miércoles, 29 de junio de 2011

La música, el lenguaje universal

"La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido" Leonard Bernstein

Confianza, placer, euforia, tranquilidad, recuerdos de momentos y lugares... Estas son sólo algunas de las variadas e intensas emociones y sensaciones que provoca en los seres humanos la música, esa singular combinación de melodía, ritmo y armonía, que según el escritor Oscar Wilde era "el arte más cercano a las lágrimas y los recuerdos". Escuchamos antes de que podamos ver y oler, y es desde el estado embrionario cuando se captan los primeros sonidos procedentes del latido del corazón o la respiración de la madre. Nada más nacer, nos adentramos en un océano de sonidos y vibraciones que nos acompañará el resto de nuestra vida.



Los efectos de la música sobre el comportamiento han sido evidentes desde los comienzos de la humanidad. A lo largo de la historia, la vida del hombre ha estado complementada e influenciada por la música. La música ha sido y es un medio de expresión y comunicación no verbal, que debido a sus efectos emocionales y de motivación se ha utilizado como instrumento para manipular y controlar el comportamiento del grupo y del individuo.  La música nos hace llorar, reir y enamorarnos... A diferencia de la palabra hablada, la música conecta directamente con nuestro subconsciente, con el lado más primitivo de nuestro cerebro, y es capaz de hacer que genere endorfinas, adrenalina o se modifiquen nuestros niveles de serotonina. La música ha tenido un papel preponderante, a nivel evolutivo, en el sentido de que es un lenguaje universal, que nos sirve para expresar lo que sentimos, y desde siempre ha sido un elemento socializador y presente en todo tipo de actos, rituales, ceremonias o celebraciones.

Independientemente de los efectos que en el ser humano provoca, la música también influye de manera directa en plantas y animales. En 1968 Dorothy Retallack, organista y soprano norteamericana, llevó a cabo un experimento con calabazas de verano. En dos ambientes separados se transmitían dos estilos musicales: rock y música clásica. Al cabo de ocho semanas las diferencias no pasaron inadvertidas, las semillas expuestas a piezas de Beethoven, Brahms y Schubert, habían dirigido sus tallos al equipo transmisor de sonido, e incluso se enroscaron alrededor del mismo. Por su parte, las expuestas a música rock estresante, crecieron en dirección opuesta al equipo de sonido tratando de trepar por las paredes resbaladizas de su caja de cristal y consumiendo mucha más agua. La música no sólo parece intervenir en el crecimiento de las plantas, experimentos llevados a cabo en Suiza con vacas lecheras, donde eran expuestas a música clásica mientras se ordeñaban, determinaron que la producción de leche aumentaba debido a que se encontraban más relajadas. Sin embargo, es en el ser humano donde la música alcanza su máxima expresión.

La música, una droga para el cerebro

La música produce un amplio abanico de respuestas que pueden ser inmediatas, diferidas, voluntarias o involuntarias. Dependiendo de las circunstancias personales (edad, etapa de desarrollo, estado anímico, salud psicológica, apetencia) cada estímulo sonoro o musical puede inducir una variedad de respuestas en las que se integran, tanto los aspectos biofisiológicos como los aspectos efectivos y mentales de la persona. A nivel mental, la música puede despertar, evocar y fortalecer cualquier emoción o sentimiento.



A la hora de plantearnos por qué existe la música, distintos autores han construido opiniones variadas al respecto. Según Steven Pinker, psicólogo y científico cognitivo, la música cosquillea varias partes del cerebro, al igual que una tarta de queso hace lo propio en el paladar. En general, podemos afirmar que cualquier actividad importante para nuestra supervivencia, ya sea comer, tener relaciones sexuales o llevar a cabo determinadas actividades físicas, nos produce placer. De esta forma, y gracias a este incentivo o recompensa, la evolución se asegura de que tenemos una buena motivación para reproducimos, alimentamos y mantenemos en buena forma física, requisitos fundamentales para que la especie no se extinga. No obstante, hemos aprendido a puentear nuestros sistemas de recompensa para acceder directamente a ellos. Ingerimos alimentos que carecen de valor nutritivo y mantenemos relaciones sexuales sin intención de procrear, simplemente por el mero placer de comer grasas y dulces o disfrutar del sexo. Según Pinker, lo mismo ocurre con la música: es una especie de botón mental que, al apretarlo, hace que nos emocionemos y experimentamos sensaciones inalcanzables por otros medios.

