viernes, 14 de enero de 2011

La felicidad está escondida en la sala de espera de la felicidad

Robert M. Sapolsky es profesor de Neurología en la Universidad de Stanford y sus investigaciones se centran en el estudio del estrés y la degeneración neuronal. Es autor de innumerables artículos y algunos libros sobre las relaciones entre biología, individuo y sociedad.

En una de sus más sorprendentes investigaciones nos indica que cuando los seres humanos nos encontramos ante situaciones que suponen una oportunidad de alcanzar algo que nos gustaría conseguir como el ascenso que estábamos esperando o la cita con la persona que nos gusta, parece ser que estamos ante una de las satisfacciones más evidentes que podemos alcanzar: saborear una expectativa positiva. Sapolsky ha encontrado en sus estudios que lo que pone en marcha los circuitos neuronales implicados en la felicidad (por ejemplo, secreción de dopamina) es la expectativa previa (la anticipación) de la recompensa esperada, y no tanto la consecución de la misma.

Cuando se aspira a algo con ilusión, se sueña con su logro y se ponen los medios para alcanzarlo se consigue un estado emocional tan gratificante que bien pudiera considerarse felicidad. Por el contrario, cuando ese deseo se ha hecho realidad, la sensación que provoca es considerablemente menos placentera que la imaginada o soñada. Y esa misma tendencia parece observarse tanto en aspectos materiales fuera del alcance de la mano, proyectos estimulantes y hasta en afectos anhelados... Todo es cuestión de expectativas... y parece resultar que justamente en la anticipación del placer donde reside el placer. Quizás debido a ello la mayoría de premios Nobel coinciden en declarar que su periodo más feliz fue el que precedió a la concesión del premio, cuando estaban inmersos en la búsqueda de las nuevas claves científicas, y es que como dicen los orientales "lo importante no es el fin del camino, sino el camino"

Dopamina y anticipacion del placer (R. Sapolsky)

La explicación de este fenómeno está en la dopamina, comúnmente asociada con el sistema del placer del cerebro, y principal causante de los sentimientos de gozo y refuerzo para motivar una persona proactivamente para realizar ciertas actividades. La dopamina tiene que ver con el placer. Anteriormente se creía que, cuando consigues una recompensa, esta parte del cerebro segregaba dopamina pero los estudios de Sapolsky nos demuestran que esto es un error. No se trata de la recompensa, sino de la anticipación de la recompensa.

Cómo ejemplifica Eduard Punset en su entrevista al citado científico en el siguiente fragmento de Redes que he enlazado anteriormente "Robert, tengo un perro, bueno, una perra: se llama Pastora. Y el verano pasado, mientras escribía un libro sobre la felicidad, sobre lo que la ciencia puede aportar sobre la felicidad, ¿sabes? Me percaté de que Pastora, mi perra, era peculiar en un aspecto… su plato está fuera, en una pequeña terraza. Y cada vez que voy a buscar su plato a la terraza, empieza a saltar por todas partes, ¡yo casi no puedo caminar! Hasta que yo recojo el plato, y voy a la cocina con él, y Pastora empieza a corretear como loca y tengo que decirle: «vamos, Pastora, cálmate, ¡que ni siquiera puedo llegar a la cocina!» Bueno, una vez en la cocina, le lleno el plato con cereales o un poco de jamón, y ella se queda esperándome, ¿sabes? Si tardo un poco más de lo habitual empieza a ladrar, y luego vuelta a empezar mientras saco el plato a la terraza donde come…. Durante años me he preguntado: ¿pero qué pasa? Porque cuando le doy el plato, ¡a veces ni siquiera se lo come! Pero antes el animal cambia totalmente, es decir, rebosa felicidad. Así que me dije: «¡Caramba!» estaba escribiendo el libro Viaje a la Felicidad, Las últimas claves de la ciencia y me dije: «¡oye! ¡La mayor felicidad parece estar en la sala de espera de la felicidad!» Todo es cuestión de expectativas... es decir, cuando la perra obtiene la comida, se ha acabado ya el momento en el que la he visto realmente feliz. Y en tus libros, he encontrado el mismo tipo de razonamiento… también dices que es justamente en la anticipación del placer donde reside el placer"



Puedes entrenar a una rata de laboratorio para que, cuando se encienda una luz en la jaula, deba presionar cinco veces la palanca para conseguir comida. La primera vez que la rata obtiene la comida, sube la dopamina. Pero al cabo de un tiempo, ¿cuándo sube la dopamina? No cuando la rata consigue la comida sino cuando se enciende la luz.

