martes, 4 de enero de 2011

La razón, la emoción y el cerebro humano



En el imaginario colectivo se encuentra la idea de que las decisiones hay que tomarlas con “la cabeza fría”, no dejándose llevar por las emociones ya que, en este supuesto, nuestra decisión se verá teñida de subjetividad y, en consecuencia, corre un riesgo elevado de no ser una buena decisión. Estudios recientes, como los hechos por el Dr. Antonio Damasio niegan esta afirmación. Dichos estudios ponen sobre la mesa la idea contraria: una decisión tomada sin emoción es altamente probable que sea equivocada. Claro que eso no garantiza que la que tomemos con la emoción presente vaya a ser necesariamente buena.

En palabras del propio Damasio: “Determinados aspectos del proceso de la emoción y del sentimiento son indispensables para la racionalidad. En el mejor de los casos, los sentimientos nos encaminan en la dirección adecuada, nos llevan al lugar apropiado en un espacio de toma de decisiones donde podemos dar un buen uso a los instrumentos de la lógica. Nos enfrentamos a la incerteza cuando hemos de efectuar un juicio moral, decidir sobre el futuro de una relación personal, elegir algunos mecanismos para evitar quedarnos sin un céntimo cuando seamos viejos o planificar la vida que tenemos delante. La emoción y el sentimiento, junto con la maquinaria fisiológica oculta tras ellos, nos ayudan en la tarea de predecir un futuro incierto y de planificar nuestras acciones en consecuencia”.



Hay una anécdota excelente relacionada con Charles Darwin que sirve para ilustrar esta idea. Darwin tenía una mente tan analítica que incluso llegó a plantearse el amor como una cuestión científica. En 1838, dos años después de haber regresado a Inglaterra tras su épico viaje a bordo del Beagle por el Cono Sur, durante el cual realizó las observaciones que le permitirían sentar las bases de la teoría de la evolución, Darwin se planteó qué hacer con su vida: ¿buscaba una mujer y se casaba? ¿O mejor se consagraba a la investigación científica? Entonces este naturalista tenía 28 años y para tomar una elección cogió una hoja de papel que todavía se conserva, trazó dos columnas y en la de la izquierda escribió la palabra "casarse" y anotó todos los argumentos que se le ocurrieron a favor del matrimonio. En la de la derecha, listó todas las ventajas de la soltería.

Las razones que el padre de la evolución arguyó eran curiosas. Por ejemplo, para desestimar casarse apuntó cosas como "quizás discutir", "menos tiempo para conversar con hombres inteligentes", "tener que hablar con la familia de ella", "no poder leer por las tardes" o "menos dinero para libros". Y a favor, "hijos" o "compañía constante y amistad en la vejez". Tras revisar la lista, acabó concluyendo que si bien una boda supondría "cosas buenas para la salud de uno", era también "una pérdida terrible de tiempo". Así es que decidió que lo mejor sería... comprarse un perro.


Sin embargo, lo que no podía sospechar Darwin era que poco le iba a durar aquel convencimiento. Semanas después su cerebro le iba a jugar una mala pasada. Al cruzarse, quizás por fortuna, quizás por poca fortuna, con su prima hermana Emma Wedgewood, Darwin se enamoró perdidamente, a pesar de haber decidido concienzudamente que el matrimonio no iba con él. Emma se convirtió en el gran amor de su vida y con ella tuvo nada menos que 10 hijos. Al cabo de los años, incluso escribió un libro en el que trató de explicar con ojos de científico tal misterio, el misterio del amor.