El placer que dispensan todas estas actividades, incluidas la música, es 'culpa' de la dopamina, un neurotransmisor que es secretado por el cerebro. Forma parte del "sistema de recompensa" que refuerza comportamientos indispensables para la supervivencia (buscar comida), o que desempeña un papel en la motivación (conseguir dinero) y la adicción (consumir drogas).

La música también nos puede producir este intenso placer. Escuchar de nuevo una canción que hace tiempo no oíamos, vivir intensamente un concierto, descubrir un nuevo tema en la banda sonora de nuestras vidas. Detrás de este sentimiento causado por algo tan abstracto como la música también se encuentra la dopamina. Hay estudios que nos sugieren que nuestros niveles de dopamina son hasta un 10% más elevados cuando escuchamos música que nos agrada. Esto demuestra que las personas obtenemos placer de la música, una recompensa abstracta, la cual es comparable con la que logramos con estímulos biológicos más básicos.


¿Provoca el mismo efecto en todas las personas? ¿la música es verdaderamente un lenguaje universal, como suele afirmarse? De acuerdo con un estudio del Instituto Max Planck de Neurología de Leipzig (Alemania), la respuesta a este último interrogante es afirmativa, ya que los sentimientos expresados musicalmente se entienden igual en todo el mundo y la música logra superar sin mayores dificultades las barreras entre las culturas.

¿Por qué escuchamos música?

Es lógico pensar que si la música resulta algo tan universal, que nos acompaña desde hace miles de años, es porque debe ejercer alguna función. No fue hasta mediados del siglo pasado que se comenzaron a dar explicaciones estrictamente científicas sobre el efecto de la música en el hombre. Dibner, Whitehead y Lidz descubrieron que un estilo musical ocasiona una respuesta emocional y que la música es un camino en el cual el individuo puede aliviar su tensión y frustración. Poch en 1999 establece el principio de compensación, según el cual todos buscamos en la música aquello de lo que carecemos en un momento determinado (inspiración, energía, serenidad, quietud…). Por consiguiente, elegimos en cada momento la pieza musical o el tipo de música que puede suplir nuestras carencias a través tanto de la audición como de la expresión instrumental, el canto o la danza. 

El año pasado (Lonsdale and North, 2010) se publicó un estudio que identificó los seis factores fundamentales que hacen que la gente escuche música, son los siguientes:


  • Identidad personal. El tipo de música que nos gusta da información sobre aspectos de nosotros mismos. Incluso los géneros más amplios como el Rock, el Blues o la música Clásica. Al mismo tiempo, también nos descubrimos a nosotros mismos a través de la música; es posible crear y proyectar una imagen de nosotros mismos.
  • Gestionar el buen estado de ánimo. Cuando se está de buen humor, la música favorece la esperanza y el optimismo, incluso tras una mala experiencia. En un estudio publicado este mismo año, se dijo a los participantes que habían realizado mal una tarea. Aquellos a quienes se les puso música animada y positiva después, se mostraron más positivos y optimistas respecto al futuro que aquellos que esperaron en silencio.
  • Gestionar el bajo estado de ánimo. Otro de los motivos por los que escuchamos música es para lidiar con las emociones negativas. Cuando se está de bajón, puede resultar catárquico escuchar música triste y pesimista. De algún modo, ayuda a identificarse con el artista, reduciendo la sensación de soledad. La música se utiliza para aliviar tensiones, expresar sentimientos y evadirse de la rutina diaria. Diversos estudios han demostrado que la música donde predominan los ritmos lentos parece especialmente efectiva para relajar a personas de naturaleza introvertida, si bien no parece suceder lo mismo o al menos no resulta tan efectiva con gente de temperamento extrovertido. Según David Huron, de la escuela de música de la Universidad de Ohio, la gente que disfruta escuchando música triste lo que realmente está experimentando son los efectos de la prolactina, una hormona que el cuerpo libera cuando estamos tristes o depresivos, y que nos ayuda a sentirnos mejor.  La gente que no soporta escuchar música triste, según Huron, no segrega altos niveles de prolactina al escuchar este tipo de música, por lo tanto lo único que consigue es sentirse aún más triste, pero ni rastro de nada reconfortante.
  • Para aprender de los otros y el mundo. La gente escucha música por la forma en que esta describe y enseña el mundo. Cuenta historias y pensamientos de otra gente; muestra lugares y accesos a nuevas experiencias. La investigación al respecto resalta la importancia de la información que la música proporciona sobre nuestra personalidad, y cómo somos capaces de juzgar a otros sólo basándonos en sus canciones favoritas.
  • Relaciones interpersonales. Otro factor importante resultó ser la influencia de la música en el contexto social. La música es un tema de conversación, es una forma de establecer un contacto. La relación de la música con temas como el amor o la amistad es incuestionable. Es más, un estudio llevado a cabo en Francia demostró que la probabilidad de que una mujer accediera a una cita aumentaba casi el doble si sonaba música romántica (en concreto, Je l’aime à mourir, de Francis Cabrel) cuando se le preguntaba.
  • Diversión. Escuchamos música porque es divertido. Es algo que hacer cuando no hay nada que hacer. Sin embargo, un reciente estudio demuestra que es mejor no utilizar música de fondo cuando se está tratando de realizar una tarea complicada, especialmente, música triste: distrae y reduce la ejecución en tareas cognitivas estándar.
La música que nos transforma

