lunes, 9 de mayo de 2011

¿Ayuda la inteligencia de cara a ser más felices o a ganar más dinero?


“Personas inteligentes, y a la vez felices, es la cosa más rara que he visto.” - Ernest Hemingway, escritor y Premio Nobel de Literatura (1899-1961)

Hemingway, sabía bien de ambas cosas: de inteligencia… y de infelicidad. Tras sobrevivir a dos guerras mundiales y a la Gran Depresión y tras haber tenido un incontable número de relaciones sentimentales fallidas, su gran cerebro nunca pudo ayudarle a descubrir cómo ser feliz.

Pero…¿hasta qué punto su reflexión resulta certera y se ajusta a la realidad?, ¿son inteligencia y felicidad incompatibles entre sí? Las personas más inteligentes no son más vulnerables a la infelicidad de forma natural que una persona promedio, sin embargo, las circunstancias pueden hacer que sea más fácil para ellos descubrir el lado amargo de la vida, principalmente si no han alcanzado un correcto grado de evolución emocional y social.



Si entendemos por inteligencia la capacidad o aptitud del ser humano para resolver problemas nuevos y para adaptarse al medio que le rodea, podríamos concluir, simplificando, que inteligencia es capacidad de reflexionar y llegar a conclusiones y obtener soluciones. Así, el inteligente, como ser reflexivo e introspectivo se plantea dilemas, cuestiones y emite juicios. Y cuanto más inteligente es, más cuestiones se plantea (quiere extender su saber y comprensión a todos los aspectos, le rodeen o no) y cuanto más cuestiones se plantea más cosas “desagradables” percibe (injusticias, mezquindades, problemas y más problemas sin solución: en la sociedad, en la política, en la vida,…). Y así las cosas, y si concebimos la felicidad como estado de ánimo al que aspirar (con múltiples manifestaciones, y muchas más para un ser reflexivo, véase como tranquilidad, paz, realización, etc.), podemos darnos cuenta fácilmente de por qué una persona inteligente tendría más problemas para ser feliz: tantos condicionantes y tantos parámetros decisorios acaban por sesgar negativamente el concepto de felicidad, de forma que es reformulado hacia lo inalcanzable, más aun si no encuentra con quién compartir sus dilemas (la gente que le rodea generalmente no se los plantea). Es cierto que la mayoría de la gente no tiende a pensar las cosas desde el mismo plano de reflexión e introspección que suele caracterizar a las personas muy inteligentes. Pensar, y cuestionarnos el mundo que nos rodea y nuestra vida no necesariamente ayudan a que nuestra vida sea más placentera. Es mucho más fácil seguir la corriente, dejarse llevar, ver la televisión, practicar deporte o asistir a fiestas y reuniones sociales.

Por una parte la inteligencia abre un millón de puertas para investigar, para realizar actividades nuevas con posibilidades de triunfar en ellas, para estar siempre aprendiendo, para enseñar si la paciencia nos acompaña, y en definitiva para comprender mejor lo que ocurre a nuestro alrededor. Pero por otra parte también es el arma más peligrosa que poseemos para alejarnos de los caminos comunes, de aquello que habitualmente se conoce como "hacer lo adecuado", y que suele ser a menudo más garantía de éxito en la vida en todos los sentidos que la exploración de nuevas alternativas.

Con cierta frecuencia nos podemos encontrar a excelentes trabajadores, muy buenos en su campo, que cumplen con sus obligaciones laborales y dan muy a menudo mucho más de lo que se espera de ellos en ese terreno, pero que luego tienen graves problemas en las relaciones personales, con dificultades para encontrar y mantener una pareja estable y/o amigos fuera del ámbito laboral que se adapten a "su forma de ser" y a su forma de implicarse en sus propios proyectos personales. Si para ser felices como seres sociables que somos necesitamos sentirnos integrados en una familia, un grupo de amigos, y sentirnos útiles a la sociedad, ser muy inteligente no es ninguna garantía para ser feliz. Como ejemplos de vidas irregulares y no excesivamente felices en los ámbitos personales tenemos a muchos de los grandes genios de la historia, Goethe, Nietzsche, Newton, Hemingway... famosos por sus grandes aportaciones a la humanidad, pero también por sus irregulares vidas emocionales.

