sábado, 30 de octubre de 2010

¿Por qué las mujeres viven más que los hombres?

Si en la mente de algunos aún permanece la idea de que las mujeres constituyen el “sexo débil”, su mayor esperanza de vida (o longevidad) ofrece aún una razón más para cambiar de opinión. Pero empecemos aclarando términos: la esperanza de vida es la media de años que podemos esperar (“esperar” en términos estadísticos) vivir en función de los datos conocidos en ese momento del número de fallecimientos y las edades de los fallecidos en una población. Habitualmente se hace referencia a la “esperanza de vida al nacer”, pero bien podemos expresar también cuál es el número de años que podemos esperar vivir una vez cumplida una cierta edad.

Las mujeres tienen una esperanza de vida, a cualquier edad, más elevada que los hombres. Las diferencias se manifiestan incluso desde el útero, en donde un feto masculino tiene mayores probabilidades de no llegar a término. Se calcula que se conciben 124 fetos masculinos por cada 100 fetos femeninos.




Esta diferencia queda reducida al nacer en 105 recién nacidos niño, frente a 100 niñas. En el caso de los partos prematuros, los bebés de tamaño extremadamente pequeño (aquellos que nacen por debajo de los 900 gramos) tienen mayor probabilidad de supervivencia si son niña que si son niño.

Si nos situamos en el otro extremo del periodo de vida, hasta un 90% de aquellas personas que alcanzan los 110 años de edad (los denominados “supercentenarios”) son mujeres. Y si nos vamos por encima de los 120 años, sólo una persona (de manera verificable) logró alcanzar los 122 años y, como no podía ser de otra manera, fue una mujer, la francesa Jeanne Calment (sobre la cual puedes encontrar más información en esta otra entrada del blog Fuente de la Eterna Juventud).

En cualquier caso, es un hecho que los hombres lideran la clasificación de las principales causas de muerte en todos los apartados, lo que implica que no estamos ante un efecto distorsionador producido por una mayor prevalencia de una causa de muerte en particular entre los hombres.

Desde que existen los registros de población, allá por el año 1500, las cifras indican que las mujeres viven entre cinco y 10 años más que los hombres. Incluso cuando dar a luz suponía todo un riesgo por las malas condiciones higiénicas y sanitarias, la longevidad femenina era superior, como demuestran los registros de 1751 que se conservan en Suecia.

Hoy día, sólo allí donde la discriminación sexual es algo rutinario, como en Bangladesh, India o Pakistán, ellas viven menos tiempo. Y no sólo sucede en los seres humanos; también en la mayoría de las especies de mamíferos son las hembras las que tienen una longevidad superior a los hombres. La naturaleza es feminista. Los hombres tienen más probabilidades que las mujeres de sufrir una muerte prematura, y de hecho su esperanza de vida es menor. Existe una diferencia persistente en la longevidad que se ha reducido, pero que todavía priva a los hombres de cinco años de vida respecto a las mujeres.

"Tenemos unos índices más elevados de mortalidad masculina en todas las enfermedades, y no sabemos por qué", afirma Demetrius J. Porche, decano adjunto de la Health Sciences Center School of Nursing de Nueva Orleans. "El estilo de vida todavía sirve de explicación para las diferencias en la longevidad, y se dice que los hombres acuden tarde en busca de atención y que tienen conductas insalubres, pero no estoy seguro de que realmente conozcamos la causa", afirma Porche. "Y no hemos respondido a la pregunta de si existe un determinante biológico que explique por qué los hombres mueren antes que las mujeres".




Los hombres mueren de todas las causas principales de mortalidad a una edad más temprana que las mujeres, desde el cáncer de pulmón a la gripe, pasando por la neumonía, las enfermedades hepáticas crónicas, la diabetes y el sida. Una notable excepción es el Alzheimer: mueren más mujeres que hombres a consecuencia de esta enfermedad. La cardiopatía encabeza la lista en ambos sexos. Sin embargo, la enfermedad pasa una factura desproporcionada en los hombres, según Steven Nissen, presidente del departamento de medicina cardiovascular de la Cleveland Clinic y el American College of Cardiology. "La cardiopatía coronaria tiene un impacto devastador en los hombres, sobre todo en varones que están en la flor de la vida",señala Nissen.