La rata está ahí pensando: «¡Esto es genial! ¡Genial! Conozco esa luz, sé dónde está la palanca, puedo alzarla, esto será fabuloso, puedo hacerlo, ¡todo está controlado!» Todo reside en la capacidad de anticipación, ahí es cuando sube la dopamina. Pero hay algo incluso más interesante, si la rata presiona la palanca y ahora obtiene la recompensa sólo un 50% de las veces, se introduce cierta incertidumbre. Y lo que se observa es que justo después de presionar la palanca, hay un aumento de dopamina como nunca antes se había visto, en la química cerebral, justo hasta el momento en el que la rata descubre si consigue o no la comida. Es decir: cuando se incorpora la dosis justa de «quizás», es incluso mejor que cuando se trata de «ahí viene sin duda».

Estos experimentos son extrapolables también a nosotros los humanos, lo que querría decir que según demuestran estos estudios, el nivel de incertidumbre ideal para nuestro cerebro y para disfrutar del efecto de anitipación está sobre el 50%. Con un 25% ó 75% no se consigue un aumento tan grande de dopamina. Si se llega justo a este punto de incertidumbre, el cerebro dice: «¡esto será genial! ¡Ahí viene! No, ¡tal vez no venga! No lo sé; ¡pero hoy me siento afortunado...!» Es mera anticipación. La gente que estudia el estrés, la psicología del estrés, siempre recalca que si sientes que no tienes control, te sientes muy estresado. Pero hay un contexto, sin embargo, en el que tener poco control, las máximas leyes de la imprevisibilidad, sienta genial ¿Cuál es la diferencia? Porque en este contexto te sientes optimista. Lo percibes como un entorno benévolo. «Posiblemente todo saldrá bien, y si no es esta vez será la próxima…» y ese «quizá» es tal vez lo más increíble que te puedas imaginar. Cuando se introduce cierta incertidumbre, hay un aumento espectacular de dopamina justo hasta que descubres si consigues o no la recompensa. Es decir: cuando el objetivo es suficientemente retador pero alcanzable, se incorpora la dosis justa de «quizás», que es mejor que la certeza.



Miedo a la Expectativa Positiva

Podría pensarse, por tanto que soñar y fantasear con que alcanzamos aquello que deseamos es una forma de anticipar la recompensa que está por llegar, pero también supone la oportunidad de imaginar cómo sería nuestra vida al alcanzar ese momento y planificar una estrategia en la consecución de dichos objetivos.

La doctora Barbara Fredrickson, autora del Modelo de Ampliación y Construcción, postula en sus estudios que la experimentación de emociones positivas tiene como consecuencia la ampliación y construcción de repertorios cognitivos que podrían, en un segundo momento, facilitar las acciones que nos lleven a la consecución de nuestros objetivos. Es decir, que sentir emociones positivas como la alegría, la satisfacción, la tranquilidad, el optimismo, etc., puede hacer que seamos más creativos en la búsqueda de soluciones y en la creación de planes orientados a metas.

Siguiendo la lógica de ambas líneas de estudio, la estrategia de coartar las emociones positivas para no decepcionarnos, para evitar sentir la frustración, también evita la posibilidad de, primero, sentir una serie de emociones positivas derivadas de la expectativa previa de lograr algo que deseamos y, segundo, de ser creativos en esa situación, de intentar soluciones diferentes, de pensar en las consecuencias positivas que tendría haber alcanzado ese objetivo, meta personal o logro. Soñar, visualizar y saborear la expectativa, en este sentido, es como un ensayo general de lo que puede ocurrir si persevero, porque todo este asunto de la expectativa positiva no sirve de mucho si no incluyo en el proceso la acción orientada a metas. La expectativa del éxito, al iniciar un proceso emocional positivo que incluye el aumento de los repertorios cognitivos, facilita una ampliación de los posibles planes de acción a llevar a cabo.

Fuentes: rtve, crecimientopositivo

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