miércoles, 21 de julio de 2010

Los sueños, los misteriosos símbolos del inconsciente

Soñar es una de las experiencias más misteriosas y curiosas de nuestras vidas, su importancia, interpretaciones y significados han sido objeto de numerosos estudios y análisis a lo largo de la historia durante la época romana, algunos sueños se presentaban al Senado romano para su análisis e interpretación ya que se creía que los sueños eran mensajes de los dioses. Los intérpretes de sueños llegaban a acompañar a grandes militares en las batallas incluso hoy día, muchos consultamos decisiones con la almohada y sabemos que muchos artistas desarrollan sus ideas creativas interpretando sus sueños, Pero ¿qué sabemos acerca de los sueños?



Soñar es un proceso mental involuntario en el que se produce una reelaboración de informaciones almacenadas en la memoria, generalmente relacionadas con experiencias vividas por la persona en los días o meses anteriores. El soñar nos sumerge en una realidad virtual formada por imágenes, sonidos, pensamientos y/o sensaciones. Los recuerdos que se mantienen al despertar pueden ser simples (una imagen, un sonido, una idea, etc.) o muy elaborados. Los sueños más elaborados contienen escenas, personajes, escenarios y objetos. Se ha comprobado que puede haber sueños en cualquiera de las fases del dormir humano. Sin embargo, se recuerdan mejor los sueños y estos son más elaborados en la llamada fase REM (Movimiento ocular rápido; en inglés, REM: Rapid Eye Movement), que tiene lugar en el último tramo del ciclo del sueño.

Es un hecho ya científicamente comprobado que todos soñamos. A pesar de que a veces hay personas que creen que no han soñado, que la noche no ha tenido producción onirica, hemos tenido siempre sueños. Otra cosa es que no lo recordemos.

Los sueños se producen como resultado de un complicado proceso que implica a los recuerdos y al hipocampo, una región del cerebro asociada a la memoria, según ha podido determinar los recuerdos con los que soñamos pueden tener una antigüedad de hasta una semana, lo que ha desvelado el funcionamiento hasta ahora oculto de la memoria: nuestros recuerdos pasan de una región del cerebro a otra antes de ser almacenados y soñamos con ellos durante ese intervalo.

Parece demostrado ampliamente que nuestra vida cotidiana es el semillero de nuestros sueños. Las experiencias que tenemos a lo largo del día suelen ser el origen de las imágenes oníricas que generamos mientras dormimos. Pero, ¿cuáles son los mecanismos que nos permiten construir dichas imágenes? Y, ¿tienen alguna relación las imágenes con la formación de nuestra memoria?

Ambos son misterios muy difíciles de resolver, se ha discutido mucho sobre este tema. Los recuerdos de gente, lugares, actividades que hacemos o de las emociones que sentimos, se reflejan en nuestros sueños, pero suele ser de manera tan fragmentaria que no podemos predecir cómo aparecerán.

Una de las características de los sueños es que rara vez, excepto en casos de problemas postraumáticos, reflejan una experiencia completa. Una idea, un objeto, una textura que hemos percibido durante el día, es lo que en realidad aparece mayormente en nuestros sueños.

Además, los bautizados por Freud como “residuos diurnos”, esto es, los recuerdos que se nos quedan prendidos en la memoria durante el día, pueden aparecer 5 ó 7 días más tarde en nuestros sueños.

Freud pensaba que estos residuos aparecían en los sueños la misma noche o la siguiente a haberlos vivido, pero las últimaa investigaciones realizadas han demostrado que los recuerdos cotidianos pueden perdurar activos más tiempo.



Algunas curiosidades

1. Olvidamos el 90% de nuestros sueños

A los 5 minutos de habernos despertado se habrán olvidado la mitad de los sueños y, al cabo de 10 minutos, se habrán olvidado cerca del 90% ... por eso, si queremos recordar nuestros sueños, se recomienda tener lápiz y papel cerca de nuestra mesita de noche …

2. Los ciegos también sueñan

La gente que se quedó ciega después de nacer pueden ver imágenes en sus sueños y las personas que nacen ciegas no ven imágenes, pero sus sueños son intensamente vivos en los que participan otros sentidos como el oído, olfato, tacto y las emociones

3. Todos soñamos

Todo el mundo sueña (salvo en casos de extremo desorden psicológico) … si eres capaz de pensar es señal de que no estás soñando, o de que estas despierto y acabas de olvidar tus sueños ...

4. En nuestros sueños, solo vemos caras, que ya conocemos

Nuestra mente no inventa nada - en nuestros sueños vemos rostros reales de personas reales que hemos visto durante nuestra vida, pero que puede que no recordemos. A lo largo de nuestra vida observamos las caras de miles de, así que disponemos de un buen suministro de rasgos faciales en nuestro cerebro para que se utilicen durante nuestros sueños.

5. Soñamos en color

Un total del 12% de lo que soñamos es en blanco y negro, el resto del sueño es a todo color. Estudios desde 1915 hasta la década de 1950 sostenian que la mayoría de los sueños eran en blanco y negro, pero estos resultados empezaron a cambiar en la década de 1960. Hoy en día, sólo el 4,4% de los sueños de los menores de 25 años de edad son en blanco y negro. Investigaciones recientes han sugerido que los resultados cambiantes pueden estar relacionados con el cambio tecnológico producido en nuestra historia reciente del blanco y negro a la televisión a color


6. El significado simbólico de los sueños

Los sueños son simbólicos, cada elemento del sueño significa algo diferente y si soñamos con algún tema en particular no es habitual interpretar que el sueño sea acerca de eso . Los sueños hablan en un lenguaje profundamente confuso y esconden múltiples mensajes encriptados o simbólicos. Cualquiera que sea el significado que interpretemos es el resultado de las representaciones simbólicas de los numerosos procesos que se gestan en nuestro inconsciente.

7. Emociones

La emoción más comunes que experimentan en los sueños es la ansiedad y lamentablemente las emociones negativas son más comunes que las positivas.

8. Sueños recurrentes

Si bien el contenido de la mayoría de los sueños es soñar sólo una vez, muchas personas experimentan sueños recurrentes, es decir, el relato del sueño mismo es experimentado en diferentes ocasiones de sueño. Hasta el 70% de las mujeres y el 65% de los varones pueden tener sueños recurrentes.


9. Los Animales también sueñan

Se han hecho estudios sobre diferentes animales, y todos ellos muestran las mismas ondas cerebrales durante el sueño que muestran los seres humanos. Cuando vemos un perro que mientras duerme mueve sus patas o produce algún ladrido seguramente se encuentre soñando.

10. Interpretación de estímulos externos

Nuestra mente también interpreta los estímulos externos que nos producen nuestros sentidos cuando estamos dormidos y hace de ellos una parte de nuestros sueños. Esto significa que a veces, en nuestros sueños, oímos un sonido de la realidad y lo incorporamos de una manera similar. Por ejemplo, si soñamos que estamos en un concierto, mientras alguien está tocando la guitarra.


11. Los hombres y las mujeres sueñan de forma diferente

Los hombres tienden a soñar más con entornos y situaciones en los que interactúan con otros hombres. Alrededor del 70% de los personajes en el sueño de un hombre son los otros hombres. Por otra parte, el sueño de una mujer contiene casi un número igual de hombres y mujeres. Aparte de eso, los hombres suelen tener emociones más agresivas en sus sueños que el sueño femenino.


12. Los sueños premonitorios precognitivos

Los resultados de varias encuestas entre los conjuntos de gran población indican que entre 18% y el 38% de las personas han experimentado al menos un sueño premonitorio y el 70% han experimentado un déjà vu. El porcentaje de personas que creen en los sueños precognitivos ( intuir el futuro a través de los sueños ) es aún mayor, y van desde el 63% al 98%


lunes, 19 de julio de 2010

¿Por qué a los españoles se nos da mal el inglés?

No son los genes. Nuestro número limitado de sonidos vocálicos, el doblaje en cine y televisión y la incorporación reciente a nuestra enseñanza de la lengua de Shakespeare explican que andemos lejos de nórdicos y portugueses

Como cada año, miles de españoles aprovechan el verano para someterse a cursos intensivos y/o realizar estancias en el extranjero con el objetivo de aprender inglés. Resulta lógico: el inglés es hoy incuestionablemente la lengua de comunicación internacional. Se supone que cualquier persona con una cultura media la conoce, igual que conoce el correo electrónico o Internet. Y es muy llamativo que el número de hablantes de inglés como segunda lengua sea ya superior al de los que la tienen como lengua materna. A mitad del siglo XX, el 9% de los habitantes del planeta tenían como lengua materna el inglés, un porcentaje que, según las estimaciones, se reducirá al 5% en 2050. Sin embargo, mientras que hacia 1950 unos 250 millones de personas hablaban inglés como segunda lengua, para el año 2050 esta cantidad se habrá multiplicado por cinco, hasta alcanzar los 1.250 millones de personas; un dato muy revelador de la evolución del inglés en todo el mundo.



