domingo, 29 de agosto de 2010

Las personas hostiles y competitivas tienen mayor riesgo cardíaco

Las personas hostiles, podrían estar pagando un precio en términos de la salud cardiaca, según encuentra un estudio reciente.

Estos tipos de personas presentan un engrosamiento en las paredes de las arterias, relacionado con un aumento de hasta un 40 por ciento en el riesgo de que la arteria se estreche. Y eso podría aumentar su riesgo de enfermedad cardiovascular, ataque cardiaco y accidente cerebrovasculares. El informe aparece en la edición en línea del 16 de agosto de la revista Hypertension.



"Con frecuencia, el público se preocupa sobre el estrés, pero a veces es la forma en que nuestras personalidades interactúan con el estrés lo que puede tener un efecto nocivo sobre la salud", anotó el Dr. Ralph Sacco, presidente de la American Heart Association y catedrático de neurología de la Facultad de medicina Miller de la Universidad de Miami.

"El conocimiento es el primer paso en la modificación de la conducta", añadió. "Si sabemos cosas sobre el estrés y el antagonismo, tal vez ayude a las personas a cambiar su conducta, si saben que se relaciona con el riesgo vascular".

Para el estudio, un equipo de investigadores liderado por Angelina Sutin, becaria postdoctoral del Instituto Nacional del Envejecimiento de los EE. UU., recolectó datos sobre más de 5,600 personas en cuatro pueblos de Cerdeña (Italia).

Los investigadores encontraron que los que tenían puntuaciones altas en rasgos de antagonismo presentaban un mayor engrosamiento de las arterias del cuello (las carótidas), en comparación con la gente más complaciente. El grosor de las paredes de la arteria carótida es un factor de riesgo de ataque cardiaco y accidente cerebrovascular, señalaron los investigadores.

Después de tres años, las personas que puntuaron más alto en antagonismo o bajo en complacencia, sobre todo las que eran manipuladoras o se enfadaban con rapidez, siguieron mostrando engrosamiento de las paredes arteriales. Esos rasgos también predecían un mayor engrosamiento arterial. Las personas que puntuaron en el diez por ciento más bajo de complacencia y tenían los niveles más altos de antagonismo tenían un aumento de 40 por ciento en el riesgo de paredes arteriales gruesas, añaden.

En un comunicado de prensa de la revista, Sutin dijo que "las personas que tienden a ser competitivas y a estar dispuestas a luchar por sus intereses propios tienen paredes arteriales más gruesas, un factor de riesgo de la enfermedad cardiovascular".

"Las personas complacientes tienden a ser confiadas, directas y a mostrar preocupación por los demás, mientras que las que puntúan alto en antagonismo tienden a ser desconfiadas, escépticas y, en el extremo, cínicas, manipuladoras, egocéntricas, arrogantes y a mostrar enojo con rapidez", añadió.

En general, los hombres mostraban un mayor engrosamiento de las paredes arteriales que las mujeres. Pero entre las mujeres que eran antagónicas, el riesgo pronto igualaba al de los hombres. "Mientras que las mujeres con rasgos de complacencia tenían paredes arteriales mucho más delgadas que los hombres con los mismos rasgos, el antagonismo tuvo una asociación mucho más firme con el grosor arterial en las mujeres", aseguró Sutin.

Por lo general, el engrosamiento de las paredes arteriales es señal de edad. Sin embargo, las personas jóvenes con rasgos de antagonismo ya presentaban engrosamiento de la pared arterial, añadió.

Los hallazgos, que concuerdan con investigaciones en regiones más urbanas, podrían aplicar a otras personas por el mundo, ya sea que vivan en pueblos pequeños o áreas cosmopolitas, afirmó Sutin.

Las personas iracundas tienden a ser menos saludables, señaló. "El creciente campo de la psicoinmunología revela las múltiples y potentes vías mediante las cuales nuestro estado emocional influye sobre los niveles de hormonas y neurotransmisores, lo que a su vez influye en el funcionamiento de nuestros sistemas inmunitarios y nerviosos, y quizás todo lo demás", comentó Katz.

El efecto independiente de la ira crónica parecía ser igual de potente que el de otros factores de riesgo claves, como la hipertensión, aunque este estudio era de asociación, y no de causa y efecto, anotó Katz.

