sábado, 25 de julio de 2009

¿Tener cosas valiosas nos hace más valiosos como personas?

Existe una conducta común en las personas de toda raza y condición que consiste en tener y en identificarse con elementos ajenos a sí mismos, los cuales consideran, de alguna manera u otra, valiosos. Por ejemplo, las personas de mayor poder adquisitivo se identifican con los automóviles caros, como los de marca BMW, Audi o Mercedes Benz, con los vinos de calidad, con los ropajes, carteras y zapatos de marcas reconocidas, etc. Las personas de menores recursos también se dejan seducir por la vestimenta, aunque no ya tal vez por los automóviles lujosos sino por los más sofisticados teléfonos celulares, entre otras delicias. No se discute, por supuesto, el valor de uso o servicio que ofrecen este tipo de productos, el cual es indiscutible, ya que perfeccionan la naturaleza humana, sino que lo que se discute es la identificación de las personas para con ellos y la dudosa capacidad de estos para transferir su supuesto valor a las personas que los utilizan.

La pregunta relevante que conviene realizar aquí es si las cosas tenidas nos hacen mejores, es decir, si existe un influjo del valor de la cosa hacia la persona, de manera tal que al tener algo valioso nos hacemos valiosos nosotros mismos. Para ejemplificar: El tener el teléfono móvil de última generación, que en sí mismo tiene cierto valor estético y de utilidad, ¿nos transfiere parte de ese valor a nosotros? ¿Somos nosotros, por el simple hecho de usar algo valioso, más valiosos de lo que éramos antes de usarlo? ¿De dónde viene el valor del ser humano, de lo que es de por sí o de las cosas que tiene?

No es solamente usarlos la clave, sino que otros vean que los usamos. Mostrarlos claramente. Exponerlos. Aquí, la capacidad de cada persona para mostrar las marcas de los artículos que usa es una estrategia esencial. ¿Serían igualmente utilizados, los mencionados valiosos productos, si sus marcas no fueran visibles para otros, si la persona que los utiliza no pudiera demostrar a otros su adherencia e identificación a las mismas? ¿Qué valor de amistad puede tener el permanecer a un grupo de personas donde la entrada a dicho grupo consista en usar o en tener determinada ropa o bienes? ¿Para qué reunirnos con personas que no nos quieren por lo que somos sino por lo que tenemos? No digo que no debemos relacionarnos con estos grupos, simplemente seamos conscientes de que tal vez no nos quieran a nosotros.



¿Comprarían estas personas un BMW que no tuviera su marca claramente visible para otros, de tal manera que estos otros pudieran ver la identificación clara entre la marca y la persona que las usa? ¿Sucede con la ropa lo mismo? ¿Usarían las personas ropajes o zapatos de calidad que tuvieran oculta su marca, la cual otras personas no pudieran ver? Ciertamente que no. ¿Por qué hay “marcas truchas”, es decir, ropa de baja calidad que tiene una marca de una ropa de alta calidad? ¿Y por qué la gente la compra, aún sabiéndolo? No es, por cierto, por la calidad de la ropa misma, que es mucho más baja que la original, sino por la marca, por la capacidad de exhibirla. El colmo de ridículo es creer que una marca plasmada en una prenda de baja calidad nos agregará algún valor.

Y estas actitudes no suceden solamente con las personas de mayor poder adquisitivo, como antes mencionamos, sino en todas las personas, sin importar su estrato social. Otra variedad incluye la fanatización e identificación con equipos deportivos, con deportistas célebres o con estrellas musicales, la cual es más típicamente una actitud de la adolescencia y de la juventud, aunque se manifiesta también en edades avanzadas. Es todo tan precario.

La pregunta que debemos hacernos es, sin embargo, si al identificarnos con algo que consideramos valioso, alguna virtud valiosa de ese algo es transferida a nosotros en el proceso de identificación. ¿Nos hace mejores a nosotros mismos el tener un coche de reconocida marca y calidad o seguiremos siendo los mismos de siempre? ¿Una mujer que utiliza un vestido de una marca recocida y valorada, es necesariamente mejor ella misma, o simplemente lo parece? Si nos identificamos con un determinado equipo deportivo, con algún deportista destacado o con algún cantante de moda, ¿se nos transfiere algo de su valor a nosotros mismos? No parece ser el caso.