Más allá de las concepciones artísticas, pedagógicas o populares, la ciencia esta ubicando a la música en un terreno importante en cuanto ésta se ha convertido en colaborador para la disminución de trastornos de índole físico, psíquico o psicosomático.

Los últimos hallazgos en neurología, psicología y biología habrían demostrado que escuchar una música agradable al oído no solo modifica nuestro estado de ánimo sino que contribuye notablemente en nuestro desarrollo cognitivo, en el estímulo de la inteligencia e incluso en la salud. Los diferentes elementos que componen la música (armonía, ritmo, melodía, timbre, frecuencia, intensidad, volumen) se combinan de manera tal que pueden lograr cambios en distintos aspectos como el estado de ánimo o la ansiedad; influyendo en el rítmo cardíaco, la frecuencia respiratoria, la tensión arterial, provocando cambios en el metabolismo y estimulando el tálamo y la corteza. La música despierta áreas del cerebro relacionadas con la atención, la memoria y la predicción de eventos.

A nivel fisiológico, la respiración, el ritmo cardíaco y el pulso tienden en general a aumentar con música estimulante y a disminuir con música sedante. Un ejemplo clásico de este último estilo es la canción de cuna, con carencia de ritmos marcados y percusivos y una melodía ligada. Las melodías lentas con cadencias descendentes y tonos menores provocan sensaciones de tristeza e introversión mientras que las melodías movidas con cadencias ascendentes y tonos mayores provocan sentimientos estimulantes y más alegres. La mezcla de estos sentimientos provoca una serie de emociones en el cerebro humano.

La mayoría de los recién nacidos pueden hacer discriminaciones sonoras sobre la base de numerosos parámetros acústicos, particularmente intensidad y frecuencia. Sonidos de baja frecuencia ejercen un mayor efecto tranquilizador sobre el llanto que los sonidos de frecuencias más altas. El ruido blanco suele calmar a los bebés. Este ruido es una mezcla de todas las frecuencias audibles de grave a agudo emitidas a la vez. Se trata de un sonido muy similar al del mar o al de una cascada. Nos relajan precisamente por esto.



El nivel de hormonas del estrés en sangre baja de forma importante al escuchar música relajante, y en algunos casos elimina la necesidad de medicamentos. Hay estudios que demuestran que los enfermos que oyen música tranquilizadora durante quince minutos necesitan menos dosis de sedantes y menos anestesia para operaciones muy dolorosas. Otros estudios demuestran que la música rítmica y a gran volumen aumenta la producción de hormonas estresantes en sangre de atletas durante los entrenamientos. El Instituto de Investigación del Cáncer del Reino Unido demostró en el 2002 que las técnicas de relajación con música pueden reducir hasta en un 30 por ciento los efectos secundarios de los tratamientos contra el cáncer de mama, se disminuyen considerablemente los dolores y las náuseas derivadas de la quimioterapia y el uso de música reduce la ansiedad que algunos pacientes experimentan al entrar en una máquina para tomografía o resonancia magnética.