"Tenemos muchos motivos para concluir que la ira crónica es mala para nosotros", enfatizó. "Ahora el desafío es, en un mundo con tantas irritaciones y factores estresantes, cómo deshacernos de la ira y la hostilidad crónicas. Parece muy claro que, si enfrentamos este desafío, habrán muchos beneficios para las arterias carótidas de la gente y la sociedad".

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sábado, 7 de agosto de 2010

¿Creer o no creer?, ésa es la cuestión

¿Son las creencias y supersticiones un aspecto inevitable de la naturaleza humana?

En una sociedad fundamentada en la ciencia y la tecnología, la superstición sigue gozando de una salud de hierro. La tendencia a creer en lo sobrenatural es común en el hombre moderno. Por ejemplo, nueve de cada diez personas han notado alguna vez, en algún lugar a sus espaldas, que alguien que no veían les estaba mirando. Así lo asegura Bruce Hood, director del Bristol Cognitive Development Centre (Reino Unido), en su libro SuperSense (HarperCollins, 2007). Por muy irracional e infundada que sea esta sensación, parece estar del todo generalizada.



Hace unos años, Hood realizó un experimento con 200 estudiantes de su clase. Les pasó un cuestionario en el que les preguntaba: "¿Crees que puedes notar cuando alguien te mira por detrás?". El 90% de los estudiantes, todos ellos universitarios y expertos en temas científicos, contestó que sí. En este caso, la percepción equivocada se fundamenta en una idea falsa sobre cómo funciona la vista. Esta concepción errónea y común se combina con una experiencia típica: en circunstancias sociales en las cuales una persona se siente incómoda, esa persona puede pensar que alguien la está mirando, girarse y encontrar que, efectivamente, hay alguien aguardando. La mente se olvida fácilmente de todas las veces en las cuales uno se gira y nadie está allí observando y, gracias a esta memoria selectiva, la ilusión se acaba de consolidar. Por eso, tendemos a creer que si alguien nos observa desde detrás nos daremos cuenta de ello. Pero es absolutamente falso.

Convicciones ilusorias como la que acabamos de explicar son frecuentes, según Hood. El cerebro humano ha evolucionado para reconocer patrones, buscar estructura y orden incluso allá donde todo parece azaroso. Si se tira un puñado de granos de café sobre la mesa, por ejemplo, el sistema perceptivo automáticamente los agrupa en un patrón. El caso es que la mente humana no acaba de aceptar que pueda haber sucesos del todo casuales. Pero, además de detectar patrones, los humanos también intentan inferir los mecanismos que los provocan. Esto hace que se llegue a ideas erróneas sobre lo que ha generado el patrón.

Según Hood, las creencias irracionales son la derivación natural de este irreprimible instinto humano hacia la búsqueda de patrones y explicaciones. Para demostrarlo, el investigador cita el caso de su suegro, un neurocirujano muy acostumbrado a ver cómo los daños cerebrales generan alucinaciones. Seis semanas tras la muerte de su mujer, el médico les aseguró a sus familiares que acababa de ver a su mujer en el borde de su cama, aún siendo un ateo convencido. No se trata de un caso aislado. Hood asegura que el 50 % de los cónyuges de personas que han fallecido hace poco están totalmente convencidos de que sienten la presencia de la persona amada que se ha ido. En esencia, según Hood, las creencias son inevitables. Al contrario, lo verdaderamente antinatural es "no creer". Por ejemplo, es necesario un gran esfuerzo para que los niños entiendan la idea de la muerte. Hood cita experimentos con marionetas, en los cuales se les dice a un grupo de niños: "Imaginad que un cocodrilo se come a un ratón". Se les enseña las marionetas del cocodrilo y del ratón, se representa la acción, y luego se les pregunta: "¿Creéis que el ratón necesita comer?" y dicen: "No, no necesita comer, pero se siente solo, está solo ahí dentro del cocodrilo". Entienden algunos aspectos del fin de la existencia, pero la noción de que la mente deja de existir les resulta un concepto muy difícil. Por eso la vida después de la muerte, la idea de que existe algo cuando morimos, resulta completamente coherente y verosímil. Casi imprescindible.