Que el inglés sea la lengua dominante en los territorios que fueron parte de su poderoso imperio colonial no puede sorprendernos, pues así ha ocurrido con otras lenguas en el pasado (el griego, el latín o nuestra propia lengua española). Pero que, además, se haya convertido en un idioma utilizado comúnmente en ciertos países europeos, como los nórdicos, en los que Reino Unido nunca ha ejercido ningún poder político, resulta ya más sorprendente. Cada día son más los centros de enseñanza superior, dentro y fuera de Europa, que emplean el inglés, especialmente para sus estudios de posgrado. Llama la atención que prestigiosas universidades del ámbito germánico, o de Europa oriental, hayan renunciado al alemán -lengua de la ciencia y de la filosofía desde el siglo XIX- para plegarse a la dominación del inglés, de modo que la docencia en muchos de esos estudios se imparte en ese idioma.

En España está empezando a ocurrir lo mismo, al menos en unas pocas universidades, pero la sensación generalizada que tienen los españoles es de no estar a la altura de otros europeos, universitarios o no, e incluso de ciertas élites culturales latinoamericanas. ¿Por qué nos cuesta tanto hablar inglés? ¿Es que hay entre los españoles algún gen reacio a esa lengua? Naturalmente, la respuesta ha de ser negativa. No hay nada orgánico, ni étnico, en el hecho de que el porcentaje de españoles capaz de comunicarse fluidamente en inglés sea muy inferior al de la población nórdica, la germánica o incluso la de algunos países eslavos. Los motivos son de tipo cultural, educativo y, evidentemente, también lingüísticos.

Comencemos por estos últimos. El español, y nuestras otras lenguas románicas (a las que habría que añadir también el vasco), no pertenecen a la familia lingüística del inglés, que es el grupo de lenguas germánicas. Es obvio que resulta mucho más fácil para un español aprender gallego, catalán, italiano o francés que sueco, alemán, o inglés. La gramática y, sobre todo, el vocabulario suelen ser muy parecidos entre las lenguas de una misma familia.



Pero esta explicación nos vale solo en parte. ¿Por qué nuestros vecinos portugueses hablan mejor inglés que los españoles? Uno de los motivos es de índole lingüística, y tiene que ver con los diferentes sistemas vocálicos del castellano y del portugués, lo que explica también que, tratándose de dos lenguas cercanas (y mutuamente inteligibles en su expresión escrita), ofrezcan tantas dificultades para su mutua comprensión oral, al menos para los hispanohablantes.

Los diferentes sonidos vocálicos del portugués suponen una barrera inicial para los hablantes de español, que armados con nuestro sencillo sistema de cinco vocales, nos sorprendemos ante la diversidad lusa. Por eso, la dificultad que experimentamos los hispanohablantes cuando nos enfrentamos al aprendizaje del sistema de 12 vocales del inglés es superada con facilidad por los portugueses. Si uno está acostumbrado a que en su lengua materna una "a" no siempre suena igual, poco le costará adaptar el oído (y la pronunciación) a un sistema que, aunque distinto, se basa en la diferenciación no entre cinco sino entre más del doble de vocales. En cambio, los españoles luchamos denodadamente durante décadas por distinguir entre ship y sheep, entre latter y letter, entre cut, cot y caught, etcétera.

Otra explicación se halla en el entorno socio-cultural en el que nos movemos, y sobre todo, en los medios audiovisuales que nos rodean. Es un hecho demostrado que una lengua se aprende más fácilmente si existe un entorno propicio en el que los sujetos están "expuestos" a la lengua en una gama variada y múltiple de circunstancias. No basta con las horas que dediquemos a aprender el idioma en el aula. ¿Acaso los estudiantes españoles no dedican, en las fases obligatorias de la enseñanza, un elevado número de años, a razón de un promedio de tres horas semanales, a estudiar inglés? ¿Cómo es posible que, después de tantas horas dedicadas al estudio, muchos de nuestros jóvenes sean incapaces de entender y de comunicarse en este idioma en situaciones de la vida cotidiana? Pues bien, el hecho importante es que, salvo en casos excepcionales o muy restringidos, la mayoría de nuestra población no está sometida al inglés hablado en casi ninguna circunstancia. Cuando el estudiante sale del aula, acaba su exposición oral al idioma. No lo escucha en la radio, ni en la televisión, ni en el cine.

Y no es que la cultura audiovisual norteamericana no nos haya "invadido" en medida similar a nuestro vecino Portugal o al resto del continente europeo. Pero ocurre que en otros países no se doblan las series de televisión norteamericanas y las películas se exhiben en los cines en versión original con subtítulos. En España, sin embargo, el franquismo impuso el doblaje a todos los productos audiovisuales foráneos, lo que facilitaba la censura y permitía la "hispanización" y uniformidad lingüística de las voces y los acentos extranjeros. Los estudiantes polacos o suecos, portugueses u holandeses, están acostumbrados, desde su más temprana edad, a la exposición oral al inglés. Acaban su jornada escolar y, al conectar en casa sus televisores para ver sus dibujos animados o sus series favoritas, buena parte de ese material les llega en inglés. Así, casi sin darse cuenta, siguen aprendiendo fuera del aula, y para ellos el inglés ya no es una asignatura más del currículum, sino que forma parte de su entorno vital extra-escolar. Para utilizar una terminología en boga, podríamos decir que el inglés se convierte así en materia "transversal", que se aprende mientras se está haciendo otra cosa.

El entorno educativo es también esencial para el aprendizaje de una lengua extranjera; y es cierto que el acceso de los españoles al inglés data de menos de medio siglo, pues hasta los años setenta del siglo XX su implantación en nuestros centros escolares era muy reducida. No era tan fácil, en los años sesenta, encontrar institutos de enseñanza media donde se enseñara inglés. Si no teníamos hasta hace poco suficientes profesores bien preparados para enseñar esta lengua; si no empezábamos a enseñar inglés a los niños hasta después de los 10 años, ¿cómo podemos esperar igualar el nivel de competencia lingüística de otros países europeos?

Hoy, por fortuna, los programas de enseñanza bilingüe en las escuelas de Infantil y Primaria, y su extensión a la Enseñanza Secundaria, hacen concebir esperanzas de que dentro de unos años la capacitación de nuestros adolescentes sea bien distinta de la actual. Pero, al mismo tiempo, hay que mejorar también los niveles de exposición social y cultural al inglés en los medios de comunicación, y fomentar la gradual internacionalización de nuestras universidades, internacionalización que implica inexorablemente la mayor presencia del inglés y, por ende, la mejora en nuestra capacidad de entender y hacernos entender en este idioma.

domingo, 18 de julio de 2010

España es el segundo país más ruidoso del mundo

Uno de cada cuatro hogares españoles sufre problemas de ruido en su entorno. El 31% de los ciudadanos ha denunciado la situación en algún momento y además ha tenido que tomar algún tipo de medida. Asturias resulta ser la comunidad más tranquila, mientras que Andalucía, Valencia y las Islas Baleares son las más ruidosas. Estas cifras proporcionadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), correspondientes al año 2008, no dan lugar a la esperanza. Tampoco las que periódicamente proporciona la Organización Mundial de la Salud (OMS). España es el segundo país más ruidoso del mundo, después de Japón. La OMS ha denunciado en diversas ocasiones que el 71% de los españoles se ve sometido a niveles de ruido superiores a los recomendables para la salud.


La mayor fuente de contaminación acústica es el tráfico rodado. Para la Plataforma Estatal Contra el Ruido y Actividades Molestas (PEACRAM) la siguiente fuente de ruido son las obras ciudadanas, pero en mayor medida, las discotecas y el ocio en general. Precisamente, estos ruidos derivados del ocio, con la llegada del calor y del verano, y con la necesidad imperiosa de las ventanas, se convierten en una pesadilla insufrible.

Los efectos que produce el ruido sobre el ser humano son aterradores, incluso peores que los que causa el tabaco a los fumadores pasivos, porque son mucho más rápidos y virulentos. “El exceso de ruido produce nerviosismo, insomnio, mal humor, pérdida de audición, e incluso infartos”, explica Joaquín José Herrera del Rey, abogado y presidente de la asociación Juristas Contra el Ruido. Esta asociación está compuesta por unos cuarenta abogados de toda España que, como el Equipo A, acuden a la llamada de ciudadanos que sienten violados sus derechos por exceso de ruido. "No conozco ningún caso de un vecino que se quejase de ruidos por capricho. En todos los casos las mediciones les han dado la razón", apunta Herrera del Rey, que recomienda que "antes de comprar una casa hay que pasar algunas horas dentro y estudiar el entorno. Puedes comprar un piso en una zona verde en el mapa de ruidos, y tener un vecino que toca el saxofón a las cuatro de la mañana".

“De todas formas, los ruidos más molestos son los que proceden de las zonas de marcha. Por muy concienzudo y profesional que sea un empresario, que los hay, puede aislar su local, pero no podrá evitar los ruidos derivados de la actividad, como los centenares de personas entrando y saliendo del local a altas horas de la madrugada, arrancando los coches, y hablando a gritos. Es un problema grave de planificación urbana”, comenta el abogado Herrera. "En Europa se sigue el principio de prevención y cautela. Una terraza con 400 personas puede interferir en el sueño de los ciudadanos, luego no debe concederse la licencia. Aquí se dan licencias como churros, y para colmo los ayuntamientos abusan de su capacidad. No sé de ningún caso en que se haya revocado una licencia", apostilla el presidente de Juristas contra el Ruido.


