domingo, 18 de abril de 2010

¿Es más amable la gente con los guapos?

¿Se porta la gente mejor con quienes son guapos? Parece evidente la importancia de la belleza y del buen aspecto a la hora de conseguir buena predisposición por parte de terceros para ayudarnos.

Debiera ser de otra forma o no, lo cierto es que todo parece indicar que alguien guapo o guapa puede conseguir más de nosotros que alguien feo. Este par de videos del programa "El Intermedio" que dan bastante que pensar.







Y es que parece ser que estamos más dispuestos a conceder nuestro beneplácito a alguien atractivo . Existe una tendencia de las personas, que puede ir contra los ideales de muchos, pero que es real para la mayoría de nosotros y que nos lleva sin embargo a tratar mejor a quien consideramos “una persona atractiva”.

Según Daniel S. Hamermesh, un economista de la Universidad de Texas, Austin, y Jeff Biddle, un economista de la Universidad del Estado de Michigan, la apariencia es un elemento clave para ganar poder. "Las personas con una imagen personal y estilismo personal cuidada, obtienen trabajos en los cuales ser atractivo produce más ganancias", "Pero el impacto de la apariencia de las personas sobre sus ingresos es, en la mayoría de los casos, independiente del trabajo que realicen".

Los investigadores trataron variables tales como la experiencia y la educación, y encontraron que la apariencia es tan importante para los hombres como para las mujeres. Las mujeres con una imagen personal descuidada, tienen menos probabilidades de conservar sus empleos que sus colegas normales o que cuidan su imagen, y cuentan con más posibilidades de casarse con hombres con lo que los investigadores llaman un “capital humano inesperadamente bajo”. Esa es una manera amable de decir poco talento, iniciativa o perspectiva de éxito.

En España dónde las fotografías se incluyen sin excepción en casi la mayoría de los CV, la mayoría de los empresarios no pueden sino dejarse afectar por la imagen a la hora de hacer selecciones de personal. Ante esta realidad, los especialistas en recursos humanos se lamentan de que es "desconcertante descubrir que el lugar de trabajo se puede llegar a convertir en un concurso de belleza". "La apariencia produce un 'efecto halo'; porque alguien es atractivo ya le atribuimos otras cualidades que en nada tienen que ver con el aspecto".

Los economistas han descubierto que a los hombres con una imagen más cuidada de lo común se les paga alrededor de un 5 por ciento más con respecto a aquellos de apariencia normal, mientras que los que no cuidan su imagen en absoluto obtienen salarios un 9 por ciento inferiores a la media.

Otras ventajas más allá del trabajo y el salario



Los profesores, por ejemplo, esperan que los alumnos más atractivos saquen mejores notas, sean mejores estudiantes, más inteligentes y sociales. Y eso, claro, condiciona las notas. Los psicólogos sociales hablan del efecto halo. “Es una tendencia que tenemos todos los seres humanos a atribuir características positivas a algo o alguien que ya tiene una característica positiva. Por ejemplo, ante alguien que es un buen orador, solemos pensar que es honesto, inteligente, eficiente. De las personas guapas tendemos a creer que tienen un mejor trabajo, relaciones sociales más satisfactorias, pareja, algo que no nos ocurre ante personas no tan guapas, a quienes les presuponemos vidas más comunes, más cercanas a las nuestras”, explica la psicóloga clínica Constanza González. En un experimento, Karen Dion, una de las pioneras en la investigación de los efectos de la belleza, le mostró a un grupo de adultos fotos de dos niños de siete años que teóricamente habían hecho trastadas, como pisarle la cola a un perro o tirarles bolas de nieve a sus compañeros. Cuando la foto mostraba a un niño guapete, los adultos, a pesar de no conocerlo, le daban el beneficio de la duda. Pensaban que quizás había tenido un mal día o que estaba atravesando un mala racha.

Ojos enormes, piel suave, rechonchos y con todo un arsenal de trucos para hacer que se nos caiga la baba. Los bebés nos manipulan emocionalmente y tiene que ser así, porque de otra forma no sobrevivirían. Reaccionamos automáticamente a las formas o características que nos recuerdan a ellos, como ante los animales cachorros, los muñecos o algunos robots. Los rasgos que los hacen irresistibles son accidentes de la evolución que funcionan como un interruptor que pone en marcha nuestro instinto de cuidarlos. Hay experimentos que demuestran que las madres con bebés más bonitos se pasan mucho más tiempo con los niños en brazos abrazándolos y acariciándolos. Mientras que aquellas cuyos bebés no son tan agraciados se ocupan más de alimentarlos, cambiarles el pañal, ver que estén bien. Es más, los niños que sufren abusos sexuales suelen tener rasgos que les hacen parecer menos infantiles que otros. Quizás no evocan la reacción inmediata de protección y cuidado que la mayoría de niños provoca.

La razón por la que preferimos a las personas con una imagen cuidada responde a que hacerse amigo de los individuos atractivos posee un valor más alto; los científicos creen que la belleza se corresponde con un sistema inmunológico fuerte. De este modo, la belleza implica genes más robustos, lo que mejora las probabilidades de que la descendencia de una persona sobreviva. Esta teoría evolutiva está apoyada por investigaciones que muestran que los estándares de la atracción son similares en todas las culturas. Juzgamos a los demás automáticamente, sin tener la oportunidad de evaluar sus personalidades, basándonos en estereotipos culturales que dicen que las personas atractivas deben ser intrínsecamente buenas, y que las personas poco atractivas deben ser inherentemente malas. Pero con todo, hay que relativizar. A pesar de que durante mucho tiempo se ha asociado belleza con bondad, lo cierto es que la apariencia física poco nos dice de la inteligencia de una persona, de su compasión, de su empatía, de su sentido del humor, de su creatividad, de su honestidad. Sólo es una estrategia evolutiva que nos dice si esa persona es fértil y está sana. Y eso era importante en el pleistoceno, cuando sobrevivir era muy complicado, pero ahora ya no tiene demasiada utilidad. Y, sin embargo, guste o no, tenemos unos cerebros que no pueden evitar buscar y detectar esos rasgos.

Para mejor o para peor, al fin de cuentas esta investigación muestra que la belleza es importante; este concepto se difunde socialmente y afecta la manera en que escogemos a aquellos que amamos, a los empleados, e incluso a los amigos.

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