miércoles, 29 de mayo de 2013

Noam Chomsky: El objetivo de la educación

¿Cuál debe ser el propósito de un sistema educativo?, ¿es la educación un fin en sí mismo?, ¿es un medio para la inserción en el mundo laboral?, ¿es más importante estimular el pensamiento crítico de los alumnos o formar gente que aumente el PIB?, ¿qué utilidad tienen los métodos de evaluación estandarizados?

Sobre estos y otros temas relacionados nos habla en el vídeo que incluyo en esta entrada, el filósofo, lingüista y científico cognitivo Noam Chomsky. Una brillante exposición sobre la que merece la pena reflexionar.

      

Transcripción

El objetivo de la educación

"Podemos preguntarnos cuál es el propósito de un Sistema Educativo y, por supuesto, hay marcadas diferencias en este tema. Hay la tradicional: una interpretación que proviene de la Ilustración, que sostiene que el objetivo más alto en la vida es investigar y crear, buscar la riqueza del pasado, tratar de interiorizar aquello que es significativo para uno, continuar la búsqueda para comprender más, a nuestra manera. Desde ese punto de vista, el propósito de la educación es mostrar a la gente cómo aprender por sí mismos. Es uno mismo el aprendiz que va a realizar logros durante la educación y, por lo tanto, depende de uno cuánto logremos dominar, adónde lleguemos, cómo usemos ese conocimiento, cómo logremos producir algo nuevo y excitante para nosotros mismos, y tal vez para otros.

Ese un concepto de educación. El otro concepto es, esencialmente, adoctrinamiento; algunas personas tienen la idea de que, desde la infancia, los jóvenes tienen que ser colocados dentro de un marco de referencia en el que acatarán órdenes, aceptarán estructuras existentes sin cuestionar, etc. Y esto resulta, con frecuencia, bastante explícito. Por ejemplo: después del activismo de los años 60, había mucha preocupación en gran parte de la gente educada, porque los jóvenes se estaban volviendo demasiado libres e independientes. Desde esos tiempos se han tomado muchas medidas para tratar de orientar el sistema educativo hacia uno provisto de mayor control, más adoctrinamiento, más formación vocacional, con estudios tan costosos que endeudan a los estudiantes y los atrapan en una vida de conformismo.

Eso es exactamente lo contrario de lo que yo describo como una tradición proveniente de la Ilustración. Y hay una lucha constante entre estos dos enfoques, en las universidades y escuelas. En las escuelas ciertamente se les entrena o para pasar exámenes o bien para la investigación creativa, entendiendo esta última como dedicarse a intereses que son estimulados por los cursos en los que se profundiza por cuenta propia o en cooperación con otros. Esta lucha se extiende también al posgrado o a la investigación.

Son dos maneras ver el mundo. Cuando uno ve las instituciones de investigación, como esta en la que estamos (MIT), observa que a nivel de posgrado se sigue esencialmente la idea de la Ilustración. De hecho la Ciencia no podría progresar a menos que esté basada en la inculcación del impulso por el desafío, por el cuestionamiento de doctrinas o de la autoridad, a través de la búsqueda de alternativas o del uso de la imaginación, con el trabajo cooperativo que aquí, en esta institución, es constante. Y para verlo, solo se necesita caminar por los pasillos.

Esto es lo que, desde mi punto de vista, debe ser un sistema educativo desde la educación preescolar.

Pero hay estructuras poderosas en la sociedad que prefieren ver a la gente adoctrinada y formateada sin que hagan muchas preguntas, siendo obedientes, realizar la función que se les ha asignado y no tratar de sacudir los sistemas de poder y autoridad. Son opciones que tenemos que elegir sin importar nuestra posición en el Sistema Educativo, como profesores, estudiantes, o gente externa que trata de ayudar a darle forma, en la manera que ellos creen que debe hacerse.

El impacto de la tecnología

Ha habido ciertamente un crecimiento muy sustancial en nuevas tecnologías: de comunicación, información (acceso e intercambio) o en la naturaleza de la cultura de la Sociedad. Pero debemos tener en cuenta que los cambios tecnológicos que están ocurriendo, a pesar de ser significativos, no tienen, ni de lejos, el mismo impacto que los avances tecnológicos de hace alrededor de un siglo. El cambio, si hablamos sólo de comunicación, de una máquina de escribir a una computadora o del teléfono al correo eléctronico es significativo, pero no se puede comparar con el cambio de barcos de vela al telégrafo: la reducción en eI tiempo de comunicación, por ejemplo entre Inglaterra y los Estados Unidos, fue extraordinaria comparada con los cambios que están ocurriendo ahora. Lo mismo ocurre con otros tipos de tecnología: algo tan sencillo como el agua corriente y el alcantarillado en las ciudades tuvo enormes consecuencias para la salud; mucho más que el descubrimiento de los antibióticos. Los cambios actuales son reales y significativos, pero debemos reconocer otros que ocurrieron y cuyos efectos fueron mucho más drásticos.

En cuanto a la tecnología en la educación, debe decirse que la tecnología es algo neutro. Es como un martillo: al martillo no le importa si lo usas para construir una casa o si un torturador lo usa para aplastarle el cráneo a alguien. El martillo puede hacer ambas cosas. Es lo mismo con la tecnología moderna. Por ejemplo: internet es extremadamente valiosa si se sabe lo que se está buscando; yo la uso todo el tiempo en mi investigación. Si se sabe lo que se está buscando, si se tiene una especie de marco de referencia, que nos dirige a temas particulares y nos permite dejar al margen muchos otros, entonces puede ser una herramienta muy valiosa. Por supuesto, uno debe estar siempre dispuesto a preguntarse si el marco de referencia es el correcto: tal vez algo que encontremos cuestionará la forma en que vemos las cosas. No se puede perseguir ningún tipo de investigación sin un marco de referencia relativamente claro que dirija la búsqueda y que ayude a seleccionar lo que es significativo y lo que no lo es, Io que hay de que dejar de lado, a lo que hay que darle seguimiento, lo que merece ser cuestionado o desarrollado.

No se puede esperar que alguien llegue a ser, por así decirlo, biólogo, nada más con darle acceso a la biblioteca de biología de la Universidad de Harvard y diciéndole: "léela". Eso no le sirve de nada, y el acceso a internet es lo mismo: si no se sabe lo que se está buscando, si no se tiene idea de lo que es relevante, dispuestos a cuestionarse esta idea, si no se tiene eso, explorar en internet es sólo tomar al azar hechos no verificables que no significan nada.

Entonces, detrás de cualquier uso significativo de la tecnología contemporánea, como internet, sistemas de comunicación, gráficos o lo que sea, a menos que detrás de ese uso haya un aparato conceptual bien dirigido, bien construído, es poco probable que este resulte útil, y hasta podría ser dañino. Si se toma un hecho incierto aquí y otro allá y alguien los refuerza, terminamos con un panorama que tiene algunas bases objetivas, pero nada que ver con la realidad. Hay que saber cómo evaluar e interpretar para entender.

Volviendo a la biología, la persona que gana el premio Nobel no es la que lee más artículos y toma más notas; es la persona que sabe qué buscar. Cultivar esa capacidad para buscar lo que es significativo y estar siempre dispuesto a cuestionar si estamos en el camino correcto, de eso es de lo que debe tratar la educación, ya sea usando computadores e internet o lápiz, papel y libros.

Costo o Inversión

La Educación es discutida en términos de si es una inversión que vale la pena, de si genera un gran capital humano que puede ser usado en el crecimento económico, y esa es una manera muy extraña, muy distorsionada, de cuestionarse el tema, opino. ¿Queremos tener una sociedad de individuos libres, creativos e independientes capaces de apreciar y aprender de los logros culturales del pasado y contribuir a ellos? ¿Queremos eso o queremos gente que aumente el PIB? No es necesariamente lo mismo.

Una educación como aquella de la que hablaban Bertrand Russell, John Dewey y otros, tiene un valor por sí misma. Independientemente del impacto que tenga en la sociedad tiene un valor, porque ayuda a crear seres humanos mejores. Después de todo a eso es a lo que debe servir un sistema educativo.

No obstante, si se quiere ver en términos de costo y beneficio, tomemos por ejemplo la nueva tecnología de la que hablábamos: ¿de dónde viene? Bueno, pues mucha de ella fue desarrollada exactamente donde estamos sentados [Nota de Transcripción: MIT]. En el piso de abajo había un gran laboratorio en los años 50, donde fui empleado de hecho, y donde había muchos científicos, ingenieros, gente con todo tipo de intereses, filósofos y otros, que desarrollaron el carácter básico y aún las herramientas básicas de la tecnología que es común hoy día. Las computadoras e internet estuvieron exclusivamente en el sector público durante décadas, financiadas en lugares como este, donde la gente exploraba nuevas posibilidades; muchas de ellas eran impensables y desconocidas en ese momento, algunas funcionaron, otras no, pero las que funcionaron fueron convertidas en herramientas que la gente puede usar.

Esa es la manera como el progreso científico tiene lugar. Es la manera en la que el progreso cultural tiene lugar, generalmente. Los artistas clásicos, por ejemplo, son el producto de las habilidades tradicionales que se desarrollaron a lo largo del tiempo con maestros artistas, y a veces con su ayuda se crearon cosas maravillosas.