Es por ello que la música es susceptible de ser utilizada como terapia, con el objeto de atender necesidades físicas, emocionales, sociales y cognitivas. Este tipo de tratamientos se denomina musicoterapia, y entre otras cosas ayuda a desarrollar:

• El lenguaje y la comunicación: ya que mejora la inteligibilidad del habla.
• La Motricidad: ya que promueve la coordinación psicomotora
• El bienestar personal y social: ya que favorece el desarrollo de sentimientos de autoestima y autonomía.

La musicoterapia se origina en tiempos muy lejanos. Los chamanes, brujos y curanderos han sido las primeras figuras en usar esta terapia, quienes usando los primeros ritmos, tonadas, sonidos, llegaban a niveles alterados de conciencia con fines mágicos o religiosos. Existen datos concretos de que esta práctica fue utilizada en la mayoría de las tribus y culturas de la antigüedad, entre las más avanzadas podemos encontrar a la cultura griega y la cultura egipcia que la han usado para provocar efectos psicológicos. También en la cultura japonesa, china e india encontramos diversas prácticas basadas en la música para lograr cambios en el estado de ánimo. Más aún, se sabe que hace más de 2500 años, Pitágoras aconsejaba tacar un instrumento musical o cantar para vencer emociones como la ira, los miedos y las preocupaciones.

A partir de tales tradiciones, durante el presente siglo se ha sistematizado el estudio de los efectos psicológicos y orgánicos de la música y se ha reconocido a la musicoterapia como vertiente terapéutica de valor concreto. Sus aplicaciones son cada día más variadas y numerosas: bulimia y anorexia, drogadicción, depresión, estimulación de bebés prematuros, hiperactividad, trastornos del lenguaje, rehabilitación de funciones motoras, dolor crónico, preparación al parto...

El objetivo de la musicoterapia no es curar sino mejorar la calidad de vida y la salud física, social, comunicativa, emocional e intelectual de muchas personas, enfermas y también sanas. Se trata de una actividad terapéutica en plena expansión y con una sólida base científica. Sus profesionales son médicos, psicólogos, pedagogos y músicos titulados con una formación de postgrado en esta materia, equivalente a una carrera de tres años. En España hay hospitales como La Paz, Gregorio Marañón y El Niño Jesús en Madrid que cuentan con su unidad de Musicoterapia, pese a todo hay otros países como Estados Unidos, Holanda o Finlandia en los que su práctica está mucho más extendida.

Efectos subliminales de la música

Los efectos de la música nos afectan también en aspectos menos evidentes, por ejemplo se ha demostrado que la música es capaz de variar comportamientos también a nivel subliminal. De hecho, existen suficientes pruebas que demuestran cómo la música en los supermercados, aeropuertos o ascensores puede ser utilizada para reforzar o estimular los hábitos de compra, para relajar, aliviar tensiones o para obligar al público a permanecer más tiempo frente a una estantería. A nuestro alrededor suena música a todas horas. Sin embargo, hay un tipo de música, el hilo musical que suena mientras hacemos la compra, que no es tan insignificante como parece. La música que suena en los centros comerciales no sólo es relleno acústico para el silencio. Tampoco está orientada a hacernos más llevadera la estancia.

Los secretos de la música de los centros comerciales tienen fuertes componentes maquiavélicos. Porque afectan a la conducta. Y a las ventas. La corporación Muzak empezó a comercializar bandas sonoras para tiendas y ambientes de trabajo en 1928. Desde entonces, Muzak se ha sofisticado enormemente tras recabar toda clase de conocimientos acerca de cómo influye la música en nuestras emociones, conductas de compra, movimientos físicos, velocidad de masticación y capacidad de razonamiento.