Lo que Darwin no estimó es que su cerebro tomaba decisiones por él sin que él pudiera remediarlo. En el caso de Emma, había escogido ya mucho antes de que el naturalista inglés pudiera ni tan siquiera plantearse si su prima Emma le agradaba o no. La frialdad con la que Darwin colocó los argumentos en una balanza era más superficial que real. Y es que las decisiones, a diferencia de lo que se solía pensar hasta hace poco, no se rigen exclusivamente por las leyes de la razón y la lógica. Muchas, la mayoría, son intuiciones que, sorprendentemente, se toman desde la subjetividad. Sí, lo han leído bien: buena parte de nuestras decisiones por mucho que pensemos que son fruto de valoraciones concienzudas son en realidad intuiciones irracionales. De hecho, todo acto consciente, por paradójico que nos resulte, es, en verdad, inconsciente. Aunque raramente se las asocia con nuestra inteligencia, las intuiciones son atajos del cerebro para tomar decisiones rápidas. Se basan en capacidades evolucionadas a lo largo de miles de años y están detrás de la mayoría de nuestras elecciones.

El concepto de emoción a lo largo de la historia

Dada la magnitud de los temas vinculados con la emoción y los sentimientos, sería lógico esperar que tanto la filosofía como las ciencias de la mente y el cerebro hubieran acometido su estudio.

Hacia fines del siglo XIX Charles Darwin, William James y Sigmund Freud plasmaron extensos escritos acerca de diferentes aspectos de la emoción, otorgándole un lugar privilegiado en el discurso científico. Durante la mayor parte del siglo XX el laboratorio desconfió de la emoción. Se decía que era demasiado subjetiva, esquiva y vaga. Se la juzgó antípoda de la razón, considerada la habilidad humana por antonomasia e independiente de la emoción. La ciencia del siglo XX esquivó el cuerpo y mudó la emoción al cerebro, pero la relegó a los estratos neurales más bajos, asociados con ancestros que nadie respetaba. En último término, no sólo ella era irracional: incluso estudiarla tal vez fuera irracional.

Sólo ahora las ciencias cognoscitivas y la neurociencia aceptan la emoción. Para bien o para mal, la emoción es inherente al proceso racional y decisorio. Aunque esto parece contrariar nuestro instinto, hay evidencias que lo confirman.



Los hallazgos sugieren que la reducción selectiva de la emoción es por lo menos tan perjudicial para la racionalidad como la sobreabundancia de emoción. Ya no parece veraz que la razón gane al operar sin el influjo de la emoción. Por el contrario, quizá la emoción ayude a razonar, sobre todo cuando se trata de asuntos personales o sociales que presentan riesgos y conflicto. Es obvio que los trastornos emocionales pueden desaguar en decisiones irracionales. La evidencia neurológica simplemente sugiere que la ausencia de emociones es un problema. Emociones bien dirigidas y bien desplegadas parecen ser un soporte sin el cual el edificio de la razón no puede operar adecuadamente.

Hasta hace una década, la psicología social consideraba que la toma de decisiones tenía que ser consciente y guiarse por las leyes de la lógica. Que ante cualquier elección lo más acertado era elaborar listas con los pros y los contras, analizarlos minuciosamente, sopesarlos concienzudamente y sólo entonces, después, éramos capaces de elegir bien, como hizo Darwin. Las ciencias cognitivas solían menospreciar el papel de la intuición y de la irracionalidad. Y, sin embargo, ahora sabemos que esos impulsos no tienen por qué fallar y que, en ocasiones, son mucho más eficaces que una elección racional.

El cerebro sabe más de lo que la mente consciente revela

Buena parte de nuestra vida mental es inconsciente y se basa en procesos ajenos a la lógica, reacciones instintivas. Tenemos intuiciones sobre casi todo, suelen ser decisiones rápidas, casi viscerales, que aparecen en nuestra consciencia sin que sepamos de dónde vienen, pero que son tan fuertes que nos impulsan a actuar. Por eso nos enamoramos. Y si eso tiene o no que ver con toda una serie de deliberaciones en nuestro inconsciente, no lo sabemos. A nosotros sólo nos llega el sentimiento de "quiero estar con esta persona" y obramos en función de eso. En la mayoría de las ocasiones, esos impulsos o intuiciones nos conducen a la respuesta adecuada. Y es que no se trata de otra cosa que de atajos que tiene el cerebro, estrategias que ha desarollado durante miles de años para ser más eficaz.