Sin embargo, no es necesario plantearse las grandes preguntas existenciales para encontrar creencias irracionales. Por ejemplo, el tenista John McEnroe evitaba a toda costa pisar la línea blanca, sin ninguna razón consistente. Por otro lado, el futbolista David Beckham, cuando va a una nevera, se asegura de que las latas estén siempre en parejas. Hood no menosprecia estas formas de creencias, en apariencia, ridículas. El investigador cita un artículo publicado en la revista Science que demostraba que, si se pone a las personas en una situación estresante, empezarán a ser más supersticiosas. La explicación es otra vez la incapacidad humana de encararse a la aleatoriedad. Si se pone a alguien en una situación en la que no pueda predecir qué pasará, necesitará crearse un fetiche de seguridad. Es la llamada "ilusión de control".

Sam Harris, licenciado en filosofía y doctor en neurociencias por la Universidad de California, en Los Ángeles (EE. UU.), además de autor del bestseller El fin de la fe, discrepa radicalmente de este punto de vista. Según Harris, las creencias no perviven porque sirvan de algo, sino porque nuestra cultura les ha reservado un estatus especial, que las exime de recibir todas las críticas que recibiría cualquier otra afirmación. El Informe sobre Desarrollo Humano de Naciones Unidas, que clasifica las naciones en función de la calidad de vida, junto a otras variables relevantes —el alfabetismo, las tasas de homicidios, la renta per cápita etc.— sugiere que justamente las sociedades menos religiosas (Europa Occidental, Japón, Australia, Canadá...) puntúan mejor que el resto de países, mientras que las peores son teocracias sin excepción. Según Harris, la idea de que la religión es útil esconde el dogma que afirma que sin religión no hay moralidad, cosa que no es cierta, como demuestran las normas de convivencia que rigen la vida de otros animales sociales. En este sentido, Harris propone un proyecto alternativo. La idea es que hay que liberar a la ética de las invenciones de la fe y anclarla en la sólida base de la ciencia. Su propuesta consiste en desarrollar una "ciencia de la felicidad" que nos diga cómo comportarnos no en base a los dictámenes de antiguos libros sagrados, sino en la de sólidos conocimientos.

En todo caso parece claro que nacemos con un cerebro preparado para darle sentido al mundo, aunque sea a través de explicaciones que van más allá de lo racional y de lo natural. Esta característica nos permite adaptarnos y sobrevivir, pero también ver donde no hay.

En una encuesta realizada en 2005 con 1.000 adultos estadounidenses, se constató que el 73% de éstos afirmaba creer en, al menos, un fenómeno sobrenatural. En percepciones extrasensoriales creía el 41%. En casas encantadas, el 37%. En fantasmas, el 32%. En telepatía, el 31%. En la clarividencia, el 26%. En la posibilidad de comunicarse con los muertos, el 21%. Etc.

¿De dónde proceden todas estas creencias? Según Hood, muchas de ellas tienen su origen en la forma en que los niños piensan, de forma espontánea, el mundo.

El psicólogo argumenta que los niños generan el conocimiento a través del razonamiento intuitivo, un proceso que produce tanto creencias naturales como sobrenaturales. Con la educación científica se aprende que las creencias sobrenaturales son irracionales, pero dado que éstas operan en un nivel intuitivo, en realidad son muy resistentes a la razón y pueden permanecer “dormidas” incluso en las mentes de los adultos más racionales. Según el científico: “estamos pre-equipados con un diseño mental que crea un “supersentido” destinado a dar forma a nuestras intuiciones y supersticiones y que resulta esencial para nuestra manera de aprender a comprender el mundo”. Por eso, afirma, es muy probable que no seamos capaces de eliminar del todo las creencias sobrenaturales o las actitudes supersiticiosas que las acompañan. Además, estas creencias podrían servir para desarrollar los lazos de los grupos sociales, a pesar de que algunas de ellas persigan o marginen a los que no las comparten.

Por ejemplo, llevar objetos especiales o poner una vela encendida cuando alguien va a hacer un examen son actividades muy corrientes que demuestran que todo el mundo es susceptible a las creencias sobrenaturales, señala Hood. Por otro lado, estas creencias se apoyan en experiencias personales de lo sobrenatural en las que tenemos bastante fe. Así, si una vez hemos intuido que alguien va a llamar por teléfono y luego el teléfono suena y es esa persona, ya tendemos a pensar que esta casualidad no es fruto sólo del azar. Asimismo se produce lo que se denomina el “prejuicio confirmatorio”: una vez que creemos algo encontramos cada vez más evidencias de que eso en lo que creemos es cierto. El prejuicio confirmativo es de hecho un fenómeno psicológico bien fundamentado, que consiste en que recordamos y notamos hechos que confirman nuestras creencias y olvidamos aquéllos que las desafían.

