domingo, 4 de octubre de 2009

Los niños, al azúl y el rosa

El color rosa para los vestidos de las niñas y azul celeste para los de los niños es una costumbre muy conocida, que no siempre ha sido así y que nació alrededor de 1920. Un reparto de colores para la primera infancia que, por otra parte, contradice nuestro simbolismo, para el cual el rojo es masculino, y el rosa (el pequeño rojo), es el color de los niños varones pequeños.



En pinturas del Barroco se ven a menudo criaturas vestidas de pies a cabeza de color rosa. Y cuando aparecen con un yelmo en la cabeza y una espada en la cintura, nos parecen ejemplos inesperados de niñas que reciben una educación masculina, pero estas criaturas vestidas de rosa no son niñas, sino príncipes caracterizados mediante el rosa (el pequeño rojo) como futuros gobernantes.

Hasta 1900, el color para las niñas y los niños pequeños era el blanco. Si su vestimenta llevan lazos, éstos eran casi siempre rojos. Niños y niñas llevaban hasta la edad de cinco años el mismo tipo de vestido, largo hasta los pies. Los peleles, actualmente prenda típica de los bebés, aparecieron en 1920. Y los patucos y zapatos infantiles eran de color blanco, marrón y rojo.

A partir de entonces, se popularizó la moda de vestir a los niños de algún color, cuando ya era posible producir tintes resistentes al agua hirviendo. En esta época se produjo una verdadera revolución de la moda: la llamada "moda reformista" libró a las mujeres de los corsés y creó una moda específica para los niños. Antes, los niños vestían copias en miniatura de los trajes de los adultos. Ahora, niños y niñas llevarían los cómodos trajes y vestidos de marinero teñidos con índigo artificial, el nuevo tinte, el mejor de todos. De los trajes de marinero se derivó, con una lógica forzosa, el hecho de que el azul claro, o el azul en general, se convirtiesen en el color de los niños. Como color tradicionalmente contrario, el rosa se convirtió entonces en el color de las niñas.

Pero, el azul y el rosa parece que va más allá de de las cuestiones culturales o sociales. En un reciente estudio de la investigadora Anya Hurlbert, profesora de Neurociencia Visual de la Universidad de Newcastle (Reino Unido), basado en las investigaciones llevadas a cabo por ella y su equipo de científicos , se concluye diciendo que la predilección por el color azul o rosa podría ser debido a causas biológicas, y se da una explicación evolutiva a la preferencia cromática que ha marcado a niños y niñas desde el momento de su nacimiento.

Los investigadores utilizaron una muestra de 171 hombres y mujeres jóvenes para que eligieran lo más rápidamente posible su color preferido entre una serie de rectángulos coloreados, presentados por parejas. Una roja y otra azul, una rosa y otra marrón, una amarilla y otra negra...Después de una serie de procesos de selección, se produjo lo que ya era obvio: cuado son chicos los que eligen, la favorita es la cartulina azul; en la selección de las chicas resulta el rosa el preferido.

Pero Hurlbert quiso ir más allá para verificar el carácter biológico de sus conclusiones y realizó el mismo experimento con estudiantes de origen asiático, dado que en estos países el significado cultural de los colores es distinto. En los países orientales, por ejemplo, el dolor por el luto se manifiesta a través del color blanco, en lugar del negro que es el imperante para realizar las demostraciones de dolor y muerte en Occidente.

Entonces procedieron a realizar el mismo test entre estudiantes voluntarios de nacionalidad china y comparar los resultados con los obtenidos por los jóvenes participantes de nacionalidad británica. Los resultados que se obtuvieron fueron idénticos. Entre los estudiantes chinos seguía prevaleciendo la preferencia del azul entre los niños, mientras que ellas se decantaban por los tonos rosados y rojizos.

“La evolución ha podido llevar a las mujeres a preferir los colores rojizos –frutas rojas, caras sonrosadas que indican salud-. Y la cultura lo que hace es explotar y dar forma a estas tendencias femeninas innatas”, indica Hurlbert en su estudio, a lo que ha denominado “nutrición frente a naturaleza”.

Esta preferencia tendría su origen en una época remota en que las mujeres se dedicaban a la tarea de recolección, para lo que desarrollaron una capacidad visual más especializada que les permitiera distinguir los frutos más rojos maduros.

Sobre la preferencia de los varones por el azul, la investigadora británica señala que sólo se pueden realizar especulaciones. Se trata de una preferencia antropológica basada en la cultura de nuestros ancestros, en las vastas sabanas de África, quienes habrían tenido una preferencia natural por los cielos azules, como signo de buen tiempo, lo que acompaña a las buenas cosechas, o el azul del agua, imprescindible para la vida del campo y de los seres humanos.

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