Todo eso no sale de la nada. Si no existe un sistema cultural y educativo activo, enfocado en la estimulación de la exploracion creativa, con independencia de pensamiento, con disposicion a cruzar fronteras para desafiar las creencias aceptadas... si no se tiene eso, no obtendremos la tecnología que lleva a obtener beneficios económicos. Beneficios, sin embargo, que no creo que sean el objetivo principal del enriquecimiento cultural y la educación.

Evaluación vs. Autonomía

Ha habido, en los últimos tiempos particularmente, una estructuración cada vez mayor de la educación, que comienza a temprana edad y contínúa luego, y que funciona a través de exámenes.

Pasar exámenes puede ser de alguna utilidad tanto para la persona que está pasando el examen -para comprobar cuánto sabe, lo que ha logrado, etc- como para que los instructores se den cuenta qué es lo que hay que cambiar, mejorar, en el desarrollo del curso. Pero más allá de eso no dicen mucho.

Lo sé por mi experiencia de años, he estado en comités de admisión a programas de posgrado avanzado, tal vez uno de los programas más avanzados del mundo, y sí, desde luego, ponemos atención a los resultados de exámenes, pero realmente no mucha. Una persona puede tener resultados magníficos en todos los exámenes y entender muy poco. Todos los que hemos pasado por escuelas, colegios, universidades, sabemos eso. Se puede estar inscrito en un curso que no nos interesa para el que existe el requerimiento de pasar un examen, y se estudia para el examen, se logra pasarlo con la mejor nota y, dos semanas más tarde, no nos acordamos de mucho. Estoy seguro que todos hemos tenido esa experiencia.

Los exámenes pueden ser una herramienta útil si contribuyen a los fines constructivos de la educación, pero si sólo se tratan de una serie de obstáculos que hay que superar pueden no tanto carecer de sentido como distraernos de lo que queremos hacer. De hecho veo esto frecuentemente cuando hablo con profesores: hace un par de semanas estaba yo hablando con un grupo que incluía profesores de escuela y había una profesora de 6º grado, es decir, con alumnos de 10 a 12 años, que vino a hablar conmigo luego y me dijo que en su clase una niña le contó que estaba realmente interesada en un tema: le pedía consejo para aprender más al respecto, pero la maestra se vio obligada a decirle que no podía hacer eso, porque la niña debía estudiar para un examen a nivel nacional que se acercaba y que eso iba a determinar su futuro; la profesora no lo dijo, pero también iba a determinar el de ella, es decir, eso influiría para que la contrataran de nuevo.

Ese sistema no es sino una preparación de los niños para pasar obstáculos, no para aprender, entender y explorar. Esa niña hubiera ganado mucho más si se le hubiera permitido explorar lo que le interesaba y tal vez no sacar una muy buena calificación en un examen de algo que no le interesaba.

Buenas calificaciones vienen por sí solas si el tema coincide con los intereses y preocupaciones del alumno. No digo que los exámenes deban eliminarse, pueden ser una herramienta educativa útil. Pero complementaria, algo que ayude a los estudiantes a mejorar por sí mismos, o para los instructores u otros que necesitemos saber acerca de lo que hacemos e indicarnos lo que debemos modificar.

Pasar exámenes no se puede ni comparar con buscar, investigar, dedicarse a temas que nos atraen y nos estimulan; esto último es mucho más práctico que pasar exámenes. Y, de hecho, si se nos da la oportunidad de este tipo de carrera educativa, el estudiante recordará lo que descubrió.

Un físico mundialmente famoso, aquí en el MIT daba, como muchos catedráticos, cursos a estudiantes nuevos. Un estudiante le preguntó qué temas se iban a cubrir durante el semestre y su respuesta fue: "No importa lo que se cubre, sino lo que se descubre". Y es correcto: la Enseñanza debe inspirar a los estudiantes a descubrir por sí mismos, a cuestionar cuando no estén de acuerdo, a buscar alternativas si creen que existen otas mejores, a revisar los grandes logros del pasado y aprenderlos porque les interesen.

Si la Enseñanza se hiciera así los estudiantes sacarían provecho de ello, y no sólo recordarían lo que estudiaron sino que lo utilizarían como una base para continuar aprendiendo por sí solos.

Una vez más: la educacion debe estar dirigida a ayudar a los estudiantes a que lleguen a un punto en que aprendan por sí mismos, porque eso es lo que van a hacer durante la vida, no sólo absorber información dada por alguien y repetirla."

Fuentes: Vimeo, transcripción vía rebelion.org

domingo, 31 de marzo de 2013

La predisposición al optimismo, ¿por qué todo el mundo piensa que está por encima del promedio?

En 1988 los psicólogos Shelley Taylor and Jonathon Brown publicaron un estudio afirmando que el autoengaño positivo es una parte vital y beneficiosa en la vida de casi todo el mundo. Resulta que las personas suelen mentirse sobre tres cosas: se ven a ellos mismos de forma desmesuradamente positiva, se creen que tienen mucho mayor control sobre sus vidas del que en realidad tienen y creen que el futuro será mucho mejor de lo que las evidencias del presente pueden justificar.

La neurociencia ha demostrado que el ser humano tiene un sentido optimista del yo y una tendencia generalizada a esperar lo mejor, incluso con los indicios en contra. Este fenómeno se denomina "sesgo optimista", y se trata de un truco del cerebro que nos ayuda a ganar confianza al realizar tareas complejas pero que a su vez puede llevarnos a infravalorar los riesgos a los que nos enfrentamos.



Diversos estudios confirman que las personas tendemos a vernos a nosotros mismos a través de "cristales teñidos de rosa", veamos algunos ejemplos:

  • El 90% de los estudiantes se consideran a sí mismos más inteligentes que el estudiante promedio y consideran que sus aptitudes está por encima de la media (los más incompetentes son además los más propensos a sobreestimar sus habilidades).
  • Si hablamos de capacidad de liderazgo, el 70% de los alumnos se ponen por encima de la media. En la capacidad de llevarse bien con los demás, el 85% cree estar por encima del promedio. El 25% piensa que forma parte del privilegiado 1% con mayores aptitudes.
  • El 94% de los profesores considera que está por encima de la media de sus compañeros, y el 68% considera que es mejor que 3 de cada 4 compañeros de profesión.
  • En la empresa privada la situación no varía: sólo por poner un ejemplo, el 32% de los empleados de una destacada compañía de software considera que su desempeño es mejor que el de 19 de cada 20 de sus colegas.
  • El 93% de los conductores cree que sus habilidades para conducir son superiores a las del promedio, mientras el 88% opina que lo hace de forma más segura que la mayoría. Es un fenómeno internacional y que se da en todas las edades, tanto en conductores noveles como en conductores mayores de 65 años.
  • Irónicamente, el 92% de la gente se ve a sí misma como menos susceptible a las distorsiones y sesgos cognitivos.
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Otro buen ejemplo es el estudio realizado por Neil Weinstein (“Optimismo irreal sobre el futuro”, 1980) en el que se pidió a una muestra de alumnos que contestasen qué probabilidades creían tener de que les ocurrieran 42 cosas en el futuro, desde encontrar trabajo o no engordar en 10 años a padecer cáncer o que les robaran el coche. Luego tenían que evaluar las posibilidades de que lo mismo les ocurriera a sus compañeros de clase. De los 18 acontecimientos positivos hubo 15 que los participantes pensaron que era más probable que les pasara a ellos; de los 24 negativos, sólo dos

Como podemos ver la gran mayoría de personas piensa de una manera sesgada, de forma que favorezca la propia imagen individual y social. Este es el "efecto de ser mejor que el promedio". Y es aplicable a una gran variedad de aspectos de la vida, incluyendo el desempeño académico (exámenes o inteligencia general), en ambientes de trabajo (por ejemplo, desempeño y productividad en el trabajo) o en los entornos sociales (estimación de popularidad personal, posesión o no de características deseables de personalidad -honestidad o confianza-). Se considera que más del 80% de la población mundial se ve afectada por este fenómeno. A efectos prácticos viene a significar que si nos autoeváluasemos en una hipotética escala del uno al diez, la mayoría de las personas se valoraría con un siete o más, mientras que por contra muy poca gente se consideraría un cinco o menos, lo cual no tiene ningún sentido estadístico.




¿Una predisposición innata?

El ser humano tiene limitaciones al procesar la información, lo que en muchas ocasiones lleva a un análisis tendencioso de la misma. Por ejemplo, los humanos minimizamos el tiempo que empleamos para analizar información personal negativa y, cuando lo hacemos, pensamos que tiene fallos y restamos importancia a todo aquello que la fuente pueda decir. También se tiende a recordar que el rendimiento que se ha tenido al realizar una actividad en el pasado ha sido mucho mejor de lo que realmente fue. Atribuimos nuestros éxitos a nuestras características personales, mientras que tendemos a justificar los fracasos mediante causas externas. Quitamos importancia a los fallos, realzamos los éxitos y cuando todo sale mal tenemos una facilidad innata para echar la culpa a causas externas. Subestimamos la posibilidad de sufrir cáncer o de tener un accidente automovilístico. Sobreestimamos nuestra longevidad, nuestras posibilidades laborales. En resumen, somos más optimistas que realistas, pero olvidamos los hechos.