La conciencia social es clave para acabar con el exceso de ruidos. Al igual que con el tabaco, los políticos deben convencerse de que el ruido es perjudicial para la salud. Entre las soluciones posibles se encuentran la precaución a la hora de conceder licencias para bares, cambiar las frecuencias de los semáforos o el material de asfaltado.

“En la lucha contra el ruido, los políticos y los administradores deberían adoptar tres principios. En primer lugar, el de precaución y cautela que va ligado al derecho a la salud. En segundo lugar, la corrección en foco. No se trata de aislar mi casa, sino el local ruidoso. En tercer lugar, aplicar el principio de que el contamina paga”, concluye Herrera del Rey.


Según este investigador, los ruidos que sobrepasan los 70 dB causan problemas sobre la salud como pérdida de audición, mientras que los que superan los 55 dB causan problemas sobre el bienestar, como interferencias en la comunicación o efectos sobre la concentración, la memoria, el aprendizaje o el sueño.

Fuente

Japón, el país con menos vacaciones; Francia, el que más



Los ciudadanos japoneses son los que menos vacaciones tienen en el mundo desarrollado, tomando de media únicamente nueve días al año, mientras que los franceses son los que de más días libres disfrutan, 34,5 días anuales, según un sondeo.

La encuesta entre 9.000 adultos en 13 países realizada por Harris Interactive para la firma online de viajes Expedia halló que los trabajadores japoneses no sólo eran los que menos vacaciones tenían, aproximadamente 16,5 días al año, sino que también tendían a usar sólo la mitad de ellos.




La Ley japonesa de Estándares Laborales obliga a las empresas a ofrecer un mínimo de 10 días al año de vacaciones pagadas. Este número va aumentando por la antigüedad (1 día por cada año y medio trabajado) y otros méritos, pero no puede superar los 20. Pero el caso es que los trabajadores japoneses aún teniendo derecho a elos no siempre las toman. Desde que el Gobierno japonés empezó a realizar estudios en 1981, los trabajadores nipones han tomado de promedio sólo la mitad de sus días de descanso. La otra mitad del tiempo, se quedan en la oficina, y es que los ciudadanos asiáticos son auténticos adictos al trabajo... Así por ejemplo en la vecina Corea del Sur, se ha puesto en marcha una campaña para convencer a los ciudadanos de que tomen vacaciones.

En el polo opuesto están los franceses, que son los que más descanso tienen al año, una media de 37,5 días, que en este caso sí que disfrutan.

Estados Unidos daba a los trabajadores el segundo menor número de días al año, de media 17, de los cuales la mayoría solía tomar 14, según el sondeo, realizado entre el 13 y el 22 de abril.

Los neozelandeses tenían de media 19,5 días de vacaciones al año y se tomaban unos 17, mientras que los australianos habitualmente disfrutaban de 16,5 días de los 20 permitidos.

Daneses, alemanes y noruegos tendían a disfrutar más de los días que tenían de vacaciones, usando un 93 por ciento de sus 29, 27,5 y 28 días de vacaciones, respectivamente.

Los canadienses suelen usar el 90 por ciento de sus 20 días de media, los suecos aprovechan el 89 por ciento de sus 27,5 días, los británicos el 91 por ciento de sus 28 días, los italianos el 82 por ciento de 32,5 días y los españoles el 89 por ciento de sus 32 días.


Ranking de días libres por países


España ocupa la quinta posición de la clasificación de países con más días libres elaborada por Mercer. Los trabajadores nacionales tienen 36 días de asueto entre los festivos y el mínimo legal.




Las empresas en España deben conceder un mínimo de 22 días laborables de vacaciones, más 14 días festivos: en total 36 días libres al año. Esta cifra sólo es superada por los 44 días de vacaciones de Brasil y Lituania, y los 40 de Francia y Finlandia.




Por el contrario, China (21) y Canadá (19) concentran a la mayor parte de empleados con menos días libres durante el año.

Según el informe de Mercer los trabajadores europeos disfrutan de un mayor número de días de vacaciones regulados por ley. Francia, Finlandia y Brasil ocupan las primeras posiciones con un derecho a 30 días de vacaciones al año, seguidos por Lituania, Rusia y Reino Unido, con 28 días.

Tras estos países, se sitúan Polonia (26) y Grecia, Austria, Dinamarca, Suecia y Noruega con 25 días de vacaciones cada uno.

Las políticas de trabajo en la zona Asia-Pacífico, en cambio, establecen un número menor de días laborables de vacaciones. Las empresas de Australia, Nueva Zelanda y Japón conceden a sus trabajadores 20 días de vacaciones, seguidos de Taiwán (15), Hong Kong (14), Singapur (14), India (12) y China (10).

Los días libres por festividades suelen compensar en muchos países las cortas vacaciones establecidas por ley. Así, Japón e India presentan 16 días festivos al año, seguidos de Chipre, Corea y Eslovaquia con 15. España también se encuentra entre los primeros del ránking con 14, al igual que Malta.



sábado, 17 de julio de 2010

Cerebros sistematizadores y cerebros empáticos, ¿la gran diferencia entre hombres y mujeres?

Hasta hace poco tiempo, existía la creencia generalizada de que las diferencias entre la mente masculina y la mente femenina eran simplemente el resultado del efecto que ejercen las hormonas sexuales en las personas adultas y de la presión social que, en cierto modo, obliga a unos y a otras a comportarse de una determinada manera. Se consideraba que la arquitectura cerebral de unas y de otros era básicamente la misma, así como su modo de funcionamiento.



Sin embargo, esa forma de ver las cosas está cambiando. Existen diferencias anatómicas notables entre el cerebro masculino y el cerebro femenino, también las hay en la estructura de los circuitos neuronales, así como en la química de las transmisiones sinápticas.

En contra de lo que pretenden determinados movimientos sociales y corrientes ideológicas, mucho de lo que nos diferencia a hombres y mujeres no se debe ni a la educación ni, en general, a la influencia del entorno, sino puramente a nuestra biología.

En ese contexto resultan de especial interés las investigaciones llevadas a cabo por el Catedrático de Psicopatología y director del Autism Research Centre de la Universidad de Cambridge, Simon Baron-Cohen. Simon se plantea la hipótesis de que, en esencia, podríamos agrupar los rasgos más típicos de los cerebros femenino y masculino alrededor de dos atributos fundamentales: la capacidad de sentir empatía (atributo que caracterizaría al cerebro de tipo femenino) y la capacidad de sistematización (atributo que caracterizaría al cerebro de tipo masculino).




Estos dos atributos, empatía y sistematización, se presentarían en la población de forma muy diversa, y así habría personas en las que coincidirían sexo y tipo de cerebro junto a personas de sexo femenino con un cerebro de tipo masculino o viceversa.

Simon Baron-Cohen añade otra hipótesis: que las diversas afecciones descritas dentro del llamado espectro autista se darían en personas con un tipo de cerebro extremadamente masculino. Así pues, los individuos con trastornos del espectro autista, como por ejemplo los afectados por el síndrome de Asperger, tendrían un cerebro extremadamente sistematizador y muy escasamente empático.

Para verificar sus hipótesis Simon Baron-Cohen ha diseñado dos cuestionarios que permiten determinar el grado de empatía y sistematización de una persona:


El resultado de los estos cuestionarios permitiría clasificar un tipo de cerebro en 5 categorías, según la relación mantenida entre los dos valores obtenidos al completarlos:

Tipo E. Cerebro de tipo femenino, más empático que sistematizador.
Tipo S. Cerebro de tipo masculino, más sistematizador que empático.
Tipo B. Cerebro balanceado, con los dos valores equilibrados.
Tipo E extremo.
Tipo S extremo. El cerebro extremadamente masculino podría apuntar a una manifestación de autismo.

Una vez conocidos el CE y CS de una persona puede usarse el siguiente diagrama para determinar su tipo de cerebro:

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La sistematización

Sistematizar es entender, analizar, explorar y desarrollar un sistema, un sistema entendido como todo aquello que está gobernado por unas reglas que especifican unas relaciones de entrada-operacion-salida (matemáticas, programación informática, clima, música, lógica, astronomía, física, química, estrategia militar, etc). La sistematización incluye el análisis de los rasgos de un sistema, la observación repetida de esto lleva a descubrir las reglas que los rigen.

Los hombres sistematizan espontáneamente más que las mujeres, hablamos de promedios estadísticos dentro de los cuales obviamente siempre habrá excepciones.



Existen sistemas técnicos como los ordenadores, los vehículos u otras máquinas, también incluyen sistemas complejos que los académicos estudian en las ramas de la física, de la ingeniería electrónica y mecánica y de la ciencia informática. Los sistemas naturales incluyen la geografía, la meteorología, la astronomía, la biología. Hay sistemas abstractos como la lógica, los mapas o los programas informáticos. Sistemas sociales como la economía o las ciencias sociales. Otros sistemas implican la organización del conocimiento en función de unos criterios (enciclopedias, monedas, sellos, minerales, clasificaciones de equipos o jugadores...) en ocasiones haciendo uso de la estadística.