El cáncer también afecta a los hombres de manera desproporcionada: a una de cada tres mujeres en algún momento de su vida, y a uno de cada dos hombres. En parte es una consecuencia del hecho de que haya más fumadores que fumadoras, y posiblemente de exposiciones laborales.

La vulnerabilidad masculina parece iniciarse bastante pronto. Se conciben más fetos varones, pero el riesgo de que sean mortinatos o de aborto espontáneo es mayor. Incluso de bebés, la mortalidad es superior entre los niños recién nacidos y los prematuros. De niños, los varones presentan un mayor riesgo de sufrir discapacidades del desarrollo y autismo. Los niños y los hombres tienen más posibilidades de ser daltónicos, los índices de pérdida de audición son más elevados, y se cree que tienen un sistema inmunológico más débil que las mujeres. Puede que también se recuperen más lentamente de las enfermedades.

"No es que 'puede que seamos' el sexo débil, es que lo somos", afirma Robert Tan, un especialista en geriatría de Houston que pertenece a la junta asesora de la Men's Health Network. "Incluso cuando hombres y mujeres padecen la misma enfermedad, a menudo descubrimos que los varones tienen más probabilidades de morir. Destacan las fracturas de cadera, por ejemplo. Las mujeres parecen más proclives a la recuperación, mientras que los hombres tienen más posibilidades de morir después".



¿Por qué se producen más abortos naturales de fetos varones?; ¿por qué la determinación del sexo del feto hace que el varón sea más vulnerable?; ¿por qué la función pulmonar de un niño es menos madura después de nacer?; ¿y qué es esta propensión a correr riesgos?

Las razones de la mayor longevidad femenina y el contraste con la vulnerabilidad masculina no están del todo claras. Existen diversas teorías que tratan de explicar esta diferente longevidad de los sexos. Son muchos los que centran sus sospechas en factores socio-sanitarios. Los hombres han ocupado tradicionalmente puestos en la sociedad que los han situado en posiciones más expuestas a daños no intencionados (accidentes) o intencionados (violencia o guerras). Los científicos apuntan varias posibilidades:

- Hay una indiscutible base biológica en la distinta longevidad de hombres y mujeres, puesto que esta diferencia es extensible a todas las especies de mamíferos estudiados (para los cuales se desconocen hábitos insalubres específicos entre los individuos macho).

¿Cuál es esta base biológica que establece una distinta longevidad entre sexos? Si entendemos el envejecimiento como un balance entre la cantidad de daño al que estamos expuestos y la capacidad de reparación de ese daño de nuestro organismo, deberíamos asumir que estando sometidos a los mismos factores que afectan a nuestro organismo, una distinta capacidad de reparación entre géneros podría ser responsable de esa distinta longevidad.

¿Qué sentido podría tener que un organismo femenino repare mejor el daño que uno masculino? Tom Kirkwood, toda una autoridad de la biología molecular del envejecimiento y director del Institute for Ageing and Health de la Universidad de Newcastle en el Reino Unido, propone una explicación cercana a su conocida teoría del soma desechable.

De modo resumido, esta teoría sobre el envejecimiento con tintes evolucionistas propone que un organismo está constituido por células germinales (reproductoras) inmortales y por células somáticas mortales. El soma es útil únicamente en cuanto que garantiza la reproducción y con ello la transmisión de la información genética presente en la línea germinal. Existe un equilibrio entre el gasto de recursos que son empleados en la reparación y el mantenimiento somático y los necesarios para la reproducción. Una vez garantizada la reproducción, el soma es desechado con la satisfacción del deber cumplido.

Pues bien, Tom Kirkwood especula que el organismo femenino ha evolucionado para ser más resistente, poseer mejores mecanismos de mantenimiento y reparación por ser el garante del éxito de la reproducción. El soma femenino sería pues, menos desechable. Por el contrario, y en una visión que agradará a más de una feminista, el organismo masculino cumple un papel en la reproducción mínimo y una vez realizado es desechable.