Los clientes de las tiendas que hacen sonar música Muzak por su hilo musical dedican un 18% más de tiempo a las compras y realizan un 17% más de adquisiciones. Una detallada investigación sobre el ritmo, el tono y el estilo de la música ha revelado que una selección cuidadosa de sonidos puede tener un impacto significativo sobre el consumo, la producción y otras conductas cuantificables. Las ventas de ultramarinos aumentan un 35 por ciento si los establecimientos emiten la música Muzak a ritmo más lento. Los restaurantes de comida rápida utilizan música Muzak con una cadencia mucho más rápida para incrementar la velocidad a la que los clientes mastican. La ropa de colores llamativos se vende mejor en tiendas con música de discoteca, y los artículos baratos se encuentran en los entornos más ruidosos para que los clientes dediquen menos tiempo a examinar la calidad de la mercancía. Un estudio comprobó cómo en una tienda de vinos de Francia los clientes, si escuchaban música clásica de fondo, tendían a comprar vinos más caros. También hay estudios que señalan que en los restaurantes, con una música más lenta y agradable, los comensales permanecen más tiempo y son proclives a dar propina. En algunas tiendas, los responsables tienen el aire acondicionado puesto alto para que la gente no se pare demasiado y circule. Todo está estudiado.

Más de 2.600 empresas de moda disponen de hilo musical en España para estimular las compras, las empresas usan música de ritmos suaves cuando hay pocos clientes en los establecimientos para invitarles a quedarse, mientras que los ritmos más rápidos sirven para momentos en que la afluencia de la clientela es masiva, para que la compra sea más dinámica y evitar así aglomeraciones.

Y es que la música aunque no ejerce un efecto directo sobre el consumo, ayuda es a generar estados de ánimo positivos, como la euforia, o negativos, como la melancolía, que hacen que el cliente consuma un producto u otro. El sonido del silencio es una oportunidad de venta desaprovechada.

¿Qué dice sobre nosotros la música que escuchamos?

La música impregna interiormente dejando huella de su paso y de su acción. Nuestra conducta musical es una proyección de la personalidad, escuchando o produciendo música nos manifestamos tal como somos o como nos encontramos en un momento determinado, reaccionando de forma pasiva, activa, hiperactiva, temerosa... 

Si nos gusta el jazz probablemente tengamos una forma de pensar y una relación con los demás distinta a la de aquellas personas amantes del rap o el hip-hop. Según los resultados de un estudio realizado en 2003 por Rentfrow y Gosling, investigadores de la Universidad de Texas, la elección de la música refleja una personalidad característica. El trabajo publicado en la revista Journal of Personality and Social Psychology con el sugestivo título de “El do-re-mi de la vida cotidiana: la estructura y los correlatos de la personalidad de las preferencias musicales” relata un estudio realizado con más de 3500 individuos, en el que cruzaban los gustos musicales y los elementos de la personalidad. Tras mucho test, mucha encuesta y mucha calculadora, los investigadores pudieron establecer cuatro grupos de personalidad con sus correspondientes gustos musicales.

La música clasificada como reflexiva y compleja (clásica, jazz, blues, folk) agradaba a individuos tranquilos, inteligentes, tolerantes, y no muy dados a las actividades atléticas y deportivas.


La música rebelde e intensa (alternativa, rock, heavy metal), gustaba a otro grupo, abierto también a nuevas experiencias y cuyos integrantes se consideraban inteligentes, sentían curiosidad por conocer cosas diferentes, asumían riesgos con gusto y eran físicamente activos.

Los autores distinguían un tercer grupo, el de la música optimista y convencional, integrado por el pop, la música religiosa, el country y las bandas sonoras, que era del gusto de individuos alegres, responsables y dispuestos de buen grado a ayudar a los demás.

Por último, la música enérgica y rítmica (rap/hip-hop, soul/funk, electrónica/dance) es la favorita de personas desenvueltas, parlanchinas, llenas de energía, y que evitan posiciones e ideas conservadoras.

Aunque la idea de que los gustos musicales definen la personalidad puede parecer simplista, los participantes consideraban que revelarlos suponía, tras la confesión de los hobbies personales propios, la forma más nítida de desnudar su carácter. Otros estudios análogos también sugieren que los gustos musicales y el tipo de personalidad están estrechamente relacionados, como por ejemplo el realizado por el profesor Adrian North de la Universidad Heriot-Watt, Escocia a más de 36.000 personas en todo el mundo.

