientras que los que tenían bajos niveles sólo castigaban por debajo de los 2,15$ en promedio.

Por una lado la testosterona empuja a los hombres a ser menos generosos, pero por otro los empuja a demandar una mayor parte del dinero aunque fuera pagando un coste por ello (no recibir nada) para castigar al proponente. Pero el rechazo de ofertas poco generosas hace que se fuercen repartos más equitativos.

Fuentes: neofronteras, elpais

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