jueves, 24 de septiembre de 2009

Nuestra vida digital viaja del disco duro a la "nube"

El usuario se conecta a la Red y comienza sus tareas cotidianas. Escribe la presentación de su nuevo proyecto laboral en Google Docs, edita las fotografías de su viaje a Nueva York en Picasa y sube un vídeo familiar a YouTube. Luego escucha sus temas favoritos en Spotify y disfruta de los nuevos episodios de Anatomía de Grey en Seriesyonkis. Además, sube su colección de películas y series a un almacén virtual como Rapidshare o Megaupload para aligerar el disco duro y poder compartirlas.

Todo lo ha hecho online, gratis y sin necesidad de descargarse nada en su terminal (Spotify sólo requiere bajar el buscador). Da igual dónde esté: en el trabajo, en casa o en un hotel. Sólo necesita una conexión: en la web se ejecuta y en la web se queda.



Quizá sin saberlo, el usuario está moviéndose en la nube (cloud, en inglés), que es como ya se conoce al territorio virtual formado por todo aquel software y aplicaciones que funcionan desde fuera del ordenador, ya sea fijo, portátil o un teléfono móvil. Están alojados en servidores ubicados en algún lugar indeterminado pero son accesibles desde todas partes. El terminal se convierte así en un simple medio para enchufarse a esa nube de computación.

Gracias en parte a la difusión de un mayor ancho de banda y mejores conexiones inalámbricas (wifi), la nube es el ámbito en el que se desarrollan la mayoría de las actividades cotidianas ante una pantalla. De hecho, un 69% de los usuarios de Internet ha almacenado información en la Red o ha empleado alguna aplicación de software online.

Algunos expertos vaticinan un futuro en el que prácticamente todos nuestros objetos personales (fotografías, vídeos) y culturales (películas, discos...) estarán en la nube, es decir, en un entramado de servidores cuya ubicación ignoramos. Así, en teoría, nuestras pertenencias digitales estarán disponibles en todo momento a través de cualquier dispositivo con acceso a la Red. La contrapartida, según alertan otros, es la dependencia de la conectividad, el riesgo de perder privacidad y la incógnita sobre cómo puede modificar el consumo cultural.

La computación en nube (o cloud computing) es un término que originalmente aludía sólo al modo de coordinar varios ordenadores para mejorar la eficacia de su capacidad de computación. Ahora su sentido se ha ampliado y se aplica también al modo de gestionar la información digital impulsada por los usuarios. "Los contenidos dejan de ser tangibles en un soporte físico y se consumen directamente online", señala Fernando Garrido, especialista en sociología del Observatorio para la Cibersociedad. "Las nuevas pantallas (móvil, portátil...) abren un universo de momentos de consumo. El cambio es radical".

Y ya está transformando los hábitos de visionado, escucha y lectura, advierte Carr. Algunos ejemplos. El visionado de series y películas en streaming (sin necesidad de descargarlos en el disco duro) aumenta rápidamente frente a las descargas P2P (Par a par). Casi la mitad de los internautas españoles, el 47,8%, utilizaron esta fórmula (en webs como Seriesyonkis) para ver películas y series en el último año, por delante del 37,3% que las descarga mediante programas de intercambio de archivos, según el informe eEspaña 2009, de la Fundación Orange. En la música, sin embargo, siguen por delante las descargas, con un 42%, frente al 38,5% que escuchó música directamente en línea.

Respecto al libro hay división. Unos apuestan por el triunfo amplio del formato electrónico -como Carr- y otros por la coexistencia. "Lleva con nosotros 500 años. En torno a él hemos construido nuestra sociedad y nuestra forma de pensar", sostiene Garrido. "Es difícil que un eBook lo sustituya; puede reubicarlo". Y es probable que cada uno se especialice: el formato digital para los textos académicos, documentos, y el tradicional, para la literatura y el entretenimiento.

Que toda la información personal y las creaciones propias (textuales, fotográficas, etcétera) estén alojadas en un espacio virtual fuera del control del usuario plantea dudas importantes, según algunos expertos. Las primeras atañen a la conectividad (sin conexión no sirve) y a la privacidad.


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