Porque, si realmente tuviéramos que decidir cosa por cosa, punto por punto, poner sobre una balanza pros y contra de cada caso, seguramente, hoy no estaríamos aquí. Nos hubiéramos extinguido hace mucho tiempo. ¿Se imaginan si nuestros antepasados, ante la presencia de un depredador, se hubieran parado a sopesar qué camino tomar, o si era mejor intentar matar al animal o salir corriendo?. La razón permite analizar una situación y todas sus posibles opciones hasta el más mínimo detalle, pero es la emoción quien toma la decisión. El ser puramente racional se quedaría ahí parado sin capacidad para reaccionar. La razón sin emoción no sirve de nada.





"¿Me suicido o me tomo una taza de café?", se preguntaba el escritor francés Albert Camus. Y con esto quería decir que todo en la vida es elección. A cada segundo estamos escogiendo entre diversas alternativas. Y, de hecho, la existencia, al menos la humana, se define por las elecciones que hacemos. La intuición nos ayuda a resolver muchos de los dilemas cotidianos, desde si debemos o no casarnos hasta cosas mucho más triviales como qué pasta de dientes compramos, o atrapar las llaves que nos lanzan al vuelo o detectar si nuestra pareja nos miente cuando nos dice que ha salido tarde de trabajar. La neurociencia ha descubierto que la inteligencia funciona a menudo sin pensamiento consciente; de hecho, la corteza cerebral, donde reside la consciencia, está llena de procesos inconscientes, al igual que las partes más antiguas del cerebro. Así, lo que sucede ante una información es que nuestro cerebro decide o bien dejarla pasar, o bien expresarla o anularla, procesa continuamente información y lo hace por debajo del consciente; es como el cerebro anulase o vetase todos los actos conscientes que pudieran traer consecuencias negativas o peligrosas. De otra forma, nos volveríamos locos; viviríamos en el caos debido al incesante tráfico de señales que nuestras neuronas captan, analizan y evalúan.

La memoria recurre a experiencias acumuladas y las coteja con la información que ha recogido el cerebro quien, como si fuera un juez, delibera y sentencia. Se ha visto que los sentimientos, nuestro estado emocional, influyen en esa deliberación. La neurociencia cree que el proceso de elección se basa en una serie de reglas generales que nuestro cerebro ha ido aprendiendo y que conforman una especie de libro de instrucciones al que nuestro inconsciente recurre ante cada situación. Allí encuentra respuestas rápidas y precisas. Lo único que debe hacer es escoger la regla adecuada para cada momento. Este procedimiento es indispensable para tomar muchas decisiones importantes, puesto que nos enseña a confiar, a imitar y a experimentar emociones como el amor, sin las cuales la supervivencia sería imposible. El investigador de psicología de la conducta del instituto Max Planck, Gerd Gigerenzer, cuenta que eso es lo que ocurre, por ejemplo, con padres e hijos. Si cada mañana los progenitores tuvieran que decidir si van a seguir invirtiendo sus recursos en los niños, tras noches en blanco, berrinches, trastadas, podría ponerse en peligro la supervivencia de la especie. Por eso, el cerebro bloquea esa posibilidad de decisión, de valorar si vale o no la pena aguantar.


            
             Cerebro inconsciente: La intuicion por raulespert

Las intuiciones basadas en una sola buena razón son eficaces y también pueden ser muy precisas. Estas reglas se benefician de algunas facultades del cerebro, como la memoria de reconocimiento, la habilidad para localizar objetos móviles, el lenguaje o emociones como el amor. La heurística acelera la toma de decisiones y se posibilita la acción rápida, muy útil si caminamos por la selva, por ejemplo, y aparece un tigre. No nos es deseable pararnos a pensar, sino que haya un sistema que nos active y nos haga salir pitando. Una buena razón puede ser: escoge lo que conozcas. Nos fiamos de lo que conocemos y, en cambio, sentimos aversión por lo desconocido. Tenemos una capacidad extraordinaria para reconocer caras, voces e imágenes, que está adaptada a la estructura del entorno. Reconocer hace posible que reaccionemos rápidamente y también que compremos una marca de leche u otra.