El interés en la clasificación y organización exige sistematización, y los hombres son más propensos a coleccionar cosas y elaborar listas de información. Por tanto profesiones como las matemáticas, la física y la ingeniería requieren una gran capacidad de sistematización y podrían considerarse como el equivalente adulto a los juegos de los niños con juguetes mecánicos y de construcción.

Tener un nivel bajo de testosterona fetal nos lleva a mejores niveles de lenguaje, habilidades de comunicación, contacto ocular y sociabilidad -todos ellos signos claros de empatía superior-. Estos resultados indican claramente que las buenas habilidades de sistematización están vinculadas a un nivel mayor de testosterona fetal. Cuanto mayor cantidad de esta sustancia se tenga, más sintonizado está el cerebro con los sistemas y menos con las relaciones emocionales. Menos le importará a esa persona estar sola y menos necesitará estar horas hablando por teléfono con sus amistades.

Empatía

La sistematización no siempre es válida en todo, como, por ejemplo en los sentimientos cambiantes de una persona; mientras que la forma natural de entender y predecir la naturaleza de los eventos y objetos es la sistematización, la forma natural de entender a una persona es la empatía.



Descubrir que un amigo tiene un problema personal delicado y ayudarle es algo que las mujeres saben hacer con mucha facilidad, mientras que es algo que la mayoría de los hombres prefieren evitar. Para ello hay que tener la capacidad para sintonizar emocionalmente con los demás denominada empatía. La empatía es el pegamento de las relaciones sociales y nos motiva a preocuparnos por los demás. Los hombres tienden a ser más egocéntricos en sus conversaciones, son más propensos al fanfarroneo, al desafío y en ocasiones al ignorar las ideas de la otra persona. Los hombres, mientras hablan, intentan demostrar sus conocimientos, habilidades y posición social.

Las mujeres poseen mayor cantidad de fibras nerviosas encargadas de conectar ambos hemisferios cerebrales. Los individuos que tienen más áreas conectadas realizarán mejor las tareas que requieren una transferencia de información rápida entre los dos hemisferios (como son la comunicación y la empatía).

Es bastante más sencillo utilizar la agresión hacia otros si eres persona de poca empatía, la gente poco empática tiende a ser muy directa y poco sutil en el trato con los demás.

Sentir empatía con los demás quiere decir entender las relaciones, ser buen comunicador y preocuparse si un amigo se ha ofendido por algo que hemos dichoo si está siendo tratado injustamente, y encontrar la manera de anticipar las necesidades de otra persona y responder rápidamente a sus sentimientos. La gente empática es más democrática, consulta a los demás y es más diplomática en sus conversaciones. Una persona empática no obliga a los demás a que piensen como ella, todo ello se hace siempre esté ganando amigos en vez de enemigos. La gente con poca empatía piensa que no es su problema si alguien se siente ofendido. Dado que en promedio los hombres tienen menos empatía que las mujeres, las relaciones entre chicos suelen ser menos íntimas y con menor descubrimiento de uno mismo que las que se dan entre chicas. También suelen ser más egocéntricos en sus conversaciones, más propensos al fanfarroneo, a demostrar su valía, al desafío y a ignorar las ideas de otra persona.

El autismo, el cerebro extremo masculino
¿Cómo se comportan aquellos individuos que tienen una habilidad muy inferior de empatía y una habilidad superior en sistematización?, para estas personas las conversaciones normales son inútiles y difíciles, no captan los matices sociales y sólo piensan en solventar las cosas a solas sin ayuda de los demás. En su fascinación por descifrar el sistema llegarán a ignorar por completo a todos los que le rodean.

La mayoría de autistas viven en un mundo propio y se les considera inaccesibles, como si vivieran en su propia burbuja, también destacan por una clara incapacidad social y comunicativa. Los niños con síndrome de Asperger también comparten muchos de esos rasgos, aunque comienzan a hablar a tiempo. No intentan hacer amigos ni congeniar con los demás.

Sólo una de cada diez personas con Síndrome de Asperger es mujer, ¿casualidad?, evidentemente no. A las personas con gran tendencia sistematizadora y poca empatía les fascinan los sistemas cerrados, controlables y previsibles, por contra el comportamiento, los sentimientos y los pensamientos de la gente son sistemas abiertos y como tal menos previsibles y controlables que los sistemas cerrados. Los niños con el síndrome de Asperger tienen problemas en los patios, con las amistades, en las relaciones, y cuando son adultos en el trabajo. En el entorno laboral suelen ser técnicamente buenos y precisos pero nunca consiguen promociones porque su don de gentes es muy limitado. Es en las situaciones desestructuradas e imprevisibles, y cuando la sensibilidad y reciprocidad social son importantes, cuando las personas con síndrome de Asperger tienen más problemas.



Hay estudios que sugieren que el índice de autismo y Asperger es inusualmente alto en áreas como Silicon Valley, y que la personalidad de los técnicos de gran talento tiende menos a la sociabilidad que la población general. Se trata de áreas que atraen a sistematizadores puros de gran talento. Se dice que Isaac Newton "siempre estaba estudiando, raramente recibía visitas o visitaba a alguien... no tenía ningún pasatiempo, ni salir a pasear o hacer ejercicio, para él todo lo que no fuese estudiar suponía una pérdida de tiempo". Incluso hay quien dice que sin esa capacidad de sistematización extrema a lo mejor no existiría el fuego ni la rueda...

El cerebro equilibrado
Podemos ver las ventajas de supervivencia y reproductivas de ser un buen sistematizador y de tener empatía, pero es el doble de ventajoso tener ambas capacidades, en otras palabras, tener un cerebro equilibrado.

Aunque tener un cerebro equilibrado nos puede dar lo mejor de ambos mundos, uno puede imaginar que para los hombres esto sería menos exitoso que tener un cerebro puramente masculino. Por ejemplo, en una competición entre dos líderes, el buen sistematizador con poca empatía estará preparado para hacer todo lo necesario para ganar aunque eso requiera sacrificar los sentimientos de alguien. Alguien que tenga un cerebro equilibrado puede ser una buena persona como jefe, pero quizás carezca de la ambición y espíritu competitivo y de supervivencia para prosperar cuando las cosas se ponen feas. Para las mujeres por contra tener un cerebro equilibrado querrá decir tener menos tiempo para sus relaciones, con el riesgo de perder parte del apoyo social.


La sociedad necesita cerebros de ambos tipos, los que tienen un cerebro femenino son los mejores consejeros, profesores de escuelas primarias, enfermeros, cuidadores, terapeutas, trabajadores sociales o personal asistencial. Cada una de estas profesiones requiere una excelente capacidad de empatía. Los que tienen un cerebro sistematizador son buenos científicos, ingenieros, mecánicos, técnicos, músicos, programadores e incluso abogados. Por último, los que tienen un cerebro equilibrado tienen aptitudes para ambos campos, y por ejemplo podrían ser buenos médicos, o buenos comunicadores de ciencia, que además de entender los sistemas saben describirlos a los demás adaptando sus palabras a las necesidades del oyente.

Fuente: Elaboración propia, The Essential Difference

martes, 13 de julio de 2010

¿Por qué la miel no se pudre?

La miel es el único alimento que no se pudre, esto es debido a la gran concentración de azúcar que contiene. Dicha concentración mata al 99.9% de las bacterias vía plasmolisis -a groso modo la plasmolisis es un fenómeno osmótico por el cual el agua que está dentro de la célula bacterial es extraída “secando” la bacteria-.

Tan eficiente es este proceso que los tarros de miel encontrados en tumbas Egipcias de 4000 años de antigüedad resultaron ser perfectamente comestibles.


El efecto preservante de la miel se debe a su baja concentración de agua y es idéntico al que permite la prolongada conservación de los dulces y de las frutas en almíbar donde el alto contenido en azúcar disminuye el contenido de agua.

Los traslados de cuerpos humanos en la antigüedad se hacían sumergidos en miel; por ejemplo Alejandro Magno fue trasladado desde Babilonia hasta Alejandría en Egipto en el 323 a. C. y el de Agesilao II, rey de Esparta, desde Egipto hasta su ciudad natal en el 360 a. C., utilizándose miel para evitar la descomposición.

La miel es conocida y utilizada por la humanidad desde hace miles de años. Ya desde las crónicas de Gilgamesh el Inmortal, el Rey Uruk Babilónico que supuestamente vivió cientos de años, se menciona la miel como un manjar digno de los Dioses, tan digno que “El regalo de la miel es similar a la vida eterna del Gran Uruk”. Los Sumerios, los Egipcios y varios pueblos la utilizaban y guardaban sus recetas privadas con gran celosía. En Roma algunas mujeres bañaban su piel en miel y leche para mejorar su tonicidad.

La química de la miel, principalmente su cantidad de azúcares, la hace una excelente fuente de energía rápida. Hoy en día son muchos los atletas que consumen miel antes de un torneo, e incluso varias bebidas deportivas la utilizan. Los guerreros de la antigüedad no sabían el por qué pero si conocían sus efectos, por lo que era muy normal que varios guerreros griegos consumieran miel antes de una batalla.

Curiosamente con sólo con una pequeña muestra de miel se puede detectar el lugar exacto del mundo donde fue producida y hasta el año. Dicha ciencia es muy utilizada en criminología y se denomina melisopalinologia, ya que no sólo estudia la miel sino los granos de polen. Gran cantidad de crímenes fueron resueltos deduciendo el lugar de origen del criminal en base al polen que dejó como evidencia en la escena del crimen.

