miércoles, 7 de octubre de 2009

La bioquímica de la soledad, ¿cómo afecta una vida solitaria a nuestra salud?

Investigadores de la Universidad de California demuestran que la soledad tiene un mayor efecto sobre la tasa de mortalidad que fumar, beber, comer o hacer ejercicio. El estudio descubrió que las personas sin conyuges ni amigos presentaban una tasa de mortalidad del doble de las que tenían lazos sociales.

Ya Aristóteles decía que el hombre es 'un animal político'. Con ello quería significar que la soledad, no es su medio o su ámbito. La adscripción a grupos, de trabajo o de familia, de la urbe, de la comunidad en general, de la sociedad, así como la pertenencia a un Estado, no son anodinos. Los estudiosos e investigadores han comprobado, desde la psicología a la fisiología, desde la sociología a la medicina, que la convivencia es uno de las factores más trascendentes, no sólo para el bienestar y la felicidad, sino para el sostenimiento de la salud total.




Investigadores estadounidenses comprobaron que la soledad crónica está relacionada con alteraciones en la actividad de genes que controlan la inflamación, primera respuesta del sistema inmunitario. Un paso más en la explicación de por qué los factores sociales aumentan el riesgo de enfermedad cardíaca, infecciones virales y cáncer.

Estar solo no es lo mismo que sentirse solo. Algunas personas se sienten bien estando solas, pero para muchas otras, el aislamiento social genera sentimientos negativos, los cuales, a su vez, ejercen efectos perniciosos sobre su salud. Varios estudios comprobaron que quienes sufren de soledad presentan una mortalidad más alta que quienes no la sufren. Ahora, además, investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) identificaron un patrón distinto de expresión genética en células inmunológicas de personas que experimentan de manera crónica altos niveles de soledad.

El ser humano tiene dos necesidades sociales básicas: la necesidad de una relación íntima y la necesidad de sentirse parte de una comunidad cercana e interesada por él. Somos fundamentalmente animales grupales y nuestro bienestar es mucho mayor cuando nos encontramos en un ambiente armónico, en el cual vivimos en estrecha comunión. La investigación ha mostrado que cuando estamos solos estamos más predispuestos a sufrir accidentes, enfermedades mentales, suicidio y un amplio espectro de enfermedades. Para la supervivencia es indispensable la independencia y la autoconfianza, pero en el discurrir de nuestra vida no podemos prescindir del apoyo y de la compañía de los otros.

Tristeza y salud

Todo el mundo se siente solo de vez en cuando, pero para algunas personas es mucho peor y se sienten así durante años aunque tengan familia y amigos. Este sentimiento crónico de sentirse aislado socialmente puede tener consecuencias para la salud. Desde hace tiempo los expertos saben que las personas con soledad crónica son más susceptibles a las enfermedades que las demás. Se sabe además que tienen niveles de mortalidad más alta que el resto. La magnitud sobre la salud de este efecto [mantener una buena red de apoyos familiares y de amigos] es similar a la que se obtiene dejando de fumar, la influencia de la falta de relaciones sociales sobre la salud es aún mayor que la que ejercen problemas como la inactividad física o la obesidad.


Los expertos han tratando de determinar si el riesgo de muerte de las personas con soledad crónica se debe a la carencia de recursos sociales o a la mala asistencia médica, o si se debe al impacto biológico por un mal funcionamiento del cuerpo humano. Sospechaban que el cortisol, una hormona que regula la respuesta del organismo a situaciones de tensión y de amenaza, es el probablemente culpable porque se encuentra en mayor cantidad en personas que se sienten solas. Pero se desconocían los mecanismos que había detrás y había que encontrar la solución al misterio de por qué un antiinflamatorio como el cortisol podría ser el culpable si las inflamaciones están relacionadas con enfermedades relacionadas con la soledad.

Ahora Steve Cole de University of California, Los Angeles (UCLA) y sus colaboradores han hecho un seguimiento de 153 voluntarios entre los 50 y 60 años de edad para estudiar el fenómeno. Los voluntarios fueron calificados según la escala de un test para medir la sensación de soledad que padecían en función de cómo usaban el tiempo. Además estudiaron el ADN de sus glóbulos blancos sanguíneos para relacionarlo con la puntuación alcanzada en los test.

De los 22.000 genes estudiados comprobaron que 209 de ellos no se expresaban correctamente en los organismos de la gente que sentía sola. Muchos de estos genes estaban relacionados con el control de la respuesta inmunitaria del cuerpo humano. En aquellos con la puntuación en soledad más alta los genes de sistema inmunitario y de control de la inflamación estaban sobreexpresados mientras que aquellos que regulaban la producción de anticuerpos y factores antivirales estaban infraexpresados.

Las diferencias observadas eran independientes de otros factores de riesgo como la edad, el peso, uso de medicación y estatus de salud. Incluso estos resultados eran independientes del tamaño objetivo de la red social, familiar y de amistad de los afectados.

Se pudo comprobar por tanto que los cambios de la expresión genética de las células inmunitarias estaban directamente relacionados con la distancia social experimentada por el sujeto.

Cuando los japoneses se trasladan a Estados Unidos para trabajar, experimentan un aumento masivo de enfermedades cardíacas. En principio se atribuía este aumento a la adopción de una insalubre dieta occidental, pero ahora parece más probable que se deba al impacto cultural y la pérdida de la red de apoyo de lazos familiares y vínculos de amistad.

No importa la edad

Un estudio paralelo que se desarrolló en personas de edades comprendidas entre los 53 y los 78 años, demostró a su vez que la tensión arterial es más alta en las personas que viven solas y que permanece estable en las personas acompañadas, lo que para los investigadores de Chicago confirma su tesis de que la soledad aumenta las posibilidades de crisis cardiacas.

Para los investigadores, los hábitos de fumar, beber o comer no varían entre las personas aisladas o que conviven con otras personas, por lo que se hace necesario profundizar en la aparente relación que existe entre las personas aisladas y las enfermedades del corazón.

Posibles consecuencias

Los datos obtenidos han supuesto el primer indicativo de que la actividad del genoma se altera en una situación de soledad. Sin embargo, ésta no depende del número de personas que se conoce, sino de la calidad de las relaciones interpersonales, es decir, de la sensación de aislamiento que sufra el individuo.

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