viernes, 9 de octubre de 2009

Los adolescentes razonan como los adultos, pero aún no son maduros emocionalmente

Los adolescentes pueden razonar como los adultos, pero no tienen la madurez emocional propia de los mayores, revela un estudio realizado por científicos de la Temple University de Estados Unidos. Los resultados de esta investigación han sido publicados por la revista American Psychologist, de la Asociación Americana de Psicología (APA). Esto significa que los adolescentes pueden tomar decisiones meditadas, pero que aún no son capaces, por ejemplo, de controlar sus propios impulsos o de resistirse a la presión social. Los resultados obtenidos deberían ser considerados a la hora de definir el trato legal que se les ha de dar a los jóvenes, afirman los científicos.

Dado que existe durante la adolescencia un desfase entre el desarrollo de las habilidades cognitivas y de las habilidades emocionales, los adolescentes pueden tomar decisiones informadas pero carecen de la madurez emocional que les permite controlar sus impulsos, resistir a la presión social o calcular los riesgos de cualquier decisión peligrosa, explica Laurence Steinberg, el profesor de psicología del desarrollo de la Temple University y director de la investigación, en un comunicado emitido por la APA.



Momentos distintos

El análisis de Steinberg y sus colaboradores fue realizado con un total de 935 personas de entre 10 y 30 años, con el fin de establecer las diferencias que existen en diversas capacidades cognitivas y psicosociales, en función de la edad. Así, se constató que dichas capacidades alcanzan la madurez en momentos distintos de la vida.

Los participantes en el estudio realizaron diversos tests para medir su madurez psicosocial y sus capacidades cognitivas, y para establecer patrones de edad en numerosos factores que afectan al juicio y a la toma de decisiones.

Las medidas de madurez incluyeron tests de control de los impulsos, de búsqueda de sensaciones, de resistencia a la presión social, de orientación futura y de percepción del riesgo. Asimismo, los tests también comprendieron mediciones sobre capacidades intelectuales básicas.

No se encontraron diferencias en cuanto a madurez emocional se refiere entre los cuatro grupos más jóvenes analizados (de 10-11 años, de 12-13, de 14-15 y de 16-17).

Sin embargo, sí se encontraron diferencias significativas en este mismo aspecto entre los jóvenes de 16-17 años, con respecto a los jóvenes de 22 o más años; y entre los jóvenes de entre 18 y 21 años, y las personas de 26 años en adelante, siendo en ambos casos los mayores más maduros que los más jóvenes. No se encontraron diferencias entre hombres y mujeres.

En cuanto a las diferencias en las mediciones sobre las capacidades intelectuales, éstas aumentaron entre los 11 y los 16 años, y no presentaron aumentos después de los 16.

Es decir, que ciertas habilidades cognitivas, como la de razonar lógicamente, alcanzan pronto los niveles de la edad adulta, mucho antes de que la madurez psicosocial se establezca en el individuo.

A efectos prácticos, tal y como explican los científicos en su artículo, los adolescentes son capaces de tomar decisiones como lo haría cualquier adulto si pueden pensar antes de elegir, si no se ven sometidos a la presión social o a otras influencias, y si son asesorados por personas que les proporcionan información objetiva sobre los costes y beneficios de una alternativa concreta.

En este sentido, los adolescentes se desenvolverían bien tomando una decisión médica como la de abortar o no (cuando los médicos les proporcionan información para que piensen que es lo mejor para ellos) o tomando decisiones legales (en que podrían ser asesorados por especialistas).

Por el contrario, en situaciones impulsivas, típicamente caracterizadas por altos niveles de emotividad o coacción social y en las que no suele haber un experto al que consultar, los adolescentes reaccionan de manera más inmadura que los adultos.

La constatación de la inmadurez psicosocial de los adolescentes explicaría algunos de sus comportamientos, como los comportamientos delictivos (a menudo realizados cuando están en grupo y sin premeditación previa) o la toma de decisiones que pueden resultarles nocivas pero que suponen una recompensa inmediata. Entre estas decisiones estaría el consumo de alcohol, drogas o tabaco; la conducción temeraria o la práctica del sexo sin protección.

Para Steinberg, “resulta crucial comprender que los sistemas cerebrales responsables del razonamiento lógico y del procesamiento de la información básica maduran antes que los sistemas responsables de la auto-regulación y de la coordinación de la emoción y el pensamiento”.

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