Este fenómeno que queda perfectamente explicado en la siguiente charla TED de la neurocientífica Tali Sharot, del Instituto de Neurología de la escuela universitaria de Londres, quien estudia desde hace tiempo este fenómeno.




Entre otras cosas Sharot nos explica que somos optimistas sobre nosotros mismos, somos optimistas acerca de nuestros hijos, somos optimistas sobre nuestras familias, pero no somos tan optimistas acerca del tipo de al lado, y somos algo más pesimistas sobre el destino de nuestros conciudadanos y de nuestro país. Pero el optimismo personal acerca de nuestro propio futuro permanece con insistencia. Y esto no quiere decir que pensemos que las cosas saldrán bien por arte de magia, sino que tenemos la habilidad única de hacer que así suceda.

Curiosamente ese visión polarizada de nuestra realidad no se limita a nuestras habilidades y aptitudes, sino que se también se extiende a nuestras pertenencias. Valoramos más lo que es nuestro, sea o no una realidad objetiva. No importa lo que sea: una prenda de ropa, un coche o incluso una casa. En el momento en que un objeto pasa a nuestra propiedad, sufre una transformación. El simple hecho de escogerlo y asociarlo a uno mismo hace que incremente subjetivamente su valor inmediatamente, y ese valor se incrementa cuanto más tiempo esté vinculado con nosotros. 

La predisposición al optimismo ha sido observada en muchos países diferentes, en culturas occidentales, en culturas no occidentales, en mujeres y hombres, en niños, en personas mayores. Está bastante extendido. Pero la pregunta es, ¿es esto bueno para nosotros?. La realidad es que sin la predisposición al optimismo, estaríamos todos un poco deprimidos. Las personas con depresión leve, no tienen una predisposición optimista cuando miran al futuro, son relativamente precisas en la predicción de acontecimientos futuros. En realidad son más realistas que las sanas. Sin embargo, las que sufren depresión severa tienden a estar sesgadas hacia el pesimismo. Por lo que tienden a esperar que el futuro sea peor de lo que resulta ser al final.

Esto quiere decir que el único grupo humano que parece inmune a ese "auto-engrandecimiento" sería el compuesto por las personas que están deprimidas y que tienen alto grado de ansiedad. Cuanto más grave sea la depresión, más probabilidades hay de que se subestimen. En otras palabras, en ausencia de un mecanismo neural que genere optimismo realista, es posible todos los seres humanos estuviésemos ligeramente deprimidos. Esto sugiere que la ilusión de superioridad y el sesgo optimista pueden ser en realidad mecanismos de protección que protegen nuestra autoestima.





El análisis realista del entorno no es necesariamente una característica del funcionamiento psicológico “normal”, sino que lo normal sería, justamente, interpretar la información social de manera sesgada. En este sentido, y dadas las consecuencias positivas que tienen los sesgos para la construcción de la propia imagen, cabría esperar que también estuvieran vinculados con otras dimensiones del funcionamiento psicológico relacionadas con el bienestar individual, tales como la satisfacción con la propia vida o la propia felicidad. Así, por ejemplo, una persona que presente un marcado optimismo puede pensar que le ocurrirán más eventos positivos que negativos y mostrar con ello un mayor bienestar general; una persona con ilusión de invulnerabilidad puede llegar a tener la percepción de que le ocurrirán menor cantidad de eventos negativos, siendo posiblemente una persona más satisfecha con su vida.

Los peligros de no ser conscientes del sesgo

El optimismo cambia la realidad subjetiva. Las expectativas que tenemos del mundo hacen que cambie la forma en que lo vemos. Pero también cambia la realidad objetiva. Actúa como una profecía autocumplida. Experimentos controlados han demostrado que el optimismo no está solo relacionado con el éxito, sino que favorece el éxito. El optimismo nos lleva hacia el éxito en los estudios, los deportes o la política. Es tentador especular con que el optimismo ha sido seleccionado por la evolución, precisamente porque, las expectativas positivas mejoran nuestras probabilidades de supervivencia. Para avanzar tenemos que ser capaces de imaginar realidades alternativas: algunas de ellas mejores que nuestra realidad actual, y tenemos que creer que podemos lograr esas metas. La naturaleza optimista nos ha ayudado a progresar como especie, pues un punto de osadía es imprescindible en cualquier innovación. Sin optimismo, nuestros antepasados tal vez nunca se habrían aventurado lejos de sus tribus.

                 

Pero por supuesto existen inconvenientes y sería estúpido de nuestra parte ignorarlos. Es de prever que un exceso de optimismo conduce a una extinción rápida de aquellos individuos que creen que podrán volar con un par de alas atadas a los brazos al lanzarse por un acantilado. El sesgo optimista nos ayuda a tomar riesgos y riesgos importantes de cara a la adversidad, pero también es responsable de convencernos de que fumar va a matar a otra persona y no nosotros. También podemos pensar que contratar un seguro de salud es una pérdida de dinero, ya que rara vez hemos estado enfermos, o justificaríamos el no llevar una dieta equilibrada a pesar de tener antecedentes familiares de problemas cardíacos.

Demasiados supuestos positivos pueden conducir a errores de cálculo desastrosos, por ejemplo hacen menos probable aplicar protector solar o abrir una cuenta de ahorros. Esos supuestos en exceso optimistas también nos hacen más propensos a apostar en una mala inversión. El optimismo no realista puede llevar a un comportamiento peligroso, al colapso financiero o a una planificación deficiente. Según los psicólogos, esta tendencia a infravalorar los riesgos podría estar detrás de fenómenos como las burbujas inmobiliarias o la falta de previsión ante las catástrofes naturales, de modo que conocer esta limitación de nuestro cerebro puede resultar muy útil.




La clave es el conocimiento. No nacemos con un entendimiento innato de nuestras predisposiciones. Deben ser identificadas a través de la investigación científica. Pero la buena noticia es que ser consciente de la predisposición al optimismo no destruye la ilusión. Es como las ilusiones visuales, entenderlas no las hace desaparecer. Y esto es bueno porque significa que podríamos encontrar un equilibrio, cumplir los planes y las reglas para protegernos del optimismo no realista, pero al mismo tiempo permanecer esperanzados. Y el primer paso es entender que el sesgo existe.



domingo, 3 de marzo de 2013

La curva del Gran Gatsby y la movilidad social


La idea de la igualdad de oportunidades y de que todo el mundo pueda triunfar si lo desea con independencia de su procedencia es una aspiración deseable para toda sociedad. Una sociedad ideal es aquella en la que el destino de los hijos no está determinado por los orígenes de sus padres, una sociedad en que las oportunidades recibidas dependen de nuestras habilidades y nuestros logros, y no de la fortuna o contactos de nuestra familia.

                      


Cuando hablamos de movilidad social nos referimos a la facilidad con la que una persona puede subir o bajar en la escalera socioeconómica de un país. Una sociedad inmóvil es una sociedad que no premia el esfuerzo ni penaliza la desidia. Es una sociedad donde nuestro destino se ve predeterminado por la posición económica de nuestros padres. Por otro lado, una sociedad móvil es una sociedad en donde todos, sin importar la posición económica en la que nacen, tienen la oportunidad de progresar. Es una sociedad en la que el talento y el trabajo son más importantes que las conexiones familiares, una sociedad en la que prima la meritocracia. ¿Vivimos en sociedades en las que prima la meritocracia y en las que cualquier ciudadano puede progresar si dispone de las habilidades necesarias?.  

La curva del Gran Gatsby

La "curva de Great Gatsby" es el nombre que Alan Krueger (asesor económico de Barack Obama) dio a la relación entre la desigualdad de ingresos y la movilidad social al describir el trabajo de Miles Corak. En el eje horizontal de dicha curva tendríamos el coeficiente de Gini, una medida de la desigualdad. En el eje vertical tendríamos la elasticidad intergeneracional de ingresos, esto es, la fracción del ingreso que en promedio se transmite entre generaciones. En otras palabras, resume en un sólo número el grado de movilidad generacional de los ingresos en una sociedad. Un coeficiente de elasticidad igual a cero indica una situación de completa movilidad intergeneracional. En cambio, cuando es distinto de cero, el ingreso promedio de los hijos depende en alguna medida de los ingresos que tenían sus padres. Si el valor es igual a 1, la situación es de completa inmovilidad porque la posición económica de los hijos en la distribución del ingreso está completamente determinada por la posición de su padre. 





Como podemos observar en algunos lugares, como Estados Unidos y Reino Unido, alrededor del 50% de las diferencias de ingresos entre generaciones son atribuibles a diferencias en la generación anterior (en otras regiones como la igualitaria Escandinavia, el número es inferior al 30% o incluso el 20%).





En general en los países de la OCDE la movilidad social es alta en el norte de Europa y más baja en el sur, destacan claramente en el plano negativo Estados Unidos y el Reino Unido con niveles de movilidad social inferiores a los de países como Pakistán. Una evidencia que deja claro que Estados Unidos está bastante lejos de ser realmente "la tierra de las oportunidades" y que además cuestiona creencias generalizadas en ese país como que "cualquiera puede triunfar si lo intenta" o que los ricos suelen merecer sus fortunas ya que han sido conseguidas con esfuerzo y en base a sus habilidades personales. 

