domingo, 31 de octubre de 2010

¿Cuál es la probabilidad matemática de morir debido a ...?

¿Qué provoca más muertes, las serpientes venenosas o las picaduras de avispas? ¿Qué es más peligroso, viajar en bus o en avión? ¿Cuántas posibilidades hay de que un rayo impacte sobre mí? ¿Cuál es la probabilidad real de morir debido a una causa X?

Debido al funcionamiento de nuestro cerebro, es realmente difícil para nosotros detectar qué hecho es un hecho raro y qué hecho es común, y esto tiene muchas más implicaciones en la vida diaria de lo que pensamos.

          



Por ejemplo, provoca que muchos tengan un miedo atroz a un avión. O que un grupo terrorista cualquiera amenace de algún modo tu integridad física. Y es que sucesos raros y poco corrientes, como los secuestros terroristas, reciben una cobertura mediática excepcional, ello incrementa el peso sentimental del hecho, convirtiendo una anécdota en una amenaza omnipresente.

El número de muertos por el tabaco equivale aproximadamente a tres aviones Jumbo estrellándose cada día. Más de 300.000 mil norteamericanos al año. Pero la gente no tiembla de terror al encender un cigarrillo. Ni tampoco cuando Phillip Morris invierte cien millones de dólares en publicidad. El Sida, por muy trágico que sea, palidece si lo comparamos con la más prosaica malaria, y otras enfermedades por el estilo.

Si vives en España tienes una posibilidad entre 150 de morir en un accidente doméstico a lo largo de tu vida, y sólo una entre 120.000 de fallecer en un atentado terrorista. Sin embargo, es muy posible que tengas más miedo a morir por las bombas de Al Qaeda que abrasado por una sartén de aceite hirviendo. Así somos: generalmente asustados de los peligros más improbables y casi siempre desprevenidos hacia los riesgos potencialmente más amenazantes. De hecho es más fácil morir atragantado por un hueso de pollo que asesinado por un terrorista.

Muchas personas que se suben a un coche sin pensárselo dos veces sienten una aversión enorme a montar en avión. No obstante, es 100 veces más probable que sus días acaben en un accidente de tránsito que en uno de aviación: los 2.000 muertos en accidentes aéreos entre 1950 y 2005 en España igualan la cifra de los que murieron en carretera durante 2009, y eso que el año pasado fue el de menor mortandad vial desde que se tienen datos.

¿Por qué sucede esto? Por un lado, por nuestra impericia matemática. Somos muy malos a la hora de calcular probabilidades, especialmente cuando se trata de fenómenos poco frecuentes (somos mucho mejores, en cambio, cuando se trata de sucesos cotidianos: si veo nubes grises en el cielo deduzco que hay un alto porcentaje de que llueva, así que cojo el paraguas). Nos cuesta creer que sea más peligroso tener piscina en el jardín que una pistola en el cajón de la mesilla pero es así: mueren muchos más niños ahogados en la piscina de su chalet que jugando con el arma de sus padres, en EEUU.

El otro gran motivo es la repercusión mediática que tienen ciertos sucesos. Los muertos por atentado terrorista, por accidente de aviación o devorados por un tiburón tienen un eco desmesurado, mientras de las víctimas de caídas, infartos o asfixia sólo se enteran sus familiares y los médicos que los atienden.

Ahora veamos un listado detallado de las probabilidades matemáticas de morir debido a una serie de sucesos

                       

(Nota: Cuando se dice que hay una probabilidad entre 119 morir por suicidio, significa que el 0,84% (1/119) de la población morirá por esa causa).

La misma información en forma de gráfico:

   

Aviones y coches
Ahora volvamos a tratar el caso de los aviones y los coches, el miedo a volar es muy natural. Aunque se nos diga que el riesgo es bajo, si un avión se estrella, tenemos la percepción de que todos moriremos, y que las normas de seguridad que nos imparten antes de partir son sólo monsergas que la compañía aérea está obligada a pronunciar para evitarse futuras demandas. Pero nada más lejos de la verdad.

Por ejemplo uno de los datos más importantes para sobrevivir en un vuelo aéreo consiste en prestar atención básicamente a 11 minutos de ese vuelvo. A los 3 primeros minutos de vuelo y a los 8 últimos. En el lenguaje de aviación, este concepto se conoce como Más tres/Menos ocho. El 80 % de todos los accidentes de avión tienen lugar en estos 11 minutos. Así pues, es importante mantener la alerta en los primeros minutos de vuelo, antes de ponerse a leer. Y hay que despertarse y quitarse las legañas en los últimos 8, y también permanecer alerta en todo momento.

Profesores del MIT como Arnold Barnett, especializado en el estudio de operaciones (un campo de la matemática aplicada que emplea los números para mejorar algunos sistemas complejos, como el control del tráfico aéreo), tiene miedo a volar. Por ello Barnett creó una nueva unidad de medida que calculaba de forma precisa lo que la gente quería saber. “¿Qué probabilidades tengo de sufrir un accidente mortal en mi próximo vuelo?”. En el campo de la seguridad aeronáutica se conoce como Q: riesgo de morir en un vuelo elegido de manera aleatoria. Analizando todos los datos de los últimos diez años, ésta es la conclusión final de Barnett: cuando se suba al próximo vuelo nacional, sus probabilidades de morir (su Q) son de una entre 60 millones. Eso significa que podría volar cada día durante los próximos 164.000 años antes de perecer en un accidente de aviación. Para ver con más perspectiva estas cifras, el Q en un viaje en coche es alrededor de 1 entre 9 millones, casi 7 veces que el riesgo de morir en un vuelo nacional.

                           


Los accidentes de tráfico son noticia regularmente en los medios de masas, sobre todo en las grandes operaciones salida de las vacaciones. A principios de los años 1950, cuando el automóvil se hizo inmensamente popular en Estados Unidos y por sus carreteras circulaban unos 40 millones de vehículos, la tasa de mortalidad en accidentes de tráfico aumentaba de manera alarmante. Y es que en 1950 murieron en EEUU casi 40.000 personas en accidentes de tráfico. Es una tasa de mortalidad similar a la actual en el mismo país. Pero hay algo diferente: entonces se recorrían muchos menos kilómetros que ahora. O dicho de otro modo más justo: la tasa de mortalidad por kilómetro era 5 veces mayor en 1950 que ahora. La simple invención del cinturón de seguridad fue la causa principal del "milagro". Los cinturones de seguridad han acabado reduciendo el peligro de muerte hasta en un 70 %. Antes de eso, al mínimo choque, el conductor y el resto de los ocupantes salían despedidos de los coches o simplemente eran aplastados contra el chasis. Desde 1975, pues, este pequeño añadido, junto con otros, han salvado la vida aproximadamente a cientos de miles de personas.

Pero aún hay 40.000 muertos anuales en Estados Unidos, ¿verdad? ¿No es demasiado pronto para cantar victoria? Pues lo es relativamente. Los norteamericanos se pasan mucho tiempo de su vida dentro de sus coches, recorriendo hasta 5 billones de kilómetros al año. Es decir, que hay una muerte por cada 120 millones de kilómetros. O dicho de otra manera: si una persona conduce 24 horas al día a 50 kilómetros por hora… puede esperar morir en un accidente de tráfico después de conducir durante 237 años seguidos. Y dicho de una manera más chocante: conducir por Estados Unidos no es mucho más peligroso que quedarse sentado en el sofá.

Fuentes: Genciencia, javimoya, cookingideas, livescience

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