sábado, 20 de marzo de 2010

La imperfección de la perfección



“If you want to ride the ultimate wave, you have to be willing to pay the ultimate price.” (“Si quieres surfear la mayor de las olas tienes que estar dispuesto a pagar el mayor de los precios”).

A los 19 años, Mark Foo era un surfista profesional, uno de los grandes del ISP World Tour; pero sólo tres años después decidió abandonar la competición para surfear olas gigantes en Waimea, Hawaii y dedicó su vida a perseguir la ola inalcanzable.

La física de coger olas tiene que ver con variables y principios básicos como: velocidad de la ola, velocidad del surfer, tamaño de la ola, longitud de la tabla, energía cinética, etc… Teniendo en cuenta estas variables dentro de las ecuaciones, se llega a deducir que a partir de un tamaño de entre 12 y 15 metros es imposible subir o entrar en la ola de la manera tradicional, o sea “remándola”. Con esa altura, las olas se mueven a una velocidad de mas de 40 kilómetros por hora, y tus pocas posibilidades son:

1.-No llegar a la ola y que te pase por debajo
2.- Caer a plomo, cuando ya ha roto, bajo toneladas de agua (con muchas posibilidades de romperte el cuello, no sería el primero al que le pasa)
3.- En el límite del tamaño de ola y dependiendo de la longitud de la tabla, aunque consiguieras hacer el “take-off”, la inercia que te proporciona tu remada no te proporciona energía suficiente para deslizarte a la velocidad necesaria por la ola, y esta acabaría atrapándote.

Los surfers de olas gigantes lo saben, y ahora surfean esas olas con la ayuda de motos de agua, lo que se llama “tow-in” surf, pero para Mark Foo ese era el reto: subirse en la ola imposible sin ayuda. Y es a eso a lo que dedicó su vida.

El 23 de diciembre de 1993, murió en un accidente surfeando una ola gigante en Mavericks, tal vez la ola mas famosa de la costa de California.

Ahora una historia mucho menos mítica:

En 1997, y tras muchos años de afición, me apunté a una escuela de ajedrez con el maestro Yan, donde estuve un par de años estudiando y compitiendo. Empecé a comprar montones de libros sobre aperturas, medio juego, problemas, defensas, sacrificios…Pasaba horas analizando finales y celadas, ensayando con el ordenador y resolviendo esos problemas del periódico que dicen “juegan blancas y ganan”. Tras dos años de intensísmo estudio y entrenamiento al límite, conseguí llegar a ser un jugador…lamentable

No exagero.

Jugaba cientos de partidas de todo tipo al mes: “Blitz” (rápidas); sin límite de tiempo; contra el ordenador; en la escuela o en campeonatos… y acabé entrando en un bucle obsesivo intentando ganar partidas imposibles. Si jugaba una partida y la ganaba era porque, o bien había tenido suerte o bien era mejor jugador que mi contrario, y ambos casos hacían de la partida algo insatisfactorio. Por otro lado, si jugaba una partida y perdía me sentía fatal por no conseguir ganar a alguien mejor que yo. En resumen: si ganaba, perdía, y si perdía, perdía.

La diferencia entre el caso de Mark Foo y la del lamentable jugador de ajedrez es obvia. La primera es la historia de un ser único. La segunda es una versión exagerada de la de aquellos que se retan a ser los mejores y al no serlo se frustran por el camino. Ambas historias hablan de la búsqueda de la perfección, pero la primera habla de la perfección como viaje y la segunda habla de la perfección como meta. Ambas, aunque salvando las distancias, son historias tristes porque, por desgracia, la gran mayoría de las veces alcanzar ese objetivo imposible conlleva un peaje elevadísimo.

La cuestión, en términos generales, no es si debemos aspirar a la perfección o no, sino cómo buscarla. Cuando estás dedicado en cuerpo y alma a hacer algo, ya sea un cuadro, un diseño, una serie de televisión o una empresa, la búsqueda de la perfección suele ser un peligroso compañero. Si no se consigue tomar la suficiente distancia como para saber parar a tiempo y permitirse el fracaso, lo que aparentemente era una motivación para sacar lo mejor de tí, puede convertirse en el principio básico de muchas desilusiones.

La curva del proceso de creación es muy gratificante y avanza muy rápido en el corto plazo, pero a partir de ahí, las pequeñas mejoras generadas por la obsesión de la perfección suelen ser poco rentables en términos esfuerzo/resultado. Peor aún, si sigues profundizando más y más en llegar a esa inalcalzable perfección (inalcanzable porque cuando llegas a ella inmediatamente quieres ir más allá, y el proceso se reinicia), es probable que en un momento dado te “ilumines” y todo lo que has hecho se desmorone, porque de pronto, “de manera objetiva”, te parece que lo que has creado es basura y carece de sentido.

Intentar alcanzar la perfección es la historia de intentar llegar al horizonte, a un punto que se mueve, a un lugar que no existe. En términos generales lleva a la ineficiencia y al sufrimiento, salvo que seas muy consciente de que sólo es el “drive” que te mueve y no el destino que te espera. Una buena máxima sería mantenerse en la búsqueda de la perfección, pero sólo mientras el viaje merezca la pena.

Fuente

2 comentarios :

  1. Alguien dijo: "La perfección lleva a la imperfección" Tampoco se trata de ser mediocres,sino de disfrutar el viaje como dices, y si disfrutas haciendo algo pues traes algo del más allá para esta tierra, aunque sea algo simple como limpiar pisos... algo así lo dijo Osho.
    Al centrarnos en una parte del Todo nos perdemos de la hermosa vista de ese Todo.
    Saludos!
    robertex

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  2. Ah! ahora recuerdo algo más de Osho, en su libro "Creatividad" el le aseguraba a un pianista(que no se sentía buen compositor y nada creativo)que después de practicar 10 años fuertemente el piano, lo deje durante otros 10 años haciendo todo menos tocar el piano y al volver al piano sería genial!.
    Que tal si hacemos la prueba contigo, ya practicaste ajedrez tanto tiempo, ahora lo dejas el mismo tiempo ni siquiera juegues por internet. Y en unos años veremos qué ocurre! Qué opinas te animas?
    Tal parece que es un proceso de maduración por el que debemos pasar.
    Saludos!
    robertex

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