Porcentaje de gente que está de acuerdo en que los ricos de su país de origen merecen su fortuna
                

La realidad es que en Estados Unidos los individuos con movilidad ascendente se dan más que en el viejo continente, pero también se empobrecen con más rapidez cuando la movilidad es descendente. El modelo europeo ofrece una mayor seguridad contra los riesgos sociales a los ciudadanos con rentas bajas, situación posibilitada por sus sistemas redistributivos de progresividad fiscal.

Observamos las mismas tendencias si analizamos la probabilidad de que los varones nacidos en el quintil más bajo (el 20% de la población con ingresos menores) se queden en él toda su vida.


Y un fenómeno similar se da al observar la probabilidad de que esos mismos hombres pasen al quintil más alto (o sea, al 20% de la población con ingresos mayores). En este caso, como en el anterior, únicamente disponemos de la comparativa entre Reino Unido y Estados Unidos respecto a los países escandinavos (los más móviles socialmente del planeta, de hecho el mejor ejemplo de movilidad social conocido en el mundo occidental ha sido el sueco, sobre todo entre los años treinta y setenta del siglo pasado).




¿Qué influencia tienen nuestros antepasados en nuestra situación económica actual?

La historia de una familia tiene grandes efectos que persisten durante enormes lapsos de tiempo. Influyen los padres, pero también lo hacen los abuelos y los  bisabuelos. 

En un reciente estudio que examinaba a los suecos prósperos se encontró que los apellidos aristocráticos aparecen en las profesiones de élite con una frecuencia casi seis veces mayor que la sería esperable dada su distribución en el conjunto de la población. Incluso en la ejemplar Suecia, la condición social de la familia se transmite de generación en generación a través de las generaciones y los siglos. 

En España científicos de la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M) han demostrado que las personas con apellidos poco frecuentes tienden a tener un nivel socioeconómico mayor que aquellas que ostentan otros más comunes. Considerando profesiones de prestigio como la medicina o la abogacía, si agrupamos por un lado al 10% de la población con los apellidos menos frecuentes y por otro el 10% de la población con apellidos más comunes, observamos que el número de personas con esas profesiones de prestigio y apellidos poco frecuentes es más de un 45% superior a lo que debería ser si no existiese “sesgo” entre apellidos y nivel social. Los investigadores también encontraron la relación inversa, es decir, de las profesiones prestigiosas el número de personas que las ejercen y que portan apellidos comunes es un 20% menor que en otras profesiones. En resumen: hay menos García, Pérez, López y otros apellidos comunes entre la personas con mayor estatus social que lo que debería observarse si no existiera el sesgo detectado.



Estudios similares se han replicado con idénticas (o incluso más acusadas) conclusiones en el Reino Unido, por ejemplo allí la introducción de la educación secundaria universal apenas ha afectado a las tasas de movilidad intergeneracional. 

Otro interesante estudio realizado en el Reino Unido analizando la movilidad social y desigualdad desde el siglo XIX hasta la actualidad nos deja una serie de conclusiones bastante claras: tanto los ricos como los pobres sufren una regresión a la media.  La educación obligatoria, la industrialización y el continuo progreso tecnológico probablemente facilitaron la convergencia. Las diferencias existentes en 1858 (primer año del que se obtuvieron datos) se han reducido significativamente cuatro generaciones después. Las familias más ricas están hoy día mucho más cerca de las familias más pobres. Es curioso, que la velocidad de convergencia haya permanecido relativamente constante, dado que factores como la educación obligatoria y generalizada o la sanidad universal no empezaron a funcionar hasta el siglo XX.

Imagen vía Politikon
Los efectos son aún más persistentes si se repite el análisis usando variables de nivel educativo (por ejemplo, las élites que estudiaban en Oxford y Cambridge). En resumen, la situación sin duda ha mejorado, pero todavía queda mucho para que se complete la regresión a la media. 
      
A pesar del mensaje optimista, la conclusión a extraer es que familia en la que nacieron nuestros antepasados hace siglo y medio aún tiene efectos sobre nuestro nivel de vida hoy en día. El análisis también sugiere que para un varón nacido en la mitad del siglo XIX, la probabilidad de que cualquiera de sus descendientes adultos a finales del siglo XX tenga un estatus elevado, en comparación con la probabilidad de tener un bajo estatus, es 32% más alta si su antepasado tenía alto estatus que si lo tenía bajo.

Un análisis de tres generaciones muestra que en tanto Estados Unidos como Gran Bretaña, el efecto de los ingresos altos (o bajos) en una generación dura por lo menos dos más. Sin embargo, también es posible romper los patrones de inmovilidad. Aunque las tasas de movilidad estadounidenses y británicos habían convergido hacia la mitad del siglo XX, el orden social de Estados Unidos era mucho más fluido que el de Gran Bretaña en el siglo XIX. El pasado tiene un estricto control sobre el presente. Sin embargo, en las circunstancias adecuadas, puede modificarse.

¿Cuál es la situación en España?

La movilidad social en España es mayor que en Reino Unido, Italia, Estados Unidos y Francia (tienen mayor correlación entre los ingresos de padres e hijos) similar a la movilidad social en Alemania y muy inferior a la de otros países como Canadá, Finlandia o Noruega. Si bien la movilidad entre clases se ha estancado en España desde los años sesenta


Actualmente en España, las posibilidades de remontar de clase social son las mismas que durante la industrialización de los sesenta. En la España de hoy en día hay un mayor número de directivos y funcionarios y menos campesinos y obreros que en la mitad del siglo XX. Pero, si en los ochenta había cuatro plazas de directivos, estas venían ocupadas por tres hijos de las élites y solo una por alguien de una clase más baja. Ahora hay ocho plazas y la relación es de seis a dos; en este sentido España es un país inmóvil. Los movimientos entre clases sí son frecuentes, pero no de largo recorrido y se producen en su mayoría entre clases limítrofes. 

Según la Encuesta de Condiciones de Vida que realiza la UE y que compara la situación socioeconómica de los hogares cuando los encuestados —de entre 25 y 59 años— eran adolescentes y la que tienen en la actualidad. De los adultos que crecieron en hogares españoles en los que había dificultad o mucha dificultad para llegar a fin de mes, el 49% sigue viviendo en la actualidad en estas circunstancias, mientras que solo un 7,3% logra llegar a fin de mes con facilidad. En situación de desahogo económico se encuentra el 23,4% de los adultos que pertenecían a hogares que llegaban a fin de mes con difidultades. El porcentaje alcanza el 44,7% cuando se analiza a aquellos que crecieron en hogares en los que se llegaba a fin de mes con facilidad.

                           

La igualdad de oportunidades tiene pues un largo camino por recorrer a juzgar por los datos del estudio que, además, revela que el nivel de formación educativa de los padres juega un papel determinante en las perspectivas de bienestar futuro de sus hijos. El 21,3% de los encuestados cuyo padre tenía educación secundaria de primera etapa o inferior está en estos momentos en riesgo de pobreza. El porcentaje duplica al de aquellos en riesgo de pobreza cuyo padre tenía estudios superiores (10,7%). Además de los adultos que crecieron en hogares con dificultades para llegar a fin de mes, un 18,9% ha conseguido tener una educación superior. En cambio el 47,2% en los adultos que crecieron en hogares que llegaban a fin de mes con facilidad o mucha facilidad tienen hoy educación superior.


¿Cómo moverse por la pirámide social?

Según el estudio de la OCDE para incrementar la movilidad social se entiende que es necesario fomentar el nivel educativo, aunque poniendo énfasis en mejorar el rendimiento de los alumnos con un nivel socio-económico más bajo. También comentan que la existencia de cuidado infantil temprano parece mejorar la movilidad social y el apoyo para mejorar la igualdad de acceso a la educación universitaria.

La educación es la gran barrera que impide que las mentes privilegiadas de las clases menos adineradas accedan al nivel más alto de la escala profesional, algo que acaba con la meritocracia para instaurar lo que el profesor de Ciencias Sociales de la Universidad de Cardiff, Philip Brown, bautizó en los noventa como parentocracia: “un sistema en que la educación que recibe un niño se corresponde con la riqueza y los deseos de sus padres, más que con sus habilidades y esfuerzo”.

Pero tampoco olvidemos que un sistema que se basa en premiar al mejor preparado no significa necesariamente que sea el más justo, porque no todos tienen las mismas oportunidades de acceder a una buena educación. ¿Quién tiene más mérito, el que saca un 10 y siempre lo ha tenido todo de cara o el que saca un 8 viniendo desde el arrabal?. Incluso se sabe que por ejemplo en Alemania los profesores recomiendan a los niños de familias de clase baja que hagan el bachillerato más raramente que a los niños de “buena familia”, aunque hayan obtenido las mismas notas.



Los trabajos mejor pagados, siguen estando dominados por gente que ha crecido en familias adineradas. Solo una minoría de la población ha estudiado en escuelas y universidades privadas, pero las élites están dominadas por esa gente. En el Reino Unido 75% de los jueces, el 70% de los directores financieros, el 45% de los altos funcionarios o el 55% de los principales periodistas han estudiado en escuelas privadas. Los grandes despachos de abogados, las grandes empresas financieras, la función pública, tienden a centrar de forma muy intensa sus contrataciones en ese puñado de prestigiosas universidades. 

