martes, 7 de diciembre de 2010

Carl Sagan y ese pequeño punto azúl pálido

Carl Sagan fue un popular astrónomo, astrobiólogo y un apasionado divulgador científico. La claridad y sensibilidad de Carl Sagan para poner la ciencia en la palma de nuestras manos es única, y su mente ha sido sin duda una de las más lúcidas que ha dado la humanidad, uno de los divulgadores de la ciencia más grande de todos los tiempos, un ejemplo de lo que debe ser un verdadero científico.

No puedo dejar de compartir uno de los más bellos e inspiradores videos de Carl Sagan, en el cual se puede apreciar su innegable pasión por la enseñanza de la ciencia, por la búsqueda de motivar e inspirar a todos aquellos que se dispusieran a escucharlo, y por demostrar que la ciencia no es una disciplina fría y ajena a nosotros, sino que puede ser hermosa, repleta de poesía, metafórica y literalmente.

Un vídeo que quizás debería difundirse en todas las escuelas del mundo en el que Carl Sagan reflexiona sobre la pequeñez de la especie humana y su relación con el planeta, con una inspiración llena de sabiduría y humildad.



"Mira ese punto. Eso es aquí. Eso es casa. Eso es nosotros. En él se encuentra todo aquel que amas, todo aquel que conoces, todo aquel del que has oído hablar, cada ser humano que existió, vivió sus vidas. La suma de nuestra alegría y sufrimiento, miles de confiadas religiones, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y recolector, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y cada campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, cada esperanzado niño, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada “superestrella”, cada “líder supremo”, cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió ahí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de luz del sol.

La Tierra es un muy pequeño escenario en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre vertida por todos esos generales y emperadores, para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en amos momentáneos de una fracción de un punto. Piensa en las interminables crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de ese pixel para los apenas distinguibles habitantes de alguna otra esquina; lo frecuente de sus incomprensiones, lo ávidos de matarse unos a otros, lo ferviente de su odio. Nuestras posturas, nuestra imaginada auto-importancia, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida.




Nuestro planeta es una mota solitaria de luz en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ni un indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora que alberga vida. No hay ningún otro lugar, al menos en el futuro próximo, al cual nuestra especie pudiera migrar. Visitar, sí. Colonizar, aún no. Nos guste o no, en este momento la Tierra es donde tenemos que quedarnos. Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Quizá no hay mejor demostración de la tontería de los prejuicios humanos que esta imagen distante de nuestro minúsculo mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratarnos los unos a los otros más amablemente, y de preservar el pálido punto azul, el único hogar que jamás hemos conocido.”


El doctor Sagan fue un adelantado a su época, y transmitió a toda una generación de jóvenes una pasión natural por la divulgación científica, y por su magistral habilidad de enseñar una amplia diversidad de temas científicos como si de la más bella poesía se tratasen.

Nos demostró que la ciencia es el mejor método que tenemos para conocer el mundo y el universo en el que vivimos ya que no se conforma con explicaciones simplistas o egocéntricas, sino que siempre seguirá profundizando hasta encontrar verdades que se ajusten cada vez más a la realidad. Esa ciencia que se encarga de salvar millones de vidas a diario, a través de la investigación, mejora y perfección de las técnicas y medicamentos utilizados y ha triplicado la expectativa de vida de toda la raza humana, al mismo tiempo que ha mejorado inmensamente la calidad de vida. La que nos permitió descubrir mundos invisibles a simple vista, microscópicos, y a través del entendimiento de esos mundos combatir males y enfermedades. La que permite la comunicación actual entre personas, a través de medios tan útiles y a la vez tan complejos como Internet. La que genera el desarrollo de todas las tecnologías de las cuales dependemos hoy en día, desde los medios de transporte hasta el consumo de alimentos procesados. La que nos ha permitido visitar otros mundos vecinos y maravillarnos con lo que descubrimos acerca de estos. Y también la que nos permitió desentrañar el código genético que subyace en cada uno de nosotros y descubrir de esta forma el lazo que compartimos con todos los seres vivos de nuestro planeta.

A algunas personas se les tendría que permitir vivir dos o tres vidas, porque con una sola no es suficiente para que brinden al mundo todo lo que tienen por dar. Carl Sagan debería haber sido una de esas personas; con él perdimos uno de los más preciosos tesoros del mundo científico.





“Me gustaría creer que cuando muera seguiré viviendo, que alguna parte de mí continuará pensando, sintiendo y recordando. Sin embargo, a pesar de lo mucho que quisiera creerlo y de las antiguas tradiciones culturales de todo el mundo que afirman la existencia de otra vida, nada me indica que tal aseveración pueda ser algo más que un anhelo. El mundo es tan exquisito, posee tanto amor y tal hondura moral, que no hay motivo para engañarnos con bellas historias respaldadas por escasas evidencias. Me parece mucho mejor mirar cara a cara a la muerte en nuestra vulnerabilidad y agradecer cada día las oportunidades breves y magníficas que brinda la vida, mientras dura.” [Carl Sagan, 1996]

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