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El perro... un lobo domesticado

¿Por qué este animal?, ¿por qué no domesticar a otro menos peligroso y no rival en la lucha por la caza?. Mucho antes de instaurar la ganadería y domesticar animales con fines alimenticios, los perros ya estaban integrados en la vida de los seres humanos, con funciones de ayuda, defensa o compañía.

Los descubrimientos más recientes indican que el perro no es más que una subespecie doméstica del lobo gris. Según la comparación de los mapeos genéticos de ambas especies, hace al menos 14.000 años el hombre consiguió domesticar realmente a ejemplares de lobos; es muy probable que el perro haya sido el primer animal domesticado, siendo usado para ayudar a bandas de hombres en la caza y defender al grupo y su morada. Poco a poco, el hombre los adaptó a sus necesidades, creando diferentes razas para las distintas labores y características ambientales y geográficas.



El hombre se dio cuenta rápidamente de los finos sentidos del olfato y el oído que tenía el perro; su olfato es más potente que del humano (su área olfatoria es 20 veces más gruesa, y en el caso del Pastor Alemán con un volumen 34 veces mayor y con 40 veces más células olfatorias) y su oído es capaz de percibir sonidos muy por debajo y por encima del rango que oyen los humanos. Ventaja ésta que aumenta su utilidad para la caza y las labores de guarda. Su uso como pastor y protector de los rebaños es bastante posterior, yendo pareja a la domesticación y explotación de otros animales. Animal de costumbres sociales, que convive en grupos perfectamente jerarquizados, se adaptó a convivir con los humanos

El inicio de esta relación con los lobos no tuvo que ser fácil, como carnívoro que es, el lobo posee garras, colmillos y un potencial agresivo nada desdeñable, por no hablar de su organización en manadas y su caza en grupo. Aún así, también posee características muy similares a los seres humanos que han hecho posible su convivencia: su inteligencia, su organización social y su apego emocional.

Los cambios en la evolución genética son muy lentos y precisan de muchas generaciones, mientras que los avances en la evolución cultural son mucho más rápidos. La domesticación es el proceso por el cual se reproducen animales y plantas de forma controlada por el hombre, en el que la selección natural juega un papel secundario frente a la selección artificial. Domesticar no es solo criar un animal entre humanos, sino poder reproducirlo en cautividad y poder dominarlo sin que interrumpa en las actividades humanas.



"La diferencia más notable entre estos últimos perros prehistóricos y los perros de raza actuales es el tamaño de los dientes”, comparando el tamaño de los dientes, que se parecen más a los lobos que a los perros actuales. “En su aspecto, el perro del Paleolítico se asemeja a la mayoría de los perros de la raza Husky Siberiano, pero en cuanto a tamaño, sin embargo, son algo más grandes, probablemente comparable a los grandes perros de raza Pastor Alemán “, según Germonpré, un paleontólogo en el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales.

Quizás nuestros antepasados intentaron domesticar más especies antes que al lobo, pero no dieron resultado, o no han trascendido hasta la actualidad, porque a la hora de domesticar animales es muy importante el comportamiento social y gregario de los mismos. El lobo, a diferencia del chacal, el zorro y otras especies, posee una marcada conducta social, como los humanos. El gregarismo es básico para su subsistencia como para la nuestra, este es el punto clave por el cual un carnívoro de tales características se hizo amigo del hombre, “el mejor amigo del hombre” como estamos tan acostumbrados a oír.

Los restos de perros domésticos más antiguos conocidos se han encontrado en el cantón suizo de Schaffhausen, de entre 14.100 y 14.600 años, durante el Paleolítico Superior, cuando nuestros ancestros eran cazadores y recolectores. En Zawi Chemi Shanidar, una de las aldeas más antiguas de Irak, los restos de ovejas domésticas han sido datados en 10.500 antes del presente, las cabras (Ali Kosh, Irán) en 9.500 años y el cerdo (Cayönü, Turquía) en 9.000 años. Pero es posible que el proceso de domesticación de los perros salvajes comenzara mucho antes, hace 40.000 años cuando en la época glacial los humanos y los lobos convivían en el mismo hábitat y dichos animales se alimentaban muchas veces con las sobras que dejaban los humanos luego de las cacerías.