La inteligencia y la felicidad no están relacionados

Argumentos como los previos han conformado el estereotipo aceptado de que las personas que tienen alta capacidad intelectual o talento por defecto son propensos a tener una vida emocional complicada. Pero no todo el mundo está conforme con ese concepto así por ejemplo el filósofo y escritor argentino Alejandro Rozitchner se rebela contra la idea de que la felicidad es exclusiva de los no inteligentes.


Pero… ¿la evidencia científica corrobora la opinión de la inteligencia resulta un impedimento de cara a alcanzar la felicidad y de disfrutar de la vida?. Aunque se han hecho pocos estudios para averiguar si la gente más lista es más feliz, todo indica que la inteligencia no influye en la dicha.



A menudo se supone, que una mayor agudeza mental resultará un obstáculo emocional. Hay, sin embargo, pruebas concretas, que demuestran el escaso vínculo existente entre la inteligencia y la felicidad. Y es que al contrario de lo que nos decía Lisa en uno de los episodios de los Simpson no parece existir correlación entre un alto grado de inteligencia y la infelicidad, de hecho parece resultar irrelevante, disponer de mayores habilidades mentales que el resto no hace que una persona sea más feliz, pero tampoco más infeliz.

Cuando se analiza el grado de satisfacción con la vida que muestran las personas con grandes habilidades verbales y de razonamiento analítico, no se encuentra ninguna relación estadísticamente significativa entre la felicidad individual y la inteligencia y en el caso de existir alguna la que existe es la que relaciona bajos niveles de inteligencia con infelicidad




Existen más estudios encaminados a evaluar la relación entre el talento intelectual y la satisfacción con la vida, por ejemplo el efectuado por Ruut Veenhove. En el nivel micro (o el centrado en los individuos), se hizo un balance de los resultados de 23 estudios de correlación (se llevaron a cabo en nueve países diferentes, con la participación de 15.501 encuestados), y nuevamente no mostraron correlación entre la puntuación en las pruebas de inteligencia y la felicidad. A nivel macro (evaluando la felicidad nacional), se evaluó la correlación entre el promedio de coeficiente intelectual y la felicidad media en 59 países (Lynn y Vanhanen, 2002). A primera vista, la correlación es positiva. Sin embargo, la relación desapareció cuando se consideraban las naciones pobres y ricas por separado y también cuando se comparaban las naciones culturalmente similares.

La interpretación de estos hallazgos por tanto es que la inteligencia no afecta a la felicidad, ya que parece que sus efectos positivos se compensan con los negativos. Los resultados de estos estudios evidencian que la inteligencia en sí misma no debería resultar ningún problema de cara a disfrutar de la vida, lo que sí resulta un problema es la deficiente evolución en el plano social y emocional de una persona con mucha capacidad intelectual. De ahí la importancia de potenciar la educación en los niños de en esos planos, principalmente si se trata de un niño con muchas dotes intelectuales e inteligencia.



Todos las personas evolucionan en cuatro vías principales de desarrollo: intelectual, física, social y emocional. La madurez social implica tener la capacidad para interactuar correctamente con otra persona u otro grupo de personas, así como la habilidad para construir una relaciones sólidas y beneficiosas con amigos o con una pareja. La madurez emocional por su parte se podría definir como la capacidad para hacer frente a cualquier crisis vital y saber dónde dirigirse para obtener apoyo cuando sea necesario.

Muchos niños con excelentes capacidades intelectuales tienen carencias en esos campos. Y no se desarrollan socialmente tan bien como lo hacen intelectual o incluso físicamente. Su desarrollo emocional también se queda atrás con respecto al de una “persona normal”, al no enfrentarse en su vida con una serie de situaciones y vivencias con las que sí se suelen topar el resto de personas (el trato con los amigos, las primeras relaciones de pareja, problemas, alegrías, etc…). Es en esos casos cuando la inteligencia sí supone un problema, porque si una persona ha crecido y evolucionado dejando de lado la importancia de su desarrollo social y emocional generalmente tendrá serios problemas al intentar hacer frente a algunas situaciones complejas que ofrece la vida.

Inteligencia y riqueza, ¿la gente más lista y los mejores estudiantes ganan más dinero y tienen más éxito profesional?

Aunque generalmente se tiende a pensar que las personas más inteligentes son las que tienen más posibilidades de acumular mayor riqueza, existen evidencias que desmienten esa idea. Resultados de un estudio reciente, realizado en Estados Unidos por Jay Zagorsky (investigador científico en la Universidad de Ohio) basados en la información obtenida de 7.403 estadounidenses que tenían en el momento del estudio entre cuarenta y cincuenta años, han demostrado que pueden hacerse fortunas sin necesidad de tener un CI espectacular o de ser estudiantes brillantes.