El llamado networking, los contactos, son una forma de nepotismo que tiene un peso extraordinario a la hora de cubrir los puestos más relevantes, tanto públicos como privados. Los que vienen de abajo tienen una larga serie de obstáculos que en la práctica les hace muy difícil aprovechar las oportunidades que se llevan quienes, desde niños, han recibido una educación de superior calidad. Y es que la razón por la que mucha gente quiere ir a Oxford o a una escuela de negocios reputada no es la educación en sí, sino los contactos que pueden hacer allí. Una red de contactos sociales que luego se reproduce a nivel profesional. Y en el futuro a quién conoces es tan importante como qué haces en la vida (se estima que el 56% de las personas que buscan un empleo lo encuentran gracias a su red de contactos, y que el 80% de las ofertas de trabajo no se publican). 

Y es que como hemos podido observar todavía en pleno siglo XXI hay mucho camino que recorrer en lo relativo a la igualdad de oportunidades y la meritocracia,  y muchas veces la única manera de escalar socialmente es sacar partido al estatus social. 



martes, 1 de enero de 2013

Heurísticos y sesgos cognitivos: los atajos de la mente


Las limitaciones de nuestra memoria inmediata, la falta de información o la incertidumbre acerca de las consecuencias de nuestras acciones provocan que las personas recurramos de forma sistemática a atajos mentales ("heurísticos" según la psicología cognitiva) que utilizamos para simplificar la solución de problemas y que nos permiten realizar evaluaciones en función de datos incompletos y parciales. 

Muchas veces nos equivocamos cuando hacemos estas inferencias, pero los heurísticos son necesarios para liberarnos de la cantidad de procesos mentales que tendríamos que realizar en caso contrario. Nuestro cerebro no sería capaz de procesar toda la información sensorial que recibe y necesita de alguna forma filtrar de forma selectiva la información que le rodea. Lo curioso es que empleamos estos atajos cognitivos incluso cuando tenemos datos adicionales que permitirían una evaluación más fiable. Cuando nuestros heurísticos no dan lugar a juicios correctos incurrimos en lo que se denomina un sesgo cognitivo, es decir, la tendencia a sacar una conclusión incorrecta en una circunstancia determinada en base a factores cognitivos.



En informática, los métodos heurísticos suelen utilizarse para encontrar una solución razonable a un problema, a veces no óptima, pero con el objetivo de mantener los tiempos computacionales dentro de límites manejables. Nuestro cerebro, la mayor parte de las veces, funciona de la misma manera. Dado que el tiempo es finito, aplicamos inconscientemente “atajos” mentales en búsqueda de la solución de un problema o en la toma de una decisión. Pero ese atajo muchas veces es un camino que nos lleva a un destino muy alejado de la solución. El inconveniente es que en general no nos damos cuenta cuándo estamos razonando en forma prejuiciosa. Y eso sucede muchas más veces de lo que creemos. Hagamos un repaso sobre algunos de lo más conocidos y estudiados

Heurístico de disponibilidad

La heurística de disponibilidad es un mecanismo que la mente utiliza para determinar qué probabilidad hay de que un suceso se dé o no. Cuando más accesible es un suceso, parecerá más frecuente y probable, cuanto más viva es la información, será más convincente y fácil de recordar, y cuanto más evidente resulta algo, más causal parecerá.

El sesgo o heurístico de la disponibilidad es una tendencia a valorar las probabilidades en base a los ejemplos más sencillos que acuden a nuestra mente. Este sesgo cognitivo se aplica a muchísimas esferas de nuestra vida e incluso afectan nuestro desempeño profesional. Por ejemplo, se ha demostrado que los doctores que han diagnosticado dos casos seguidos de meningitis, creen percibir los mismos síntomas en el próximo paciente, incluso si este tiene solamente una gripe y si son conscientes de que es muy poco probable (estadísticamente hablando) diagnosticar tres casos seguidos con la misma enfermedad. Otro ejemplo sería el de una persona que argumenta que fumar no es tan dañino basándose en que su abuelo vivió hasta los 100 años y fumaba tres cajetillas al día, un argumento que pasa por alto la posibilidad de que su abuelo era un caso atípico desde el punto de vista estadístico.



Básicamente consiste en sobreestimar la importancia de la información disponible (y extraer por tanto conclusiones erróneas). Veamos más ejemplos que ilustran a la perfección este sesgo en base a un análisis de percepción pública de riesgos realizado en Estados Unidos:

  • El 80% de los participantes juzgaron que las muertes debidas a accidentes eran más probables que las muertes provocados por derrames cerebrales. En realidad, los derrames cerebrales causan casi el doble de muertes que todos los accidentes juntos.
  • Los tornados se consideraron causas de muerte más frecuentes que el asma. Sin embargo, el asma causa 20 veces más muertes.
  • Se juzgó que las muertes por enfermedad y accidente eran igual de probables. La muerte por enfermedad es 18 veces mayor que la muerte por accidentes.
  • Se juzgó también como 300 veces más probable la muerte por accidentes que por diabetes cuando en realidad muere 1 persona por accidente por 4 de diabetes.

¿Cuál es la lección que sacamos de esto?. Pues que las estimaciones que hacemos (en este caso de las causas de muerte) están distorsionadas por la relevancia mediática que tengan, pues la cobertura periodística está sesgada hacia la novedad y el dramatismo. Aunque el asma causa 20 veces más fallecimientos, son fallecimientos que carecen de un “disparador” emocional. En definitiva, un problema de disponibilidad.

El sesgo de disponibilidad podemos observarlo cuando dejamos de viajar en avión (mucho más seguro estadísticamente que el coche) porque se ha producido un accidente de una manera que consideramos próxima a nosotros –un accidente producido en nuestro país, por ejemplo-, o cuando dejamos de comprar una marca de coche porque una persona a la que conocemos o en la que confiamos nos confiesa haber tenido problemas. De igual forma las loterias explotan el sesgo de la disponibilidad, si las personas comprendiesen verdaderamente las probabilidades que tienen de ganar, probablemente no comprarían nunca más un décimo en toda su vida.

Sesgo de impacto

El sesgo de impacto es nuestra tendencia a sobreestimar nuestra reacción emocional a los acontecimientos futuros, sobrevalorando la duración e intensidad de los futuros estados emocionales. La investigación por contra muestra que la mayoría de las veces no nos sentimos tan mal como esperábamos cuando las cosas van mal. Los psicólogos han descubierto que el sesgo de impacto es una razón por la que a menudo fallamos en la predicción sobre cómo nos afectarán emocionalmente los acontecimientos futuros. Los estudios por ejemplo han encontrado que meses después de que una relación termine las personas no suelen ser tan infelices como esperan y que personas a las que le ha tocado la lotería prácticamente no varían su grado de felicidad y estado emocional promedio.



Cuando la gente piensa en el impacto de los acontecimientos futuros tienden a olvidarse del resto de cosas que estarán sucediendo en sus vidas. En realidad, el evento que estamos imaginando probablemente se vea opacado por todo tipo de eventos que ocurren al mismo tiempo. Además el futuro siempre contendrá muchos otros eventos que no podemos predecir, algunos positivos y otros negativos, pero que en su conjunto matizan esa predicción emocional. Es importante recordar que por lo general tendemos a sobrevalorar el impacto emocional de los acontecimientos futuros. Esta es una buena noticia para los eventos negativos, pero menos buena para los positivos. 

La ilusión de superioridad o efecto Dunning-Kruger

El efecto Dunning-Kruger es un fenómeno psicológico según el cual las personas con menos conocimientos tienden a sobreestimar sus cualidades mientras que aquellos más preparados se consideran menos competentes de lo que son. En palabras de J. Kruger y D. Dunning de la Universidad de Cornell "los incompetentes sufren un doble agravio, ya que no sólo llegan a conclusiones erróneas y toman decisiones desafortunadas, sino que su incompetencia les impide darse cuenta de ello".




Los autores trataron de averiguar si existía algún remedio para bajar la autoestima sobrevalorada de los más incapaces. Resultó que sí lo había: la educación. El entrenamiento y la enseñanza podían ayudar a estos individuos incompetentes a darse cuenta de lo poco que sabían en realidad. 

Todo esto encaja con la vieja máxima de Charles Darwin: «La ignorancia engendra más confianza que el conocimiento».

Heurístico de representatividad

Consiste en una inferencia sobre la probabilidad de que un estímulo (persona, acción, suceso) pertenezca a una determinada categoría. Por ejemplo, Jorge es un jóven metódico cuya diversión principal son los ordenadores. ¿Qué le parece más probable?, ¿que Jorge sea estudiante de ingeniería o de humanidades?

Cuando se hacen preguntas de este tipo, la mayoría de la gente tiende a decir que seguramente Jorge estudia ingeniería. Un juicio así resulta, según Daniel Kahneman (catedrático de Psicología de la Universidad de Princeton y primer no economista galardonado con el premio Nobel de Economía), de la aplicación automática (inmediata, no meditada) del heurístico de representavidad. Suponemos que Jorge estudia ingeniería simplemente porque su descripción encaja con un cierto prototipo o estereotipo del estudiante de ingeniería. Pero esto implica pasar por alto el hecho de que los estudiantes de humanidades o "letras" son mucho más abundantes que los de ingeniería, con lo cual es mucho más probable encontrar estudiantes de humanidades que se correspondan con la descripción de Jorge.