Existen algunas evidencias experimentales que apoyan estas teorías. Por ejemplo, existe una cierta correlación inversa entre fecundidad y longevidad en muchas especies (menor longevidad, mayor número de crías y viceversa). También existen trabajos que apuntan a una mejor capacidad reparadora de las células de ratones hembra que de ratones macho, y parece que esta diferencia se elimina tras la extracción quirúrgica de los ovarios. Como muchos dueños de gatos y perros pueden atestiguar, las mascotas castradas viven habitualmente más tiempo que las no castradas.

Por tanto la naturaleza otorgaría a las hembras 'puntos extra' por la sencilla razón de que ellas son quienes deben asegurar la supervivencia de la especie. Las hembras cuidan de la prole y la mayoría de los machos no. Por ello, las hembras soportan una presión selectiva mayor para conservar sus cuerpos sanos durante más tiempo que los machos. La longevidad femenina es más necesaria que la masculina.

Diversas investigaciones han demostrado que los animales con una vida más larga tienen una mayor eficiencia en sus sistemas de reparación y mantenimiento orgánicos que los animales de corta vida; en los machos de casi todas las especies, incluida la humana, podría ocurrir algo similar: éstos tendrían vidas más cortas que las hembras porque son genéticamente más “desechables”, es decir, sus organismos gastarían menos energía que los de las hembras en auto repararse.

- Influencia de las hormonas: la culpable de que los varones se suiciden cinco veces más que las mujeres y sean víctimas de accidentes de tráfico o muertes violentas más a menudo es la testosterona. Esta hormona masculina lleva a niños y hombres a alcanzar grandes niveles de actividad física, agresividad y competitividad que acortan sus expectativas de vida. Tienen unas posibilidades tres veces más elevadas de ser víctimas de un asesinato, cuatro veces más de cometer suicidio y, de adolescentes, 11 veces más de ahogarse.



La testosterona también eleva los niveles de 'colesterol malo' en sangre, que aumenta sus posibilidades de padecer una cardiopatía o un infarto cerebrovascular. Por el contrario, los estrógenos, hormonas femeninas, elevan el colesterol bueno y existen ensayos que aseguran que estas sustancias ejercen un cierto efecto protector sobre su corazón. Los machos castrados viven más que los no castrados en casi todas las especies animales. Esto se debería a la menor producción de testosterona, que se sintetiza sobre todo en los testículos. Las mujeres tienen comportamientos más saludables, tienden a fumar menos, beber menos, tomar menos drogas, conducir de forma menos agresiva y emplear menos la violencia que los hombres.

- Cromosoma X - Cromosoma Y: Mientras las mujeres tienen dos cromosomas X, los hombres tienen un cromosoma X y otro Y, con muchos menos genes y además la mayoría ligados a la fertilidad masculina y el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios. Si algún gen importante del cromosoma X sufre algún tipo de daño, los varones carecen de capacidad para sustituir sus funciones. Esto les convierte en más vulnerables a varias enfermedades (como es el caso de la hemofilia), provocadas por mutaciones en el cromosoma X. Ellas, por el contrario, pueden contar con el otro cromosoma X para suplir sus funciones. Esta diferencia se descubrió aún más fundamental cuando en 1985 se descubrió la existencia de un gen muy importante para la reparación de errores genéticos en el cromosoma X.

Sin embargo, parece que la incorporación de la mujer al mundo laboral y el cambio de hábitos que ha experimentado le está pasando factura. Las últimas estadísticas indican que la diferencia entre unos y otras se ha reducido desde 1975 hasta los 5,4 años. La principal causa es el tabaco, que provoca entre las mujeres casi tantas muertes por cáncer de pulmón como entre los varones.

- Menopausia: Según apunta un geriatra de la Universidad de Harvard (EE UU), Thomas Pearls, la menopausia protege a las mujeres de la posibilidad de tener hijos a una determinada edad, mientras les otorga la oportunidad de ver crecer a sus hijos y nietos. A medio camino entre la biología y la teoría de la evolución, esta corriente de pensamiento, iniciada en 1957 por George Williams, defiende que la menopausia evolucionó como una respuesta a todo el tiempo que las 'jóvenes crías' dependen de sus adultos para sobrevivir. Las abuelas ayudan a criar a sus nietos y por ello son más valiosas biológicamente que los abuelos, que no lo hacen.