Se ha observado en personas con lesiones en la corteza frontal, que aún siendo personas con inteligencia normal, creencias normales, habilidades normales, con capacidad para imaginar el futuro y las consecuencias de sus actos… son personas que razonan mal y toman decisiones no correctas. Si no es la razón, ¿Qué es lo que hace entonces que razonemos correctamente para tomar la decisión más beneficiosa?

Podemos afirmar que las emociones son necesarias para razonar y tomar decisiones. Son necesarias, al igual que la razón, para ser lo más eficaces posibles. Razón y emoción van juntas en los principales procesos cerebrales. La realidad de este nuevo paradigma se está confirmando día a día con las investigaciones que se están realizando sobre el cerebro a través de la resonancia magnética funcional cerebral. Somos razón y emoción y ambas se complementan en procesos tales como la toma de decisiones o la planificación. Para una buena toma de decisiones en esencial utilizar equilibradamente y armoniosamente los dos cerebros: el emocional y el racional. Por eso cuando nos dejamos llevar exclusivamente por uno de los cerebros, podemos tener más riesgo de equivocación. Las emociones intensas pueden socavar la capacidad de una persona a la hora de tomar decisiones racionales, aún cuando el individuo sea consciente de la necesidad de tomarlas de forma cuidadosa.

El comportamiento humano no está únicamente controlado por la deliberación o bien por la emoción, sino por los resultados de la interacción de estos dos procesos. El control emotivo es rápido, pero sólo puede responder ante una cantidad limitada de situaciones, mientras que la deliberación es mucho más flexible, aunque relativamente lenta y laboriosa. El cerebro humano vive un conflicto perpetuo consigo mismo: por un lado está su centro de emoción, que busca la satisfacción inmediata; y por el otro está el de la razón, que privilegia los objetivos a largo plazo.



Cuando nos preguntamos por el sentido de nuestra existencia es casi imposible que no surjan respuestas de alto contenido emocional que impliquen la motivación de las satisfacciones más primarias, el amor de nuestra familia y amigos, la ilusión de alcanzar metas, el ver ganar a tu equipo, etc. Es difícil imaginar una vida sin emociones, sin sentimientos, sería presidida por la apatía, la monotonía y el tedio. Los humanos somos seres racionales, pero seguimos siendo también seres emotivos, dependientes de motivaciones e instintos primarios.

Si queremos conseguir la atención de una persona o de un auditorio nada mejor que tratar de emocionales, aquello que nos emociona captura y aprisiona nuestra atención. Al gobernar la atención, las emociones y los sentimientos establecen prioridades en el pensamiento. Como lo que nos emociona suele ser importante, las emociones son un modo de llamar la atención y dirigir el pensamiento y la conducta hacia aquello que nos interesa. Los sucesos altamente emocionales se recuerdan como muy reales y con gran detalle. En general cuanto más se activa la amígdala durante una situación emocional mejor es el recuerdo que tenemos más adelante del mismo.

Aunque la deliberación consciente resulta adecuada para situaciones simples, no parecer favorecer demasiado la toma de decisiones en situaciones complejas. Las emociones son críticas y hacen que la toma de decisiones no sea un proceso puramente racional. Para él las emociones son un componente imprescindible añadido a la maquinaria de la razón.

Se equivocaban quienes argumentaban que razón y sentimiento eran materiales incompatibles, que no se podía alcanzar un buen razonamiento si estaba contaminado por las emociones. El cerebro racional se apoya sobre el cerebro emocional, el razonamiento está siempre tamizado por los sentimientos y éstos a su vez pueden ser modulados por la razón. Y sin emociones no hay inteligencia que valga.

Fuentes: lavanguardia, connmed, alcione

7 comentarios :

  1. Estoy de acuerdo en algunos puntos, pero luego hay detalles contradictorios como estos:

    "Es obvio que los trastornos emocionales pueden desaguar en decisiones irracionales."