Sesgos como los producidos por el heurístico de representatividad no son meras curiosidades de laboratorio y son parte del fundamento de ciertos prejuicios sociales que a veces son empleados para justificar conductas o leyes inapropiadas. Por ejemplo, cuando juzgamos o predecimos la conducta de un miembro concreto de un determinado colectivo, como los inmigrantes, tendemos muchas veces a basarnos en estereotipos supuestamente representativos, ignorando datos objetivos de frecuencia y probabilidad.

Efecto halo

Es la capacidad de un individuo para modificar la percepción o evaluación que los demás tienen de las demás cualidades personales a través de una cualidad específica. Sucede cuando tomamos un atributo positivo de alguien y lo extrapolamos a todo lo demás acerca de esa persona o cosa. El efecto halo es un sesgo atribucional donde nuestro cerebro hace juicios sobre el carácter o la competencia de los demás.



El problema se produce cuando estas impresiones son erróneas, ya que se basan a menudo en aspectos superficiales (por ejemplo, si la persona es atractiva para nosotros). Esta tendencia parece estar presente incluso en los más altos niveles de la sociedad en ámbitos donde la objetividad debe gobernar. De hecho, se ha demostrado que, en promedio, la gente atractiva tienen penas de prisión más cortas que otros que fueron condenados por delitos similares.

Error fundamental de atribución

Es la tendencia o disposición de la gente a sobredimensionar los motivos personales internos a la hora de explicar un comportamiento observado en otras personas, dando poco peso por el contrario a motivos externos como el rol o la situación, para este mismo comportamiento. Ejemplo: Cuando las personas piensan en sí mismas atribuyen su éxito a una cualidad personal (inteligencia, bondad, fuerza, carácter) y sus fracasos a circunstancias externas (mala suerte, desventaja, manías). Por otro lado, cuando la gente piensa en otros, atribuyen los aciertos de los demás a circunstancias externas (tuvo suerte, tuvo ventaja) y los fallos a debilidades o características internas (tiene mucho carácter, él no es suficientemente fuerte, inteligente).

Sesgo de disconformidad

Es la tendencia a realizar una crítica negativa a la información que contradice nuestras ideas mientras que por otra parte aceptamos sin problema aquella información que es congruente con nuestra creencias o ideología fundamental. De esta forma se produce una percepción selectiva por la cual las personas perciben lo que quieren en los mensajes de los demás o de los medios de comunicación. Por lo general las personas tendemos a ver e interpretar las cosas en función de nuestro marco de referencia ideológico.



Tenemos un sesgo de confirmación que nos hace centrarnos en la información que confirma las propias creencias o hipótesis. Entre las explicaciones de las tendencias observadas se encuentran el pensamiento ilusorio y la limitada capacidad humana para procesar la información. Otra explicación es que las personas muestran un sesgo confirmatorio porque sopesan los costes de equivocarse más que el investigar de un modo neutral y científico. El sesgo de confirmación contribuye al exceso de confianza en las creencias personales y puede mantener o reforzar estas creencias ante evidencias contrarias. 

Heurístico de anclaje y ajuste

Se trata de un sesgo cognitivo que describe la tendencia humana común a confiar demasiado en la primera pieza de información que se ofrece al tomar decisiones: el "ancla". También se conoce como el "efecto del enfoque". Durante la toma de decisiones, el anclaje se produce cuando las personas utilizan una pieza inicial de información para hacer juicios posteriores. Una vez que el ancla se fija, el resto de información se ajusta en torno a la posición del ancla incurriendo en un sesgo. 

Por ejemplo, el precio inicial ofrecido por un coche usado establece el estándar para el resto de las negociaciones, por lo que los precios más bajos que el precio inicial parecen más razonables aunque sigan siendo superiores a lo que el coche realmente vale. De igual forma si se pregunta sobre la población de Ucrania: «¿Es mayor o menor que cien millones de personas?», las respuestas variarán, pero en general serán algo menores que dicha cifra. Sin embargo, si la pregunta fuera: «¿Es la población de Ucrania mayor o menor que veinte millones de personas?», las respuestas variarán, pero el promedio de respuestas no se modificará mucho respecto al ancla inicial. Es decir, se parte del "valor de anclaje" y se hace un ajuste... que normalmente suele ser en la dirección correcta pero de magnitud insuficiente.



La gente se concentra en las diferencias notables, excluyendo aquellas que son menos visibles, también al hacer predicciones sobre la felicidad. Un aumento en los ingresos tiene sólo un efecto pequeño y transitorio sobre la felicidad y el bienestar, pero la gente siempre sobreestima este efecto. 

De igual forma si preguntamos a unos estudiantes 1) ¿cómo de feliz te sientes con tu vida? y 2) ¿cuántas citas han tenido este año?, tenemos que la correlación es nula (según las respuestas tener más citas no alteraría el nivel de bienestar). Sin embargo, si se modifica el orden de las preguntas el resultado es que los estudiantes con más citas se declaran ahora más felices. Es inconsistente, claro, pero focalizar su atención en las citas hace que exageren su importancia.

Parece ser que los expertos (gente con alto conocimiento, experiencia o especialización en algún campo) son más resistentes al efecto de anclaje, pero aún así tampoco son totalmente inmunes.

Sesgo de memoria

Nuestras memorias contienen una enorme base de datos de experiencias. Por desgracia, nuestra memoria no es perfecta: se desvanece con el tiempo, puede llegar a bloquearse o ser errónea. Y no sólo eso, sino que la investigación psicológica revela que cuando evaluamos recuerdos de cara a tomar decisiones sobre nuestro futuro a menudo esos recuerdos se muestran sesgados hacia ejemplos poco comunes que son muy positivos o muy negativos, tendemos a recordar acontecimientos insólitos o poco habituales más que acontecimientos diarios, cotidianos. Esto es porque el cerebro da mucha importancia a fenómenos extraordinarios o poco usuales debido probablemente a la importancia que estos tenían en el aprendizaje a lo largo de la evolución. Ese sesgo de nuestra memoria afecta en consecuencia a nuestra capacidad de predicción futura.



La mejor forma de evitar ese sesgo es tratar de recordar el mayor número posible de eventos similares para evitar caer en extremos poco representativos. Si sólo recordamos un ejemplo del pasado de ese tipo de evento es muy probable que sea uno de los mejores o uno de los peores ejemplos de ese evento.

Sesgo del poder corrupto

Existe una tendencia demostrada en la que los individuos con poder son fácilmente corrompibles cuando se sienten con plena libertad y sin restricciones. Este sentimiento se ve incrementado si el individuo se ve reforzado con un sentimiento de respaldo moral, se siente atacado o tiende a otros prejuicios que le ayudan a justificarse.

Efecto de percepción ambiental

El ambiente produce una gran influencia en el comportamiento de los individuos. En un ambiente caótico, deteriorado y sucio, las personas tienden a ser más incívicas, más caóticas, y también a cometer más acciones vandálicas o incluso delictivas. Este efecto es la base de la "teoría de las ventanas rotas" estudiado por el psicólogo de la Universidad de Stanford, Philip Zimbardo.




Prejuicio de retrospectiva o recapitulación

Muestra la inclinación a ver los hechos pasados como fenómenos predichos o predecibles. Los individuos están, en realidad, sesgados por el conocimiento de lo que realmente ha pasado cuando evalúan su probabilidad de predicción. Este prejuicio es en realidad producido por un error en la memoria. De igual forma también tenemos tendencia a valorar los eventos pasados de manera más positiva a como sucedieron en realidad. Un proverbio en latín resume este efecto: memoria praeteritorum bonorum, es decir, "el pasado siempre se recuerda como mejor".

Efecto Forer

Es la tendencia de la gente a dar una alta nota de precisión o a asentir y confirmar la fidelidad de las descripciones que de su personalidad se hagan cuando éstas están hechas a medida y específicamente para ellas (por ejemplo: los horóscopos). En realidad, estas descripciones de la personalidad son vagas y suficientemente generales como para ser aplicadas a un amplio espectro de la sociedad.

Ilusión de la confianza

Consiste en confundir la confianza de un hablante con su credibilidad, de forma que se percibe a una persona como más creíble cuanta más confianza muestra en sus argumentaciones. La realidad es que las investigaciones han demostrado que la confianza no es un buen indicador ni es una forma fiable de medir la capacidad o aptitud de una persona.


Efecto Bandwagon o efecto de arrastre

Es la tendencia a hacer (o creer) cosas porque muchas otras personas hacen (o creen) esas cosas. La probabilidad de que una persona que adopta una creencia aumenta en función del número de personas que tienen esa creencia. Esta es una poderosa forma de pensamiento de grupo.



Sesgo de proyección

Es la tendencia inconsciente a asumir que los demás comparten el mismo o pensamientos, creencias, valores o posturas parecidas a las nuestras.