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domingo, 11 de julio de 2010

Los precios inmobiliarios en España están sobrevalorados en más de un 50%

Aunque el valor de las casas españolas se está ajustando de manera importante, aún le queda mucho camino por recorrer a la baja, según el periódico británico 'The Economist'. Esta publicación ha sacado a la luz una clasificación de los países de la OCDE donde más sobrevalorado está el parque inmobiliario, y en el caso español afirma que la vivienda sigue sobrevalorada en más de 50%, y es que España es el segundo país en cuanto al sobreprecio de las casas pese al ajuste de los últimos dos años.

Así lo refleja un ranking publicado por el diario 'The Economist', del que se desprende que los precios de la vivienda deberían descender casi a la mitad para poder ajustarse a su valor real. Esta información coincide con el dato de precios oficiales publicado por el Ministerio de Vivienda

En el gráfico del reportaje publicado por el semanal británico The Economist (centrado en el "espumoso mercado inmobiliario" ) se ve claramente: España es el tercer país del globo donde el precio de la vivienda es más alto que su valor real.



El estudio de The Economist, que recaba información sobre el primer trimestre de 2010, apunta a Australia como el país donde la especulación es más procaz. En el estado-isla, el sobrecoste alcanza el 56%. En segundo lugar España, con el precio de la vivienda un 53% sobrevalorado.

El reportaje llega a tal conclusión comparando el precio actual de la vivienda con la media de los alquileres a largo plazo. El diario anglosajón defiende que así se llega a una "evaluación justa", y es que el ratio que explica con mayor fidelidad el sobreprecio de las casas es la relación entre los precios de venta de las viviendas y el precio del alquiler. A esta relación se la denomina PER, como en el lenguaje bursátil se llama al número de veces que el beneficio neto de una empresa se encuentra incluido en el precio de cada una de sus acciones.

¿Choca el indicador de The Economist con otro publicado a primeros de junio por la agencia de calificación Standard & Poor's que veía, este último, "síntomas de mejoría" en el mercado de la vivienda español? La respuesta es no. Pese a la altivez de precios, el semanal reconoce una tibia caída en este mercado. Si en el primer trimestre de 2009 los costes cayeron un 6,8%, en el mismo lapso del presente año bajaron un 4,7%. Un descenso insuficiente, en cualquier caso, vista la exagerada dimensión apreciativa que aún emana de los hogares en España.



Ya detrás de España, Suecia (37%), Gran Bretaña (31%) o Bélgica (30%), todos ellos con sobrecostes bastante más tenues.

En cambio, en Japón (-33%) y Alemania (-14%) es donde el precio de la vivienda más infravalorado está.

En China la burbuja inmobiliaria empezó a preocupar seriamente a los responsables económicos del país. En Abril anunciaron una batería de medidas destinadas a enfriar el mercado inmobiliario, el problema de China es que igual el daño ya está hecho y es muy probable que la banca China ya esté intoxicada con hipotecas y préstamos a promotores de bienes raíces que podrían tener dificultades en retornar sus créditos.

En Occidente, en términos de valoración, parece que en los EEUU, la rápida caída de los precios de los bienes raíces, habría permitido que las viviendas estuvieran otra vez con precio aceptable. Está corrección es importante, porque es el requisito fundamental para que el sector inmobiliario y indirectamente el sector financiero inicien su recuperación. Precios atractivos deberían permitir atraer de nuevo inversores.

Este no es el caso de Europa. En España, a pesar de que el sector inmobiliario esta prácticamente destrozado, la vivienda seguiría sobrevalorada en un 50%. Los bancos españoles no han querido reconocer el problema, y ante el impago de crédito de los promotores de bienes raíces han preferido quedarse las viviendas y terrenos en sus balances a cambio de los préstamos y no sacarlas al mercado con descuentos importantes para no tener que contabilizar pérdidas. El problema se extiende en menor medida un poco por toda Europa. En Irlanda la sobrevaloración sería del 24,5%, en Francia del 39,7%, en Bélgica del 30%. Sólo Alemania parece estar libre del cáncer inmobiliario.


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miércoles, 7 de julio de 2010

¿Qué nos motiva realmente para trabajar?

La motivación no se compra. El valor del dinero tiene un límite e incluso puede ser superado por estas tres cosas: autonomía o el deseo de dirigir nuestras propias vidas, maestría o el deseo de ser mejor en algo que nos gusta y propósito o la necesidad de desarrollar nuestro potencial. Esto ocurre en el ámbito de la empresa, en el colegio y en el hogar.



La sabiduría popular nos lleva a creer que una recompensa económica siempre aumentará nuestro interés por hacer mejor las cosas. “Por largo tiempo ha existido una gran distancia entre lo que la ciencia sabe y lo que los negocios hacen”, es el argumento central del autor Daniel H. Pink en su más reciente libro "Drive: the surprising truth about what motivates us". Para H. Pink, la pregunta constante de los hombres de negocios ¿cómo motivo a la gente? es incorrecta, pues implica “que la motivación es algo que se hace en la gente, en vez de algo que la gente hace”. El autor pone de ejemplo el caso de Wikipedia vs. Encarta de Microsoft. El primero nace de un interés genuino de la gente de aportar su conocimiento, mientras el segundo opera en el esquema tradicional según el cual a los escritores, editores etc. se les paga por su trabajo. Ahora bien, H. Pink se pregunta si hace una década algún sobrio profesor de economía hubiera apostado a que el primer modelo triunfaría. Sin embargo, hoy sabemos que, mientras Encarta es historia, Wikipedia cuenta con más de 13 millones de artículos en cerca de 260 idiomas. Algo sabe la ciencia que los negocios no hacen.

El profesor Harry F. Harlow de la Universidad de Wisconsin se hizo famoso por sus investigaciones con monos Rhesus en los años 40. Harlow solía retar a estos primates con una serie de juegos mecánicos. Lo interesante es que luego de semanas los monos Rhesus continuaban jugando y mejorando, aun sin la necesidad de algún premio. De esta experiencia, Harlow concluyó que “su motivación era la tarea en sí misma, que generaba una satisfacción intrínseca”. En su libro, Daniel H. Pink presenta la que es, a su forma de ver, la evolución de la motivación hasta nuestros días. En una primera etapa, la motivación del ser humano era simplemente sobrevivir, pero luego vino la industrialización. H. Pink hace referencia al planteamiento del reconocido experto en gerencia Gary Hamel, “quien plantea que el management es una tecnología”. Es decir, la forma como nos organizamos evoluciona con el tiempo. Pero de alguna forma, en una segunda fase de la motivación, las organizaciones se han acostumbrado a la política del garrote y la zanahoria. “Como si fuéramos partes de una complicada máquina en donde cada cual debe encajar. Para mejorar, las compañías aprendieron a premiar lo bueno y castigar lo malo”, explica el autor.

Sin embargo, esta visión del garrote y la zanahoria no tiene en cuenta esa fuerza innata en los seres humanos de crecer por sí mismos. En su libro clásico de 1960, The human side of the Enterprise, el profesor de MIT, Douglas McGregor, ya vislumbraba esta otra forma de concebir a las personas en el trabajo. En lo que definió como Teoría Y, la gente “tiene una motivación propia por innovar, crear y cumplir sus metas”. Esto es aun más cierto hoy en día cuando los trabajos se han hecho más complejos, interesantes, creativos, y en muchos casos con un mayor impacto social. Algo tenemos que aprender de los nuevos esquemas de colaboración del mundo moderno tipo Wikipedia, Mozilla o Apache, o del impresionante avance del emprendimiento social. Para Daniel H. Pink, la clave es entender ese tercer componente de nuestra motivación “la necesidad de dirigir nuestras vidas, y mejorar por nosotros mismos y los demás”. Muchas veces el dinero puede convertir una tarea divertida en trabajo, e incluso este es el fundamento en el que se basa la teoría económica. Intercambiar ocio por ingresos.

Es importante no malinterpretar el tema del dinero. Por supuesto, las personas buscan buenos ingresos y la gran mayoría no trabaja por caridad. La regla de oro, según este autor, respecto a los salarios es que deben ser justos. Justos al interior de la empresa y respecto al entorno. Algunos estudios muestran que las personas aceptan ciertas diferencias salariales en las empresas cuando son justificadas. Lo importante es que las distancias de salarios no sean grandes y, preferiblemente, mantener sueldos por encima de la industria. Un empresario consultado por el autor afirmó “la gerencia no puede ser revisar si las personas están en sus oficinas. Lo que hay que hacer es establecer las condiciones propicias para que la gente pueda expresar su motivación”

Entonces, ¿qué quiere la gente? Como hemos visto, según Daniel H. Pink, la respuesta no es el dinero. Según este autor, tres elementos son fundamentales para que su equipo deje volar su potencial. A la gente hay que permitirle ser autónoma en sus decisiones, en la forma que realiza su trabajo y, en algunos casos, en el manejo de su tiempo. Compañías como Best Buy no tienen horarios o, como es bien conocido, Google permite que la gente asigne 20% del tiempo a proyectos de su interés. Además, el trabajo debe permitirle a la gente crecer como profesionales y lograr una experticia en una actividad dada. Incluso trabajos rutinarios son susceptibles de mejorar, con esfuerzo diario. Finalmente, las empresas deben tener un propósito. Sentir que se hace parte de un proyecto que tiene una trascendencia más grande que uno mismo, tiene un poder de motivación sin precedentes.