Lo primero que debemos preguntarnos es cómo adquiere valor algo, especialmente el ser humano. A primera vista, de manera evidente, nos damos cuenta que algo valioso lo es, no tanto por lo que tiene adherido en su superficie, sino por lo que interna e intrínsecamente es él mismo; por sus perfecciones propias. Por ello, las adherencias exteriores de cosas valiosas que no forman parte de su valor intrínseco no agregan ningún valor a la persona. Como dice el dicho, la mona, aunque se vista de seda, mona queda. Esta es la falacia en la que viven quienes practican este tipo de actitudes. Ellos creen que de tanto oropel se adherirá alguna partícula a su sombra. No lo hará. Seguirán siendo quieres son; nada cambiará, aunque parezcan haber cambiado o ser algo mejores.

Los jóvenes varones que se suben a potentes automóviles, conjuntamente con los que transitan en motocicletas, haciendo alarde de gran velocidad, ¿son ellos mismos rápidos y poderosos o lo son solamente sus autos y motocicletas? El conducir automóviles o motocicletas veloces y ruidosas, que destilan poder y rigor por todos lados, ¿hace a quienes la conducen rápidos y poderosos? ¿Más varoniles, acaso? Ciertamente que no. No hay nada peor para una persona que buscar constantemente algo anhelado para sí mismo allí donde no se encuentra, allí donde nunca se obtendrá. Existen caminos para ser valiosos, pero no son estos.

Si realmente queremos ser valiosos, y nos damos cuenta que las estrategias que estamos siguiendo no lo logran, que fracasan tremendamente, podremos de una vez cambiar para lograr ser valiosos de verdad. Si nos damos cuenta de que no importa el auto o el celular que tengamos, por más lindo que sea, en nosotros mismos nada cambiará por la simple adherencia de ello a nuestro cuerpo. Por lo tanto, podremos comenzar a recorrer el camino por el cual sí podemos ser más valiosos. Pero, ¿cuál camino es este?

Este es un camino interior, por supuesto; y no es algo que necesariamente va a estar a la vista de los otros. ¿Podremos tolerar no estar en la vidriera, ante los ojos aprobatorios o descalificatorios del otro? ¿Podremos tolerar no pertenecer a los grupos de status? El camino que proponemos es el camino que lleva a perfeccionar y actualizar nuestra esencia, quien en verdad somos, y no a simplemente parecerlo, adhiriendo a nuestra superficie elementos supuestamente valiosos ajenos a nosotros.

Viktor Frankl, en el campo de concentración, cuando todo le había sido quitado, decía que se encontraba con su “existencia desnuda”. Pensándolo bien, ¿no es nuestra existencia desnuda lo que más genuinamente tenemos y nos identifica? ¿Puede cambiar eso algo de lo que tengamos? Si lo que somos no es lo que tenemos, solamente siempre tenemos con nosotros nuestra existencia humana desnuda con la capacidad de ser genuinamente humana, como nos enseñó Frankl.

Tener cosas, por cierto, tiene su importancia, pues perfeccionan nuestra naturaleza humana. Vestirnos, comunicarnos y transportarnos son necesidades de nuestra vida. El problema surge cuando los instrumentos al servicio de nuestra vida se transforman en elementos que, por el solo hecho de tenerlos y exhibirlos frente a otros, nos hacen creer que nos harán más valiosos. Nada de eso puede hacerlo.

Otra reflexión que surge de este tema es el por qué de la excesiva importancia que le damos a la mirada de los otros en cuanto al valor de nuestra persona. Necesitamos sin duda ser valorados, pero ¿puede esto ser hecho de cualquier manera? ¿Podemos otorgarle a cualquier persona la potestad para que nos evalúe o solamente debemos otorgar este poder a las mejores personas, a las que verdadera y genuinamente nos aman? Frente a estas personas, las que nos aman de verdad, ningún aditamento ni disfraz es necesario, solamente el resplandor genuino de nuestro ser auténticamente humano. Este no es un tema menor, y su reflexión nos debe acompañar durante toda nuestra vida.

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