Efecto del lago Wobegon o efecto mejor que la media

Es la tendencia humana a describirse de manera halagadora o aduladora, comunicar bondades de sí mismo y pensar que se encuentra por encima de la media en inteligencia, fuerza u otras cualidades. Se relaciona con el sesgo optimista, sesgo que por sus implicaciones y alcance dedicaremos próximamente una entrada específica en este mismo blog.

Falacia de la planificación

Es la tendencia a subestimar el tiempo para concluir una tarea. Generalmente se debe a que tendemos a no planear los proyectos a un nivel de detalle que permita la estimación de las tareas individuales. Lovallo y Kahneman sugieren que la falacia de la planificación no solo provoca demoras, sino también costos excesivos y reducción de beneficios debido a estimaciones erróneas.

Y es que como diría el científico estadounidense Douglas Hofstadter siempre hay que tener presente que "Hacer algo te va llevar siempre más tiempo de lo que piensas, incluso si tienes en cuenta la Ley de Hofstadter"




Efecto Keinshorm 

Predisposición a contradecir por sistema las ideas o formulaciones que otra persona, con la cual no se simpatiza.


Efecto del falso consenso

La mayoría de personas juzgan que sus propios hábitos, valores y creencias están más extendidas entre otras personas de lo que realmente están.


Ilusión de control

Se encuentra detrás de muchas supersticiones y comportamientos irracionales. Se trata de la tendencia que tenemos a creer que podemos controlar ciertos acontecimientos, o influir en ellos, cuando racionalmente es evidente que tal control es imposible. Así, creamos rituales y supersticiones que nos dan cierta seguridad, como los deportistas que repiten ciertas conductas esperando que condicionen cosas como su capacidad de marcar goles, que evidentemente depende de muchos otros factores objetivos.



Defensa de status

Cuando una persona se considera con cierto status ésta tenderá a negar y a defenderse de cualquier comentario que lo contradiga incluso recurriendo al autoengaño.

Ilusión de frecuencia

Consiste en la ilusión por la que un fenómeno que ha centrado recientemente nuestra atención de repente pensamos que aparece o sucede "en todas partes", aunque sea improbable desde el punto de vista estadístico. En realidad se debe a que somos nosotros quienes lo percibimos de forma diferente (con anterioridad no le prestábamos atención) y por lo tanto creemos erróneamente que el fenómeno se produce con más frecuencia.

Punto de referencia o status-quo

Un mismo premio final no tiene el mismo valor para dos personas distintas. Si tengo mil euros y gano diez euros en una apuesta lo valoro menos que si tengo cinco euros y gano diez en la apuesta. El punto de referencia lo es todo psicológicamente. Añadamos ahora una dimensión a este sesgo. No sólo se trata de la referencia con mi propia riqueza inicial, sino con la riqueza de mi círculo de personas cercano. Si alguien desconocido para mi gana cuatrocientos mil euros en la lotería, yo no me veo afectado. En cambio, si los gana mi compañero de trabajo, soy más pobre. Aunque no hubiera jugado a la lotería. 


sábado, 3 de noviembre de 2012

¿Se ha ralentizado la innovación tecnológica en las últimas décadas?


A menudo parece que en la actualidad, en la era de los smartphones y de Internet, tecnológicamente hablando, estemos disfrutando de una edad de oro. Pero según nuevos análisis, esta opinión podría estar equivocada: lejos de encontrarnos en el nirvana tecnológico, podríamos estar inmersos en una era de estancamiento en relación a los descubrimientos científicos e innovaciones tecnológicas. Esa es, al menos, la controvertida opinión de diversos economistas, científicos y tecnólogos de todo el planeta.



Durante la mayor parte de la historia reciente de la humanidad, y sobre todo desde la invención de la máquina de vapor hasta finales de 1960 el progreso tecnológico ha seguido una evolución implacable. El cénit del optimismo sobre el futuro de la tecnología posiblemente se alcanzó cuando el hombre pisó la Luna en 1969, la gente creía en un progreso tecnológico sin precedentes. Pero con la excepción de la industria de los ordenadores y las nuevas tecnologías, parece que ésa no ha sido la tendencia en las últimas décadas. El progreso tecnológico acelerado podría estar ralentizándose o estancándose de forma peligrosa. Los avances tecnológicos son cada vez menos decisivos y generan menos empleos.

¿El gran estancamiento?

Tyler Cowen, es uno de los principales exponentes de esa corriente de opinión, Cowen es uno de los economistas más prolíficos de Estados Unidos y hace unos meses publicó su libro "The Great Stagnation (El gran estancamiento)".  La tesis central de The Great Stagnation es que el crecimiento de los países ricos se ha desacelerado en las últimas décadas y no debido a cambios de gobierno o a decisiones políticas. El autor usa una expresión habitual en el idioma inglés, “low-hanging fruit” (fruta fácil de recoger), para describir las causas que propiciaron en el pasado el crecimiento acelerado. En concreto se refiere en primer lugar a los combustibles fósiles y la tierra no ocupada y disponible que pudo aprovecharse sin excesivo costo, en segundo lugar a la educación de las masas, lo que supuso que millones de personas al aumentar su nivel educativo saliesen de la vida rural hacia fábricas y laboratorios científicos altamente productivos, permitiendo obtener grandes ganancias en un proceso relativamente barato. Y tercero, que la era de grandes innovaciones donde vimos la aparición de tecnologías como la electricidad, la radio, televisión, la luz eléctrica o los automóviles baratos, está estacionándose en un punto donde las mejoras son incrementales y no tan dramáticas. 



Ahora ese proceso de rápidos avances aunados a creación de empleos se ha trasladado al mundo en vías de desarrollo. Estos países son los que ahora están cosechando los logros fáciles (low-hanging fruit). Se trata de los avances tecnológicos antiguos pero factibles y que, sobre todo, le dan el pan a millones de personas. Las economías principales del planeta han estado aprovechando hasta la década de los 70 estas frutas fáciles, pero ahora no pueden mantener ese ritmo de crecimiento. Cowen estima que las ganancias de dos siglos de rápida innovación tecnológica están en gran medida agotadas, y que los nuevos descubrimientos no tienen la misma calidad revolucionaria. 



Para ilustrar su punto, Cowen dice que su abuela, nacida a fines del siglo XIX, vio enormes cambios en su vida: la llegada de la electricidad, el inodoro, el agua caliente, el gas, el automóvil, la radio, la televisión, las vacunas. El mundo cambió y mejoró de forma excepcional. En cambio él, nacido a principios de los años 60, ha visto comparativamente pocos cambios tecnológicos desde su infancia: la cocina de su casa es más moderna, pero fundamentalmente similar a la de cuando era niño, y su coche es una versión más moderna del mismo coche que conducía su padre (están mejorando lentamente, pero no tan rápido como era la mejora entre el coche respecto al caballo). Incluso muchos aviones 747 construidos hace 40 años aún siguen volando y no es que no haya habido mejoras en la tecnología de propulsión a chorro, pero se trata de pequeñas variaciones sobre un avance ya antiguo. Cowen también menciona el ejemplo del Concorde. Se trata de una tecnología claramente superior pero que no logró imponerse sobre alternativas menos rápidas, lo que corre en sentido contrario a nuestra creencia ingenua en el progreso: en este caso, la tecnología superior nunca se abarató y no logró conquistar el mercado.

La única excepción es la irrupción de internet, que es un salto tecnológico significativo pero, por ahora, ha sido más que nada una herramienta prácticamente gratuita que ha afectado poco la matriz productiva de la economía y ha creado poco empleo comparado con las revoluciones industriales anteriores. Internet, mejora mucho nuestras vidas, pero no afecta por el momento demasiado al PIB. En términos de ingresos y puestos de trabajo, Internet no ha añadido tanto valor como la mayoría de la gente piensa. Las “tecnológicas” estadounidenses más novedosas (Facebook, Google, Apple, etc.) no llegan a emplear ni a 50.000 personas, Facebook sirve a 500 millones clientes con una plantilla de 2.000. Compárese con el Detroit de las Big Three y sus millones de empleados.




Pero Cowen no es el único que ha lanzado la voz de alarma en relación a la posible ralentización de la evolución tecnológica en nuestra sociedad.

Bastantes intelectuales y tecnólogos alertan sobre esta situación argumentando que si miramos hacia el pasado y nos fijamos en la primera mitad del siglo XX veremos que fue una época extraordinariamente fructífera para la evolución científica y tecnológica, por ejemplo, sin ánimo de ser exhaustivo podemos citar la Teoría de la Relatividad, la mecánica cuántica, la fisión y fusión nuclear, las observaciones sobre la estructura del Cosmos, la penicilina, la insulina, el ADN, los neurotransmisores, la estructura de los cromosomas, etc... decenas de inventos y hallazgos. Si se compara con lo desarrollado a partir de los años 70's del siglo XX observamos una ralentización importante en la amplitud de los desarrollos científicos "de ruptura", la mayoría son solo de mejoras respecto a inventos anteriores. Las mejoras más grandes imaginables en las condiciones de vida humanas, como el tener un cuarto de baño en casa o el poder dar a un grifo y que salga agua, o no tener que pasar el día limpiando las calles de excremento, son avances que ya se han producido. Se aprecia una utilidad decreciente, cada vez cuesta más que aparezcan nuevas innovaciones que permitan dar ese “salto”, pese a que el esfuerzo investigador es continuo.