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domingo, 4 de julio de 2010

Los recuerdos, ¿un invento de la memoria?

Mediante la memoria el hombre teje el material del que se nutre para aprender y para enfrentar el futuro. Pero la memoria no es un registro veraz, sino un mecanismo con fallas que llegan a crear hechos inexistentes.

En Blade Runner, la película de Ridley Scott basada en la novela de ciencia ficción de Philip K. Dick, los replicantes, androides fabricados para servir al hombre, no tienen memoria. Su creador les implantó recuerdos para que pudieran cumplir con sus tareas. Estos humanoides, que se asemejan casi a la perfección a los seres humanos, no tuvieron experiencia alguna de vida. Todo lo que creen saber sobre ellos mismos se debe a implantes de memoria, y, sin embargo, tocan el piano y pueden emocionarse al recordar su infancia.


Esto en cuanto a los replicantes cinematográficos. En la literatura, Jorge Luis Borges insiste en el tema de la sustitución de recuerdos propios por los de otro. La manipulación de la memoria y la identidad son aspectos recurrentes, como en el cuento La memoria de Shakespeare. ¿Y qué pasa con nosotros en la vida cotidiana? ¿Son verdaderos nuestros recuerdos y nuestra biografía o somos víctimas de los caprichos del complejo proceso cerebral que es la memoria?

Expertos de Alemania y EE UU confirman que lo normal e inherente a la vida humana es recordar erróneamente, comenta Harald Welzer, psicólogo social y director del grupo Recuerdo y Memoria, del Instituto Científico de Cultura de la ciudad de Essen. Según Welzer, quien habla de la memoria comunicativa, la memoria forma el yo, pero los recuerdos se forman en comunidad con otros, por medio de la comunicación. Un suceso no es lo que pasó, sino lo que se cuenta sobre lo que pasó. Esto se vería a las claras en los relatos de guerra, que de ser individuales pasan a parecerse hasta formar un gran recuerdo colectivo.

Se han demostrado que tenemos recuerdos cuyos espacios en blanco nuestra memoria ha rellenado con momentos inventados, es decir con productos de nuestra imaginación. No es una investigación cualquiera sobre la base de supuestos o una hipótesis sin base sólida. En un reciente experimento se presentaron fotografías a varias personas, que no tenían conocimiento previo de la naturaleza de la investigación, de sitios donde habían estado, pidiéndoles que expresaran lo que recordaran de ese momento. A la vez que se les enseñó otras fotos donde jamás habían estado y en todas las fotografías, tanto reales como apócrifas, contaron recuerdos, unos reales, otros, sencillamente inventados. Para sustentar la hipótesis de trabajo sobre una base biológica, se hizo un estudio de las zonas del cerebro donde se identificaron aquellas neuronas que se activan cuando los recuerdos son verdaderos y las que lo hacen cuando somos conscientes que inventamos. Lo interesante es que en durante la recreación de los falsos recuerdos se activaron zonas del cerebro que aparente nos hacen creer que lo hemos vivido en realidad. Es decir hasta el cerebro, nuestro centro de mando, se termina creyendo nuestros falsos recuerdos.

El descubrimiento de dicha anomalía, si es que se le puede llamar así, ha llegado más lejos al implantar falsos recuerdos en la mente de los participantes en posteriores estudios al hacerlos “recordar” con bastante fidelidad el día que Bugs Bunny les abrazó en un parque de Disney. Todos dieron detalles de ese momento: la pelusa de las orejas del personaje, la sonrisa de sus padres, la cara del actor que estaba dentro del muñeco. Pues bien, esto simplemente no sucedió, es imposible porque Bugs Bunny no es, y nunca ha sido, de la factoría Disney.

El problema de la sugestibilidad es aún mayor en los niños, sobre todo, en los niños de edad preescolar. En un estudio típico, un hombre calvo visitó a un grupo de preescolares en el aula, les leyó un cuento, jugó con ellos durante un breve espacio de tiempo y luego se fue. Al día siguiente, se hizo a estos niños una serie de preguntas no lineales del tipo “¿Qué sucedió cuando vino aquel hombre a visitaros?”, y los niños respondieron contando una serie de recuerdos que, si bien no eran completos, resultaban bastante precisos. Pero cuando se les hacían preguntas que de algún modo sugerían la respuesta que se quería obtener, como “¿De qué color tenía el pelo?”, entonces un gran número de niños escogían un color. Aun aquellos niños que al principio respondían que aquel hombre no tenía pelo en la cabeza, empezaron, sobre todo desde que la pregunta fue repetida varias veces en diferentes sesiones, a fabular y a ampliar más aún el falso recuerdo.

¿Hasta qué punto los recuerdos que tenemos fijos en nuestra memoria no están adornados, mejorados y rellenados por nuestros anhelos, sueños o vivencias posteriores?

Recuerdos implantados

La psicóloga forense Elizabeth Loftus, de la Universidad de Washington, ha dedicado su vida al estudio de la fragilidad y maleabilidad de la memoria. Realizó estudios en más de 20.000 sujetos pudiendo demostrar, para su sorpresa, que en un 25 por ciento de ellos se podía provocar recuerdos artificiales, como, por ejemplo, sobre viajes en globo que nunca tuvieron lugar en la vida de los pacientes. También comprobó que la memoria se altera y deforma si se agregan informaciones posteriores al recuerdo de un evento.

Quince años atrás se creía que la memoria era una especie de archivo infalible de lo vivido. Hoy esa tesis está descartada. En el terreno legal, por ejemplo, especialistas alemanes piensan hoy en anular la figura del testigo, ya que, según Thomas Rönnaum, de una conocida escuela de abogados en Hamburgo, “como testigo el ser humano es una maquinaria defectuosa”. En los EE UU un 90 por ciento de los casos de veredictos incorrectos se debe a testimonios falsos.

¿Error o truco evolutivo?

Para el cerebro es tan importante tener la información del entorno en el que se mueve, que incluso llega a rellenar los huecos de información que le faltan con datos falsos inventados. El cerebro adultera y falsifica. Al fin y al cabo el cerebro es un dispositivo fruto de la selección natural dedicado al organismo vivo. Y como todo organismo vivo su meta es sobrevivir. Si tiene que inventar para completar la información que le falta lo hará. La realidad siempre se debe presentar como algo coherente y con sentido. Que nuestras acciones estén bajo control, que la memoria sea un reflejo de lo ocurrido, todo ello es necesario para sobrevivir. El mundo real es menos importante que el mundo que necesitamos. Los objetos que tocamos, olemos, degustamos existen realmente pero lo que se experimenta como realidad es una ilusión construida en el cerebro

Las fallas tienen un por qué, y parece que, por fortuna, nos benefician. Investigadores alemanes como Hans Markowitsch, profesor de psicología fisiológica de la Universidad de Bielefeld afirman que “la memoria autobiográfica tiene poco que ver con el pasado. Existe más bien para que podamos orientarnos en el presente y en el futuro”. Los recuerdos acerca de las experiencias vividas forman la identidad de una persona. Los sucesos pasan de la memoria de corto alcance al sistema límbico, en donde son clasificados según su carga emotiva. Son los sentimientos los que transforman un dato en un engrama o huella asociativa. Uno no recuerda lo que sucedió, sino lo que sintió cuando algo sucedió. Esta es la respuesta a por qué algunos recuerdos permanecen y otros son fugaces.

Markowitsch lo demuestra en un grupo de pacientes enfermos del síndrome Urbach-Wiethe, que no pueden valorar lo que sienten debido a un mal funcionamiento metabólico de la amígdala y, por tanto, del centro cerebral de los sentimientos. A dichos pacientes se les muestran escenas de un crimen en el que la asesinada lleva un vestido amarillo, y ellos recuerdan el color del vestido, pero no el crimen. Lo banal se conserva y lo importante se desecha.

Son muchas las preguntas que se abren ante la certeza de que nuestro cerebro manipula información para hacernos recordar episodios que no existieron nunca. ¿Hasta qué punto podemos seguir confiando en nuestra percepción, en lo que llamamos elaboración de la realidad? ¿Cuándo es real lo recordado? ¿Aquella bofetada de mamá, o el perfume de nuestro primer amor?, ¿Quién nos puede asegurar que algunos de nuestros recuerdos completos no sean quizás, simplemente, un sueño, un trozo de película que nos quedó grabado durante el sueño u otra invención más de nuestro cerebro?

Así que recordad la primera norma de la buena ciencia: si alguien os dice que ha visto un marciano, un fantasma o cualquier otro fenómeno sobrenatural, no le deis ningún valor a priori. Y si se celebra un juicio, nunca aceptéis el simple testimonio de una o de mil personas: hasta que el hecho no esté probado más allá de una duda razonable, el acusado es inocente.

jueves, 1 de julio de 2010

La hipótesis de la abuela

En el reino animal la mayoría de las hembras permanecen fértiles hasta el momento de su muerte. En cambio, la hembra humana experimenta la menopausia, quedando estéril bastantes años antes de su muerte. Este proceso natural, que hasta ahora se creía característico y exclusivo de nuestra especie, resulta bastante paradójico y hasta incomprensible, dado que se supone que la selección natural promueve genes responsables de caracteres que aumentan el número de descendientes y no de genes que promuevan la esterilidad temprana. ¿Qué ventajas reproductivas pueden derivarse de un sistema que interrumpe tempranamente la posibilidad de reproducción?