- Resistencia del corazón femenino: Según un estudio llevado a cabo en la Universidad de Liverpool, la clave está en el corazón femenino, que resiste mejor el paso del tiempo. Mientras que el rendimiento del corazón de los hombres puede llegar a reducirse hasta cuatro veces entre los dieciocho y los setenta años, el de las mujeres puede conservar su buen funcionamiento a lo largo de los años.

Unas 250 personas, entre dieciocho y ochenta años, tomaron parte en el experimento de dos años para identificar las similitudes y diferencias entre ambos sexos a medida que los seres humanos se hacen mayores. A pesar del hallazgo, los autores del estudio hicieron hincapié en que es posible paliar los efectos de la edad en los hombres si practican ejercicio físico de forma regular. Así, un hombre atlético de entre cincuenta y setenta años puede mantener un corazón de veinte años, mientras los expertos aconsejan a las mujeres que no se contenten con el rendimiento del suyo y ejerciten también su músculo vital.

El informe establece además cómo las arterias principales se vuelven rígidas con el paso del tiempo, lo que provoca el aumento de la tensión sanguínea. Con los años, también se debilita la circulación sanguínea que llega a los músculos, un fenómeno que sucede antes en los hombres, pero que en las mujeres se dispara cuando entran en la etapa de la menopausia. Según el profesor David Goldspink, de la Universidad de Liverpool, "se debe educar mejor a las personas para que conozcan qué tipo de ejercicio necesitan".

- Responsabilidad masculina: La conducta desempeña un papel en algunas de las muertes y enfermedades adicionales que se dan entre los hombres: tienden a correr más riesgos, fumar más que las mujeres, beber más alcohol y es menos probable que lleven el cinturón de seguridad o que utilicen protección solar. Por otra parte, una investigación de 2000 descubrió que casi una cuarta parte de los hombres no habían visitado a un médico durante el año anterior, en comparación con sólo un 8% de las mujeres, y que uno de cada tres no tenía un médico habitual, frente a una de cada cinco mujeres. Más de la mitad de los hombres no se había sometido a una revisión rutinaria o a una prueba de colesterol durante el año anterior.

Según el estudio, aunque les preocupara algo, los hombres a menudo expresaban renuencia a buscar ayuda médica. Casi un 40% dijo que lo retrasaría unos días, y un 17% respondió que esperaría una semana. Un estudio de 2001 sobre atención ambulatoria observó que las mujeres que suelen ir al médico se someten al doble de revisiones anuales que los hombres.



Recientemente un estudio publicado por la revista Tobacco Control, publicada en open access y perteneciente al prestigioso grupo del British Medical Journal, apuntaba al consumo de tabaco fundamentalmente, y de alcohol en menor medida, como responsable de esas diferencias de expectativa de vida entre hombres y mujeres. Según este estudio, el tabaco sería responsable de entre un 40 y un 60% de la diferencia de esperanza de vida entre hombres y mujeres, y el alcohol de entre un 10 y un 30%, según países. Los autores del trabajo resaltan la menor distancia entre hombres y mujeres en los países del norte de Europa y achacan dicha cercanía en las esperanzas de vida de ambos sexos a una incorporación de la mujer al consumo de tabaco y alcohol anterior a la producida en los países del sur europeo. Una predicción por tanto derivada de la asunción de que la diferente longevidad entre hombres y mujeres está fundamentalmente asociada al consumo de tabaco y alcohol, es que las distancias tenderán a disminuir sensiblemente en los próximos años.

Fuentes: divulgacionbiologica, elpais, amazings

3 comentarios :

  1. Me ha gustado mucho el análisis que has hecho, me ha parecido muy amplio y me ha sido de gran ayuda. ¡Muchas gracias!

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  2. Tambien hay que mencionar que, aunque los hombres tienen mas infartos, el corazon femenino es mas debil pues tiene menos probabilidades de sobrevivir en caso de sufrirlo. La proteccion extra que les da el estrogeno termina con la menopausia, apartir de ese momento tienen el mismo riesgo que los hombres de tener un probema de este tipo pero con menor probabilidad de supervivencia.

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