    "Las ciencias cognitivas solían menospreciar el papel de la intuición y de la irracionalidad. Y, sin embargo, ahora sabemos que esos impulsos no tienen por qué fallar y que, en ocasiones, son mucho más eficaces que una elección racional."

    Entonces, una persona que sufre de TOC tiene que dejarse llevar por sus miedos irracionales o pensamientos negativos (?). Por ejemplo, una persona que sufre esta enfermedad y que tiene pensamientos intrusivos sobre suicidio o un miedo absurdo a agredir a alguien a quien quiere. Porque yo tenía entendido que en el paciente con TOC se ha producido un error en el pensamiento a raíz de un hecho concreto y, partir de ahí, surgen las obsesiones que tanta angustia le causan.
    Con esto solo quiero decir que, en personas con problemas psicológicos, estas teorías no se son aplicables. O al menos eso pienso yo.
    Un saludo

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  2. No me parecen acertadas las conclusiones, la emoción es un estadio anterior al de la razón, eso lo sabemos gracias a la razón, pero no creo que ante la toma de decisiones se deba considerar la emoción, propio de latinos, que por amor asesinan a su pareja hombre o mujer. Siempre que existe un Homicidio o un Robo, hubo AUSENCIA DE RAZON. En mayor o menor medida todos vivimos la emoción y sin proyectar mi experiencia personal al resto, podemos generalizar válidamente que cada vez que falla la razón, somos menos humanos, y a los sentimientos, a los nobles, solo se llega a través del humanismo que predomina en la razón. Los sentimientos son parte de nuestra "flojera", nuestro costado "humano". Este dualismo Razón vs Emocion, lo vemos reflejado en conductas e incluso en leyes, cuando una Madre Americana decide entregar a la policía a su hijo delincuente, prima la razón, en America Latina esta actitud es inconcebible, donde las madres, esconden a sus hijos de la Ley y el Estado, aunque hayan cometido CRIMINES ABERRANTES, los encubren. Dejame las emociones para el "arte", la música, y para las relaciones con el sexo opuesto, que con la razón llegamos mas lejos. Mas emotividad, mas cerca del mono estamos.

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  4. Con detalles inolvidables en fechas espepciales es cuando se comparte con alegria haciendo que
    la felicidad perdure mucho mas e incomparables recuerdos buenos.

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  5. Es un buen artículo para la discusión sobre el tema

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  6. Muchas veces razonamientos como estos, equivocan a muchas personas, voy a presentar una caso que es conocido en todo el mundo. En la vida del Rey Solomon, un rey sabio que empleó su razonamiento para ejercer dominio en su imperio, muestra como la razón supera a la emoción y al sentimiento. Le presentan dos mujeres y un hijo de una de ellas, ambas se peleaban por el derecho de madre sobre su hijos. Salomon para resolver la situación ordena dividir a la criatura y darle la mitad a cada supuestas madre. Al momento de la acción la verdadera madre grita y pide que se la entreguen ala otra mujer. Salomón, inteligentemente hizo dar la criatura a la verdadera madre (la que gritó). A la que uso el razonamiento, tal vez, inspirada por su sentimiento. Toda inspiración es producto espiritual. La espiritualidad entre el sentimiento y el razonamiento es el motor de la felicidad y es la que genera las INTUICIONES.

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  7. y porque mentis,encima que quereis llebar razon cuando no la llebais y creeis que sois los seres vivos del universo mas evolucionados mentalemtne para el colmo contradecis y mentis.

    ¿hos creeis el ser humano los mas evolucionados ye intelectuales que el resto de otros seres vivos no¿y tambien nadie lleba la razon salbo bosotros hos creeis muy sabios decis que benis dle mono,y que el mono evoluciono cerebralmente conr aozn porque para bosotros el mono tenia el cerebro mas sabio que otros seres vivos pero sin razon.

    el problema es que quereis todo cuanto existe para bostros,quereis ser los mas evolucionados mentalmente y para el colmo nadie lleba razon salbo el ser humano porque¿porque bosotros lo mandais?¿mandais bostros aqui?

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