La mayoría de animales tiene una esperanza de vida muy relacionada con su capacidad de reproducirse y es poco habitual que los cachorros lleguen a conocer a sus abuelos. En los humanos no es así.

Desde un punto de vista utilitarista, esto es poco práctico. Hay que pensar en el bien comunitario: tener individuos que consumen recursos pero no producen nada es un contratiempo que la evolución tendría que haberse encargado de eliminar para favorecer nuestra supervivencia. Pero la evolución no es tonta: si no lo ha hecho es que para algo importante sirven los viejos. ¿Cómo encajan pues en el gran esquema de la Humanidad?


En términos generales, la respuesta a este dilema se resume en que a medida que una mujer envejece el costo de producir y sacar adelante otro hijo es muy alto, y por lo tanto, le es mas económico y eficiente optar por la estrategia de incrementar el número de individuos que llevan sus genes dedicándose a cuidar a los hijos que ya tiene, a sus nietos y a sus otros parientes, en vez de producir otro hijo más. El que la selección natural haya privilegiado esta estrategia en nuestra especie se puede explicar por varios factores: uno es el largo período de dependencia parental de la cría humana, más largo que en cualquier otra especie animal, por lo que a medida que una mujer se hace mayor, es muy probable que vaya acumulando más niños, como muy pronto, y con suerte, se independizarán después de la adolescencia, por lo que cada sucesivo embarazo supone una gran inversión incrementando su desgaste, esfuerzo y riesgo por sacar adelante un hijo más.

Una investigación llevada a cabo sobre la conducta de las mujeres de diferentes edades entre los cazadores-recolectores hadza de Tanzania dejo muy claro este hecho. El estudio ponía de manifiesto que las mujeres de esta tribu que dedicaban la mayoría de su tiempo a recolectar alimento eran justamente las posmenopáusicas, además eran las que compartían el excedente de su cosecha de alimento con sus parientes cercanos, como sus nietos e hijos crecidos, favoreciendo finalmente un porcentaje de sus propios genes (“altruismo por parentesco”). Así, la supervivencia de la mujer en esta tribu, generalizable a toda nuestra especie, es importante no sólo para la supervivencia de sus propios hijos sino también para la de todos sus nietos.

El investigador Daryl Shanley de la Universidad de Newcastle analizó datos sobre los nacimientos y muertes de 5500 personas en Gambia entre 1950 y 1975 (período anterior a la llegada de la medicina moderna y, por tanto, en una situación que se aproximaba bastante a las condiciones experimentadas por las mujeres durante la evolución humana). Los datos revelan que un niño tenía una probabilidad de sobrevivir 10 veces menor si la madre moría antes de que aquel cumpliese los dos años de edad, y que un niño de entre uno y dos años de edad tenía el doble de probabilidad de sobrevivir si su abuela vivía en ese tiempo. Los otros familiares, en cambio, no parecían tener ningún efecto significativo.

Pero también existe otro factor clave en la importancia de la menopausia y del rol de nuestras abuelas. En la revista Nature se publicó un estudio de la Universidad de Turku, en Finlandia, en el que se examinaron las partidas de bautismo y defunción de Canadá y Finlandia durante los siglos XVIII y XIX. Los resultados mostraron claramente que en estas sociedades las mujeres ‘ganaron’ una media de dos nietos por cada década que sobrevivieron por encima de los cincuenta. De hecho, la presencia física de la ‘matriarca’ resultaba crucial; cuando vivía a más de 20 km de sus hijas, éstas producían un número de nietos significativamente menor que cuando la abuela vivía en el mismo pueblo. Así, no es solamente un efecto genético, que pudiera relacionar la longevidad de la abuela con la fertilidad de las hijas, sino más bien al efecto beneficioso que ejerce ella misma sobre la crianza de los nietos.



Seguramente ésta es la característica de la menopausia más interesante para nuestra especie: la hembra de mayor edad también es generalmente el individuo de mayor importancia entre los mayores para toda la tribu en las sociedades prealfabetizadas, dado su gran acumulación de conocimientos. En estas mismas tribus prealfabetizadas este conocimiento tiene muchas veces que ver, sobre todo, con las estrategias a seguir en la crianza de los niños y en caso de catástrofes y cambios ambientales inusuales.

Pero los humanos no somos la única especie que vive en grupos de animales genéticamente emparentados y cuya supervivencia depende de la sabiduría adquirida transmitida socialmente (es decir, no genéticamente) de un individuo a otro. Por ejemplo, el individuo dominante en los elefantes también es la hembra de mayor edad, quién, a su vez, también es la que posee, entre otras cosas, el mayor conocimiento en las rutas y estrategias a seguir en el caso de catástrofes y cambios ambientales inusuales. Lo interesante, y que apoya todas estas teorías, es que recientemente se ha descubierto que las hembras elefantes también tienen la menopausia, al igual que unas pocas otras especies tales como los gorilas, algunos cetáceos como las ballenas y algunos delfines (no hay información disponible para afirmar si todos los cetáceos la poseen pero, en términos generales, se asume que este podría ser el caso). Curiosamente, en los gorilas la menopausia se presenta alrededor de los 44 años, una edad bastante parecida a la humana.

Un ejemplo bien documentado dentro de los delfines es el caso de los calderones, quienes viven en escuelas de 50 a 250 individuos, de una manera muy parecida y análoga a las tribus de las sociedades tradicionales humanas de cazadores-recolectores. Estudios genéticos han mostrado que una escuela de calderones constituye una enorme familia de individuos emparentados unos con otros y, lo mas importante, que un gran porcentaje de las hembras adultas de calderones son post-menopáusicas. Las ballenas son otros de los pocos animales en los que también existe la menopausia, y se piensa que por la misma razón evolutiva que la humana, es decir, permitir que las hembras mas viejas asistan y cuiden a sus parientes. No es extraño que la ballena sea menopáusica, ya que son el mamífero más longevo. Se creía que su esperanza de vida era de unos 60 a 70 años, pero recientemente se ha descubierto una ballena de Groenlandia viva que en su cuerpo aún tenía clavadas antiguas puntas de arpones que, dada su fecha de fabricación, estimaban su edad en unos 115 y 130 años.



Hay un hecho claro: todas las especies de cetáceos en las que se conoce la menopausia, o que podrían tenerla, tienen sistemas sociales matrilineales o matriarcales en el sentido de que todas las hijas permanecen junto a sus madres mientras éstas estén vivas. De forma similar a las abuelas humanas, las abuelas ballenas poseen experiencias que seguro benefician a sus hijas y a los demás miembros de sus líneas matrilineales (rutas de migración, disponibilidad de alimento, tipos de alimento que vale la pena consumir, peligros y enemigos naturales, etc). La importancia y el valor de esta información pueden explicar por qué las hembras de estas especies viven más de un tercio de sus vidas como miembros post reproductivos dentro de su grupo social. El beneficio que aporta para los animales emparentados, hijas o nietas directas, hermanas sobrinas y primas, el hecho de tener una hembra vieja ayudando al grupo, termina siendo mayor que el que tendría continuar pariendo y criando más hijos, dado el peligro que para la madre ballena conlleva parir y criar sus hijos, sobre todo al aumentar su edad.

Y es que en todo sentido le debemos gran parte de nuestra vida biológica y socio-cultural a nuestras abuelas, al igual que los elefantes, los gorilas, los delfines y las ballenas se la deben a las suyas.

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¿Seguro que la juventud de hoy es peor que la de ayer?

El Médico de Familia inglés, Ronald Gibson, comenzó una conferencia sobre conflicto generacional, citando cuatro frases:

1) “Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos.”

2) “Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país, si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esa juventud es insoportable, desenfrenada, simplemente horrible.”

3) “Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos.”

4) “Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura.”

Después de enunciar las cuatro citas, el Doctor Gibson, observaba como gran parte de la concurrencia aprobaba cada una de las frases. Aguardó unos instantes a que se acallaran los murmullos de la gente comentando lo expresado y entonces reveló el origen de las frases, diciendo:

La primera frase es de Sócrates (470 – 399 A .C.);
La segunda es de Hesíodo ( 720 A .C.);
La tercera es de un sacerdote ( 2.000 A .C.);
La cuarta estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4.000 años de existencia;

Y ante la perplejidad de los asistentes, concluyó diciéndoles:

Relájense, la cosa siempre ha sido así...

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miércoles, 30 de junio de 2010

Las ventajas de la vida en pareja

Ya sabíamos que masturbarse regularmente es saludable, y más lo es mantener relaciones sexuales regulares con otra persona. Lo que no sabíamos todavía es que la vida en pareja proporciona una serie de ventajas notables en el ser humano.