Imagen vía curiouslee

Por poner un ejemplo, Ben Goldacre en su libro Bad Science comenta que “La edad de oro de la medicina se ha frenado en seco... y el número de nuevos fármacos, o ‘nuevas entidades moleculares’, que se registran ha bajado desde cincuenta por año en la década de los 90 hasta aproximadamente veinte en la actualidad”.

Según Peter Thiel y Max Levchin, dos de los co-fundadores de PayPal, la innovación se encuentra en una situación crítica y se hacen necesarias empresas y corporaciones que impulsen un verdadero progreso, no sólo que fomenten el cambio frenético de una moda a otra.


"Me prometisteis colonias en Marte. En vez de eso, tengo Facebook"– Buzz Aldrin, astronauta

Según ellos los discursos famosos que una vez inspiraron a una generación sobre la exploración de la luna y el espacio hoy suenan a utopías del pasado. Nuestras expectativas han bajado ostensiblemente, hoy en día el programa espacial está en las últimas y nadie habla de aviones espaciales y vacaciones lunares y coches voladores como sí ocurría décadas atrás. A medida que avanza la tecnología, deberíamos estar moviéndonos más rápidamente, pero no es así, el Concorde está jubilado, y con su último vuelo en 2003, la velocidad máxima a la que la gente puede viajar ha dejado de mejorar.

Aunque la industria de las nuevas tecnologías está progresando de forma formidable, eso no siempre significa que lo hagan en áreas verdaderamente importantes y que impliquen un verdadero progreso para la sociedad, los procesadores de los ordenadores del Apollo eran menos sofisticados que los de un smartphone de hoy en día,  la paradoja es que hoy frecuentemente se usa todo ese potencial para jugar a Angry Birds.



Quizás acostumbrados al ruido mediático de cada nuevo smartphone estos planteamientos nos sorprendan, pero la realidad es que la aportación real a la evolución científico y tecnológica de ese tipo de dispositivos es bastante limitada, dados los enormes desafíos a escala mundial a que nos enfrentamos (agotamiento de los recursos, déficit energético, destrucción medio-ambiental, cambio climático, etc).

Tasa de innovación tecnológica

Siguiendo con más partidarios de la tésis del estancamiento tecnológico también hay que citar al físico Jonathan Huebner, según él la tasa de innovación tecnológica alcanzó su punto máximo hace un siglo y ha estado disminuyendo desde entonces.

El cambio tecnológico comenzó a estancarse después de la década de 1960. Las innovaciones  posteriores  según su opinión han sido sobre todo refinamientos de las tecnologías ya descubiertas, con mejoras incrementales cada vez más pequeñas con el tiempo (incluso Internet está construido a partir de la tecnología descubierta en los años 1950 y 1960). Huebner propone el enfoque de la innovación per cápita en el tiempo. Es decir, el número de importante desarrollos tecnológicos al año dividido por la población mundial. La siguiente imagen muestra la tasa de innovación desde el final de la Edad Media hasta la actualidad.


El número de desarrollos tecnológicos por año proviene de una lista de 8583 eventos importantes en la historia de la ciencia y la tecnología compilados por Bunch y Hellemans. Vemos que la tasa de innovación alcanzó su punto máximo en el siglo XIX y luego disminuyó a lo largo del siglo XX, incluso con mayores niveles de educación, los grandes adelantos de la ciencia y la invención de los ordenadores. Esto significa que era más difícil para la persona promedio desarrollar una nueva tecnología en el siglo XX que en XIX. La figura también indica una tendencia general a la disminución de las tasas de innovación en tiempos de guerra y mayores tasas de innovación en tiempos de paz. 

Críticas a la teoría del estancamiento tecnológico 

Una crítica que frecuentemente se le hace a Huebner es que su base de innovaciones seleccionadas es totalmente subjetiva. Por otra parte, otros estudiosos han elaborado conjuntos alternativos de innovaciones (Ray Kurzweil por ejemplo utiliza una compilación de 14 diferentes pensadores y obras de referencia) y muestran una clara tendencia a la aceleración no a la deceleración. Diversas métricas nos dicen que la tecnología se sigue desarrollando a un ritmo exponencial. La tan citada "Ley de Moore", por ejemplo, que preveía que la velocidad y capacidad de memoria se duplicase cada 18 meses por ahora ha resultado cierta, y no sólo para los semiconductores "la capacidad de unidad de disco, resolución de pantalla, y ancho de banda de la red," y posiblemente algoritmos de software y la programación también. Los avances en la secuenciación del genoma y de la maquinaria a nanoescala evolucionan también a un ritmo similar, al igual que la conectividad a Internet y ancho de banda de las telecomunicaciones.





Quienes defienden la teoría de que la tecnología se sigue desarrollando de forma exponencial en la actualidad también alegan que la innovación actualmente se está haciendo cada vez más en interdependencia con nuestras máquinas, sin dependencia exclusiva de los cerebros humanos. La innovación puede parecer que disminuye cuando su verdadero ritmo se acelera, porque a menudo se escapa de la percepción y las manos del hombre. En la actualidad el progreso lleva implícito un fase previa de procesos informáticos abstractos. Tomemos por ejemplo un coche moderno y pensemos en la cantidad de cálculos y procesamientos que requiere su construcción, desde la automatización de diseño, la cadena de suministro, etc. Todos esos cálculos y fases se han hecho de manera tan gradual y abstracta que ya no se ven o contabilizan como innovaciones. Por ejemplo, ¿cuántas pequeñas innovaciones han sido necesarias para construir un automóvil híbrido gasolina-eléctrico como el Prius de Toyota?. ¿Cuántas de las innovaciones del Prius fueron consecuencia directa de cálculos realizados por los sistemas tecnológicos implicados (programas CAD-CAM, infraestructuras, cadenas de suministro, etc) y cuántos son en cambio atribuibles a los cálculos de las mentes humanas individuales?

Muchos  de estos argumentos son expuestos por Peter Diamandis en una reciente charla TED en la que hace un planteamiento optimista respecto a nuestro futuro, un futuro en el que la capacidad de innovación e inventiva humana sería capaz de crear maneras de resolver los desafíos que se ciernen sobre nosotros.




Hace un tiempo en este mismo blog dediqué un par de entradas a las innovaciones tecnológicas que deberían producirse en el futuro más o menos cercano en campos tan dispares como la nanotecnología, las tecnologías de la información, la ciencia cognitiva, la robótica, la inteligencia artificial, la biotecnología, la salud, la innovación energética o la ciencia de los materiales. La mayoría se prevee que entren en periodo de madurez en un plazo no superior a los 15 años y si esos plazos se cumplen realmente deberíamos poner en perspectiva la idea del estancamiento tecnológico.

         


Conclusiones

Parece seguro decir que el programa espacial marcó un pico de capacidad de la humanidad en el transporte, que no han avanzado de manera tan impresionante en las décadas siguientes a la llegada a la Luna (de hecho desde 1972 ningún ser humano ha pisado la Luna). También estamos persuadidos por los argumentos que apuntan a la reciente falta de desarrollo farmacéutico notable, a pesar de los miles de millones de dólares en investigación invertidos en ella cada año. Combatir el cáncer y determinadas enfermedades se está convirtiendo en una tarea más dura de lo imaginado. Incluso los avances a la hora de descifrar el genoma humano y derivar ese conocimiento en aplicaciones útiles están resultando más lentos y complejos de lo que un día se pensaba.

También nos estamos encontrando con grandes obstáculos a la hora de encontrar alternativas a la dependencia humana de los combustibles fósiles (las soluciones de costo aceptable están siendo muy difíciles de alcanzar). Dado que el cambio climático es un problema real y urgente, y teniendo en cuenta que la causa principal del calentamiento global es el dióxido de carbono que se libera al quemar combustibles fósiles, necesitamos tecnologías de energía renovable o alternativas válidas que puedan competir en precio con el carbón, el gas natural y el petróleo. Por el momento, no existen.



En la otra dirección, tenemos la aparición de las nuevas tecnologías, Internet y todos dispositivos tecnológicos relacionados. En décadas anteriores, todo el conocimiento accesible vía Internet estaba simplemente fuera del alcance de la inmensa mayoría de la humanidad, pero esto se ha revertido dramáticamente en los últimos años. Internet es el mayor invento tecnológico de los últimos cincuenta años, y su implicación en nuestro futuro sólo está empezando a crecer sin que se le vean límites cercanos, posiblemente dentro de varias décadas veamos Internet como un invento de magnitudes similares a la electricidad. Sin ir más lejos hace sólo 15 años yo no habría podido escribir este post, ni manejar las estadísticas, ni acceder a información de diversas fuentes con la facilidad con la que lo he podido hacer. Algo similar podemos decir de los ordenadores que se han vuelto imprescindibles en nuestra vida y rutina diaria y más recientemente los smartphones. El cómo lo valoremos de cara a nuestro bienestar ya es una cuestión de criterios.



Muy posiblemente todas las partes tengan su cuota de razón, y posiblemente haya que discriminar qué áreas sí necesitarían un empuje tecnológico y cuáles en cambio evolucionan a buen ritmo en vez de hacer un diagnóstico general. Una cuestión en definitiva fascinante y sin una respuesta clara y definitiva.