martes, 2 de noviembre de 2010

Disonancia cognitiva, ¿pensamiento crítico o pensamiento único?

Es más que probable que usted esté familiarizado con la siguiente situación: está charlando tranquilamente con sus amigos y de repente unos comentarios sobre política hacen que el ambiente empiece a cargarse. Pronto comienza una discusión en la que cada uno defiende a un determinado partido, exponiendo a los demás sus razones. Todos conocemos más o menos cómo terminan estas cosas: al final de la discusión nadie ha logrado su objetivo, convencer a los demás. Lo más triste es que uno no puede evitar tener la sensación de que los argumentos expuestos por cada bando sólo trataban de convencer a sus propios partidarios. O al menos así lo parece.


En estas situaciones siempre da la impresión de que, en realidad, no defendemos cierta postura por una serie de razones (las que ofrecemos a los demás), sino que damos esas razones porque defendemos cierta postura. Dicho de otra forma, no nos molestamos en pensar lo que hacemos, pero sí que nos molestamos en pensar cómo vamos a justificar (ante los demás y ante nosotros mismos) lo que hemos hecho.

Y es que el ser humano tal vez no sea un animal muy racional, pero de lo que no hay duda es de que es un animal un poco obsesionado por la coherencia. Y también por la apariencia. Una vez tomada una decisión, nos cuesta reconocer que tal vez nos hayamos equivocado. Nos resulta más fácil ponernos a defender la alternativa elegida con uñas y dientes, porque así podemos percibirnos a nosotros mismos como personas coherentes, y porque, además, defendiendo nuestra elección, nos convencemos de que hemos elegido bien, de que somos personas sabias, con convicciones sólidas... y un largo etcétera.

Este tipo de fenómenos han sido bien estudiados por los psicólogos y cuentan desde hace tiempo con explicaciones interesantes, como la teoría de la disonancia cognitiva de Leon Festinger. Según este autor, las personas nos sentimos incómodas cuando mantenemos simultáneamente creencias contradictorias o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que hacemos. Por ejemplo, si normalmente votamos al partido A pero resulta que nos gusta más el programa electoral del partido B, es posible que sintamos que algo no marcha bien en nosotros. Según la teoría de la disonancia cognitiva, las personas que se ven en esta situación se ven obligadas a tomar algún tipo de medida que ayude a resolver la discrepancia entre esas creencias o conductas contradictorias. En el ejemplo del partido político, podemos optar por cambiar nuestro voto en las próximas elecciones, o bien podemos dar menos valor a los contenidos del programa del partido B (por ejemplo, recordando que en realidad pocos partidos cumplen con todo lo que prometen en sus programas).


De la misma forma, cuando en una discusión una persona deja clara su postura, a continuación se ve obligado a dar argumentos a favor de la misma. Incluso cuando se sacude la confianza de una persona en sus creencias, se convierte en unos defensor más acérrimo de las mismas. Si no lo hiciera, se vería obligado a reconocer que la alternativa contraria también es válida, lo que entraría en contradicción con sus creencias previas, o tendría que admitir que en realidad no tiene ninguna razón para sostener tal postura, lo que entraría en contradicción con una creencia aún más importante: "soy una persona inteligente y con fundamento". La teoría de la disonancia cognitiva es una hipótesis sugerente que nos permite entender de forma sencilla muchas de las aparentes paradojas y sinrazones del comportamiento humano, algunas de las cuales (como las anteriores) se muestran en cada detalle de nuestra vida cotidiana. Y, frente a otras explicaciones muy atractivas pero poco rigurosas de la interacción social, cuenta con la ventaja de estar respaldada por numerosos experimentos.



Las personas necesitamos ser congruentes con nosotras mismas y justificar nuestras acciones incluso cuando las hemos realizado sin razón alguna o cuando desconocemos los motivos. Lo peor es que esta tendencia a dar explicaciones de lo que hacemos acaba convirtiéndonos en esclavos de lo que ya hemos hecho, de unas elecciones que, de haberlo pensado, tal vez no hubiésemos realizado. Una vez elegida la pala, preferimos ponernos a limpiar el gallinero antes que reconocer que no sabemos por qué la elegimos. Y dado que, ya sea por ser impulsivos o por no pararnos a pensar lo suficiente, rara vez sabemos por qué hacemos las cosas, gran parte de nuestra vida se convierte en una actuación para nosotros mismos.