Tendemos a pensar que los monjes y monjas célibes deben tener una vida más larga y saludable, habida cuenta de que están alejados de las vertiginosas vicisitudes del sexo, la convivencia conyugal, etc. Sin embargo, resulta que es justo al contrario. De promedio, la mejor receta para tener mala salud y vivir poco es ser célibe.



El primer sistema nacional de estadísticas vitales del mundo surgió en Inglaterra, casi por casualidad, cuando el Parlamento creó la Oficina del Registro General en 1836 para contabilizar y archivar el número de nacimientos y de muertes de que se producían en el país.

El primer compilador de esta oficina no fue un burócrata sino un médico de origen humilde: William Farr. Un médico que acabaría analizando creativamente estos datos de una forma que el Parlamento no había previsto.

Al principio, Farr investigó las tasas de mortalidad de distintos oficios y profesiones, el modo óptimo de clasificar las enfermedades (su sistema se sigue empleando hoy en día) y los índices de mortalidad de los manicomios. Pero también descubrió otra cosa: que las personas casadas vivían más tiempo que las viudas y que las solteras.

Un dato realmente perturbador, porque contradecía las ideas generales sobre el tema, indiciadas en 1749 por el matemático francés Antoine Deparcieux, que se había dedicado a investigar la longevidad de las monjas y de los monjes. Tanto el matemático como otros estudiosos de la época creían que el celibato era signo de longevidad.

Pero había algunos investigadores que ya habían insinuado que la supresión de una función fisiológica era perjudicial para la salud, y Farr estaba convencido de que había dado con la demostración de ese hecho tras estudiar también datos recopilados en Francia. En su artículo de 1858, titulado Influencia del matrimonio en la mortalidad del pueblo francés, Farr sostuvo lo siguiente tras analizar lo datos de 25 millones de adultos franceses:

"Una serie muy notable de observaciones que atañen al conjunto de Francia, nos permite determinar por primera vez el efecto de las circunstancias conyugales en la vida de una gran parte de la población. (…) El matrimonio es un estado saludable. El individuo soltero tiene más probabilidades de naufragar en este viaje que los que se unen en matrimonio."

Con detalladas tablas, Farr demostró que, por ejemplo, en 1853, entre los hombres de entre 20 y 30 años de edad, se producían los siguientes fallecimientos:

Solteros: 11 fallecimientos por cada 1.000

Casados: 7 por cada 1.000.

Viudos: 29 por cada 1.000 viudos.

Entre los hombres de entre 60 y 70 años, las cifras, según los grupos correspondientes, eran 50 por cada 1.000, 35 por cada 1.000 y 54 por cada 1.000.

Con las mujeres ocurría prácticamente lo mismo. Sí que es cierto que si eras joven y soltera entonces se prolongaba la vida, pero se dedujo que este dato reflejaba la cifra de mujeres casadas que morían al dar a luz, muy elevadas durante aquel siglo.

Sin embargo, el camino hacia la aceptación de estos datos no fue tan fácil. Aparecieron los detractores, y tuvieron que investigarse realmente qué es lo que provocaba estos desajustes en la longevidad. A finales del siglo XIX, algunos observadores sostuvieron que el hecho de que el matrimonio supusiera una ventaja para la salud era sólo una apariencia, porque lo que sucedía en realidad es que las personas casadas parecían más sanas a causa de la selección natural.

Es decir, las personas menos sanas tienen menos probabilidades de contraer matrimonio que las personas más sanas. En 1898, el matemático Barend Turksma lo expresó así:

"Las personas que tienen menos vitalidad, las que apenas son capaces de valerse por sí mismas, casi están obligadas a pasar por la vida solteras.
Esta batalla de ideas duró hasta 1960, hasta que apareció toda una serie de artículos muy reveladores. El más importante de ellos se publicó en el Lancet, un boletín médico británico, bajo el título de “La mortalidad de los viudos.”"

Apoyándose de nuevo en los datos de la Oficina de Registro General, se analizaba el índice de 4.486 viudos a lo largo de 5 años transcurridos a partir del fallecimiento de sus esposas. Los autores concluyeron que el riesgo de fallecimiento de esos hombres aumentaba un 40 % en los primeros 6 meses después del fallecimiento de la esposa, y luego se estabilizaba.

Bien, tal vez ello no signifique que haya relación entre longevidad y matrimonio sino que, sencillamente, la muerte del cónyuge produjo efectos en el hombre. Tal vez ambos cónyuges estuvieran expuestos a factores que aumentaban sus probabilidades de morir, como las toxinas del entorno o un autobús circulando a demasiada velocidad, que mató a ella pero sólo hirió mortalmente a él.

Pero cabía la posibilidad de que William Farr tuviera razón y que existiera una verdadera relación causal entre la vida en pareja y la salud. Tal vez había algo más allá del efecto “morir de pena” del marido cuando la mujer falleció debido a toda una serie.

Sin pretenderlo, los autores del artículo de Lancet arrojaron una idea interesante: “la alimentación de los viudos es susceptible de empeorar cuando ya no tienen una esposa que los cuide.”

Y es que las modernas investigaciones confirman que el matrimonio es bueno, pero que los hombres y las mujeres no obtienen los mismos beneficios de él.

El índice de mortalidad, según la estadística, arroja que estar casado prolonga la vida del hombre 7 años, pero la vida de la mujer sólo se prolonga 2 años. En cualquier caso, parece ser que el matrimonio es más beneficioso para la salud que la mayoría de los tratamientos médicos.

Pero ¿por qué existe esta diferencia?

Es lo que ha tratado de responder la reciente investigación del demógrafo Lee Lillard y sus colaboradores, Linda Waite y Constantijn Panis. Tras analizar a más de 11.000 hombres y mujeres que iniciaron y concluyeron sus matrimonios en el periodo transcurrido entre 1968 y 1988, descubrieron detalles interesantes.

Los cónyuges se proporcionan apoyo mutuo y se conectan el uno al otro a una red social más amplia de amigos, vecinos y parientes. También es menos caro vivir juntos que separados. Los cónyuges también son depósitos de información y fuentes de asesoramiento continuo, de ahí que uno influya tanto en el comportamiento del otro, desde si tenemos que abrocharnos en cinturón de seguridad hasta si hay que comer fuera o ahorrar.

Esto ocurre, en parte, porque tienen un defensor devoto de sus intereses. Las personas casadas eligen hospitales de mayor calidad y los tratamientos médicos les causan menos complicaciones que a los viudos y a los solteros. Es una evidencia que el apoyo emocional del cónyuge produce disminución del pulso cardiaco, refuerzo del sistema inmunitario y prevención de la depresión.



Pero los hombres salen ganando en esta vida en equipo porque, al casarse, generalmente los hombres dejan sus hábitos de soltero, asumiendo su papel de adulto: venden la moto, algunos dejan de consumir drogas ilegales, comen de forma más ordenada, vuelven a casa a una hora razonable y empiezan a asumir responsabilidades con mayor seriedad.

Es decir, que las mujeres modifican tanto el comportamiento de los hombres que les prolongan la vida: los hombres ya no necesitan hacer tanto el gallito para obtener pareja (de hecho, si los hombres tienen una esperanza de vida inferior a la de la mujer es, en parte, porque el hombre tradicionalmente adopta el rol de conquistador, adoptando más conductas de riesgo, bebiendo más, fumando más, corriendo más con el coche, etc., como los pavos reales arrastrando enormes colas de colores que les imposibilita huir de los depredadores).

No hay que entrever un sesgo sexista en este estudio. Es cierto que el rol de las mujeres ha cambiado espectacularmente en los últimos años, pero igualmente estos roles básicos obedecen a comportamientos muy arraigados biológicamente en el sexo masculino y femenino. En cualquier caso, lo que resulta obvio es que hay un intercambio asimétrico de beneficios, al menos por el momento.

Si el hombre, nada más casarse, experimenta un sustancial y marcado declive en su riesgo de fallecimiento, en la mujer esto no ocurre de ningún modo: su índice de mortalidad desciende más gradualmente y es menor.

El mismo patrón se detecta con la viudez: si la esposa mure, el riesgo de fallecimiento del marido se eleva bruscamente, pero no tanto el de la mujer si muere el marido. Cuando una mujer fallece, lo que más incide en la salud de su esposo, el apoyo emocional, un hogar bien gestionado, etc., sí que desaparece bruscamente. Al menos en el escenario actual, en el que la mayoría de sociedades aún son los hombres los que ceden en mayor proporción la gestión del hogar a las mujeres.

Y lo que quizá os resultará más chocante es que la edad de la mujer y del hombre también influye en todos estos datos. Casarse con una mujer más joven es beneficioso para un hombre, mientras que casarse con un hombre más joven no es beneficioso para la mujer. Incluso, hasta ciertos límites, cuanto mayor es la diferencia de edad entre un marido mayor y una mujer más joven, mayores son los beneficios para la salud de ambos.

Lo que refuerza la tendencia ancestral y biológica entre hombres y mujeres de establecer una transacción del tipo “sexo y respaldo a cambio de dinero”.

La pregunta es... ¿hasta qué punto esta tendencia desaparecerá con los nuevos cambios socioculturales en relación al sexo que se avecinan? ¿Hasta qué punto la cultura podrá neutralizar instintos primarios tan arraigados en la biología humana?

Son preguntas que podremos contestar dentro de unas décadas.