La siguiente gráfica detalla los resultados y las relaciones entre estilos musicales y personalidad que obtuvo el profesor North



Nos hallamos, pues, ante un nuevo campo, el de la caracterología musical, cuyas implicaciones son inmensas, por ejemplo, en Psicología Industrial. Quizás ese seguidor de Laura Pausini sea idóneo para el puesto de oficinista, el chico que se emociona con AC/DC puede ser un excelente antidisturbios. Y si buscasemos a alguien dinámico y amistoso, el que le guste funky o hip-hop podría ser una buena referencia. Igualmente si tenemos en cuenta los rasgos que deben adornar idealmente a un psiquiatra, que le gustase la música clásica, el folk o el blues sería una interesante referencia.

Infografía vía Bufferapp

Y para cerrar el post no quiero dejar de mencionar uno de los estudios más curiosos y quizás controvertidos que se han realizado acerca de la música, y es el realizado por el California Institute of Technology, que sugiere que la música que escuchamos puede ser un indicativo de nuestro nivel intelectual. Tras recopilar datos de los gustos musicales de estudiantes de variadas universidades y haciendo una comparación con la puntuación obtenida en el SAT (examen estándar utilizado para seleccionar el ingreso a la educación superior en EE.UU) obtuvieron unos resultados de lo más sustanciosos... y ¿polémicos?. Buenas noticias para los amantes de Beethoven, Cat Stevens, Radiohead, U2, Bob Dylan o Norah Jones. Bastante malas para todos aquellos fans del hip hop o del reggaeton . Sin más os dejo con la gráfica que ilustra el estudio.




12 comentarios:

  1. Hola, me gustaría saber quien es el autor del artículo y cómo debo citarlo en mi trabajo

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  2. Hola, en primer lugar muchas gracias por interesarte y preguntarme.

    Puedes utilizar libremente todo lo que está en este artículo (y en general en todo el blog), únicamente me gustaría que dónde lo hicieses indicases un enlace a mi blog (por ejemplo en este caso a... http://jesusgonzalezfonseca.blogspot.com/2011/06/la-musica-el-lenguaje-universal.html).

    Mi nombre si deseas utilizarlo es Jesús González Fonseca, para cualquier otra duda o comentario que desees realizarme puedes escribirme a jpgfonseca@gmail.com

    Igualmente como te comento puedes utilizar libremente todo lo que está en mi blog, creo que el conocimiento debe utilizarse para compartirlo y utilizarlo en beneficio de todos. Me alegra que lo que haya escrito te haya resultado de interés.

    Saludos

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  3. bueno todo lo q has dicho sobre la musica esta muy bien muy bien......felicitaciones

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  4. Excelente artículo, soy estudiante de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia ¿puedo citarlo para mi trabajo de semestre?

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    1. Por supuesto Diego, sin ningún problema, puedes utilizar o citar lo que desees del blog o de esta entrada.

      Saludos

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  5. Saludos, ya obtuve el articulo del 2003 de Rentfrow y Gasling de la Universidad de Texas, pero quisiera que me escribiera la referencia de los otros artículos que utilizo para mencionar ejemplos de como la música influencia en los estados de ánimos e incluso en el intelecto. Gracias!

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    1. Hola Karen, al margen de lo indicado en las fuentes del post te paso unos links que referencian a la mayoría de estudios mencionados en el post, espero que te sirvan de utilidad



      1) The social psychology of music and musical taste


      2) The effects of interactive music therapy on hospitalized children with cancer: a pilot study.

      3) Language Of Music Really Is Universal

      Thomas Fritz, Sebastian Jentschke, Nathalie Gosselin, Daniela Sammler, Isabelle Peretz, Robert Turner, Angela D. Friederici, Stefan Koelsch. Universal Recognition of Three Basic Emotions in Music. Current Biology, 2009; DOI: 10.1016/j.cub.2009.02.058

      4) Poch, B:S, 1999. Compendio de musicoterapia, vol 1. Herder, Barcelona

      Saludos!

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  6. Excelente articulo, me ayudo mucho ..... :)

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  7. Ufff hacía tanto tiempo q no leía temas interesantes como este. Muchas pero MUCHAS GRACIASS!!

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  8. No soy mucho de leer sobre este tema, pero hoy lo he hecho por mi hija, le dejaron de tarea y me parece muy interesante este articulo, ..definitivamente en todo lo que podemos tocar y que produce un sonido creo que desde ya es música, todo esta en la forma como lo expresemos. Gracias

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  9. Muy interesante tu árticulo, felicidades.

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