Aunque a mayor inteligencia la gente tiende a trabajar en puestos que requieren mayor formación y por tanto que tienden a estar mejor remunerados en promedio, a la hora de evaluar a la élite económica de nuestra sociedad según Zagorsky no se observa que la riqueza esté directamente relacionada con la inteligencia ya que no se aprecian diferencias destacadas ni correlaciones relevantes entre el dinero acumulado y la inteligencia del sujeto analizado. Las personas muy inteligentes tienen los conocimientos, pero no todos alcanzan lo más alto de la escala social y profesional.


¿Qué razones podrían explicar el hecho de que la inteligencia no sea especialmente relevante de cara a acumular riquezas?. ¿Qué factores resultan relevantes de cara a tener el suficiente éxito profesional para generar grandes sumas de dinero al margen de la inteligencia?. ¿Por qué muchas veces los alumnos más capaces y brillantes no tienen éxito en el mundo empresarial o de los negocios?. Algunas de las posibles causas serían las siguientes…

  • Muchos carecen de las habilidades en negocios que se necesitan para hacerse rico: liderazgo, capacidad de negociación y persuasión o tener mentalidad comercial. El espíritu empresarial es más un arte que una ciencia.
  • Falta de habilidades sociales: La mayoría de las personas ricas tienden a ser magos de la comunicación y la persuasión. Saben cómo interactuar con otros y convencerlos de que hagan lo que quieran. No todas las personas inteligentes son tan talentosas en la gestión de personas. Esto explica por qué el camino hacia la riqueza está más relacionado con las habilidades sociales que con las intelectuales. Una persona muy inteligente pero con problemas a la hora de comunicarse con los demás raramente conseguirá hacerse rico.
  • Carencia de red de contactos confiable: Está relacionada con el punto previo. Las personas con éxito económico necesitan rodearse de buenos contactos y personas confiables que le ayudan a la apertura de nuevas vías y oportunidades. Si una persona no dispone de esa red de contactos o de las habilidades necesarias para crearla se va a encontrar con muchas más dificultades a la hora de hacer crecer su negocio.
  • A veces, tener un grado de razonamiento analítico superior o ser muy intelectual no son necesariamente los mejores atributos para hacer dinero. Muchas personas inteligentes a menudo caen en la trampa de pensar demasiado las cosas lo que en ocasiones conduce a la parálisis a la hora de tomar medidas. Muchas veces lo único necesario para enriquecerse es ser capaz de arriesgarse, actuar o simplemente de efectuar un cambio pequeño o lograr un entendimiento más profundo de un producto para adelantarse a la competencia y diferenciarse. En internet podemos ver como existen muchas empresas que no están reinventando nada ni muestran una capacidad óptima a la hora de resolver problemas abstractos, pero en cambio han sido capaces de explotar alguna idea innovadora que en ese momento no existía en el mercado. Ganar dinero requiere un tipo específico de creatividad que no es inherente a la inteligencia. Para ganar dinero, hay que disponer de un producto o servicio valorable para vender. Muchas personas inteligentes son operativamente inteligentes, pero eso no quiere decir que sepan cómo dirigir una empresa o cómo vender.
  • Algunos han optado por carreras que no son especialmente lucrativas (científico, profesor).
  • No ser capaz de tomar riesgos. Para tener éxito en los negocios hace falta tener la voluntad de emprender, cometer errores y fallar y aprender de ellos. Muchas personas inteligentes se restringen por pensar demasiado acerca de los riesgos y no actuar en las oportunidades por temor al error o a no tenerlo todo controlado.
  • Falta de motivación: No hay duda de que enriquecerse requiere mucha motivación, determinación y emplear mucho tiempo. Ser inteligente no garantiza eso. A muchas personas de gran talento simplemente no les importa ser rico o crear algo grande para enriquecerse. La inteligencia por otra parte puede convertirse en una distracción, la gente inteligente tiene muchos intereses además de su trabajo. Por lo tanto, es posible que no se centren plenamente en él.

4 comentarios :

  1. Muy interesante tu post!!! Completamente de acuerdo con Alejandro Rozitchner....la inteligencia tiene que ser usada para vivir plenamente!!

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  2. Muchas gracias Chio, me alegra que haya gustado el post. Saludos!!

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  3. Interesantísimo :-) gracias.

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  4. COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA


    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia.

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente.


    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años

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