La teoría de la disonancia cognitiva nos dice que tendemos a producir relaciones consonantes con nuestras creencias y a evitar la disonancia. Pondré un ejemplo que fue objeto de estudio y que clarificara este concepto enormemente. Está demostrada por múltiples estudios la relación entre la probabilidad de padecer un cáncer de pulmón y el hecho de fumar. La mayoría de los fumadores conocen este dato. La manera más sencilla de reducir esa disonancia (que nos produce malestar psicológico) sería dejar de fumar. Las personas que no quieren dejar de fumar tienen pues un problema. ¿Qué sucede entonces? Que esas personas tienden a minimizar el riesgo entre fumar y tener un cáncer incluso llegan a afirmar que esa relación no está comprobada. Otro método es justificar su conducta con frases del tipo: de algo hay que morirse. ¿Os suena esa manera de autoconvenceros de algo?

Los estudios posteriores vieron que esta tendencia a evitar la disonancia se ve favorecida por los siguientes aspectos:

- Compromiso. Cuando te sientes comprometido con algo ( pensemos por ejemplo en las ideologías políticas), tiendes a eliminar cualquier elemento que produzca disonancia. Éste sería uno de los factores que explica que los votantes fieles a un partido político le sigan votando aunque éste no haya cumplido sus expectativas, usando todo tipo de justificaciones.

- Volición. Para que se experimente disonancia has de tener la sensación de que la decisión que tomas depende totalmente de tu voluntad ( en el ejemplo citado, la libertad de elegir a quien votas). Cuando las cosas dependen de nuestra voluntad la disonancia se manifiesta de manera más fuerte ya que no podemos justificar haber tomado esa decisión por sentirnos obligados. Ejemplo: eso va en contra de mi manera de pensar pero si no lo hacía mi jefe me despedía .

-Recompensa. En contra de lo que pudiera parecer cuanto menor es la recompensa obtenida por una conducta mayor es la necesidad de eliminar la disonancia. En los ejemplos citados sería algo así como decir: hago esto que va en contra de lo que yo pienso y creo porque me pagan muy bien por hacerlo. La recompensa justifica la disonancia, es una especie de: No tengo más remedio.Si no existe recompensa, tendré que “tragarme la disonancia” o eliminarla de otra manera.

Disonancia cognitiva en grupos

Como dice el filósofo Gustavo Bueno: 100 individuos, que por separado pueden constituir un conjunto distributivo de 100 sabios, cuando se reúnen pueden formar un conjunto atributivo compuesto por un único idiota.

Individualmente, solemos hacemos trampas cuando buscamos la verdad. Pero si estamos en grupo, el grupo todavía hace más trampas: la democracia del pensamiento, en ese sentido, es más un problema que una solución. La diversidad de voces no ofrece más garantías de obtener la verdad, como sostiene Dieter Frey, profesor de psicología en Munich. Los grupos se aferran más habitualmente que los particulares a las informaciones que les resultan agradables, dudan menos del acierto de sus decisiones y hacen menos caso de los argumentos contrarios, por muy cargados de razón que vengan.

Así pues, los equipos homogéneos formados exclusivamente por seguidores fieles a una línea de partido político, por ejemplo, están más cohesionados, y son muy selectivos. Las minorías que sustentan opiniones discrepantes suelen fomentar un tratamiento más equilibrado de la información, aunque también la pertenencia a un grupo sectario tiende a reforzar los rasgos de obstinación ya presentes en el individuo.

¿Por qué se produce esta mentalidad gregaria y se usan anteojeras ideológicas? Por una parte, la situación grupal genera una cierta necesidad de justificación. Los afiliados se convencen los unos a los otros, se reafirman, buscan la tranquilidad mental y la seguridad en el seno del grupo. Las informaciones subversivas siempre son inoportunas, por cuanto amenazan la armonía colectiva. Otra cosa que producen los colectivos es una disolución automática de la responsabilidad. El pensamiento crítico e independiente es la primera víctima de esas tendencias uniformadoras.

Todos estos mecanismos psicológicos nos llevan a ser personas altamente influenciables por el llamado pensamiento único. Si constantemente nos vemos bombardeados por ideas y creencias que parecen sólidas, podemos llegar a tomarlas como ciertas. Ese bombardeo empieza desde nuestra tierna infancia ( muchas veces realizado por personas en las que confiamos totalmente). Una vez que esas creencias se instalan en nosotros nos es muy difícil salirnos de ellas. Una de las maneras más importante de lograrlo es con: Educación, estudio y reflexión. Y no vale cualquier tipo de educación, sólo sirve aquella que fomente verdaderamente el pensamiento crítico.

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