La domesticación de los perros fue en la cuna de la civilización, Oriente Próximo. Es la conclusión de un estudio genético publicado por la revista científica Nature, en el que se ha comparado entre más de 900 perros de 85 razas y cerca de 200 ejemplares del animal salvaje más similar al perro, el lobo gris, de todo el globo. Los cánidos domésticos comparten más marcadores genéticos únicos con sus primos aulladores de Oriente Próximo. El profesor Robert Wayne, especialista en biología evolutiva en la Universidad de California y director del estudio, asegura "que es importante porque es el lugar donde la civilización surgió y los perros fueron parte". La región, que incluye Irak, Siria, Líbano y Jordania, "fue donde también los gatos" se acostumbraron al ser humano "y la agricultura se desarrolló primero".

Los egipcios y los habitantes del Asia Occidental fueron los primeros en criar perros, principalmente mastines y galgos. En la época de la Roma imperial ya existían algunas de las razas de perros que se conocen actualmente, teniendo una preferencia especial por los galgos, los cuales se usaban como perros de cacería, mientras que los grandes mastines eran considerados ideales para las peleas y la guerra. Igual que el actual letrero “Cuidado con el perro”, los romanos escribían “Cave canem” que significa lo mismo en latín. Los perros siempre han acompañado al ser humano en su proceso a la civilización; su presencia está probada en todas las culturas del mundo, así en Perú en la etapa preincaica, los mochicas los usaban como ayuda de caza y también como mascotas en casa.

Perro, el mejor amigo del hombre

Los perros han heredado los ojos, el olfato y las orejas de su antepasado el lobo. Estos sentidos han evolucionado junto a la nueva especie y se han adaptado en las distintas razas caninas gracias a los “cruces” o a la “selección artificial”. Como ejemplo está el caso de los galgos, que a través del tiempo han logrado desarrollar una vista mejor aún que la de los lobos. Un cambio que ha ocurrido en casi todos los perros domésticos, es que los ojos de los canes miran principalmente hacia adelante más que hacia los lados, mientras que en los lobos es lo contrario.

El ojo de los perros tiene menos conos que el de los humanos (unas diez veces menos), pero en cambio tienen mayor cantidad de células tipo bastones. Eso hace que puedan manejarse mejor que nosotros en la oscuridad, y que a plena luz del día las cosas las perciban con menos colores. ¿En qué medida difiere la visión cromática con la de las personas? Basta saber que las células cono de los humanos son de tres tipos (rojo, verde, azul), mientras que los perros disponen de 2, motivo por el cual les es imposible distinguir rojos y verdes.





La gran cantidad de razas de perros existentes en la actualidad han derivado de los gustos de los humanos por conseguir ciertas características, como el tamaño, la mansedumbre, la fiereza o el cuidado de animales como el perro pastor.



Un cambio que se produjo en el perro con respecto al lobo fue el del ladrido. El lobo raramente ladra. El ladrido es una forma de comunicación de los perros que surgió al domesticarse. El ladrido también fue un cambio, una mezcla de sonidos adultos y juveniles. Según Coppinger y Feinstein, a medida que los perros dóciles criaban, pasaban la mayoría de los genes de mansedumbre a las siguientes generaciones, además de otras características juveniles.

jueves, 5 de agosto de 2010

Las profecias de Ray Kurzweil...


¿Nos relacionaremos algún día con robots y ordenadores al igual que con humanos? Muchos tecnólgos piensan que sí, aunque pronostican que todavía faltan muchos años –o siglos- para que ese día llegue. Pero Raymond Kurzweil, uno de los tecnólogos y especialistas en inteligencia artificial más reconocidos del mundo, está convencido de que no habrá distinción entre máquinas y humanos dentro de pocos años.

Kurzweil, autor de los libros “La era de las máquinas inteligentes” y “The Singularity is Near” suele generar controversias, pero tiene créditos que lo avalan: Por ejemplo fue seleccionado como uno de los 18 pensadores más influyentes elegido por la US National Academy of Engineering para identificar los retos tecnológicos más grandes de la humanidad en el siglo XXI, y es uno de los cinco miembros del Army Science Advisory Group que aconseja al ejército estadounidense sobre prioridades de investigación científica. Predijo con varios años de anticipación el surgimiento y masificación de Internet y la victoria en ajedrez de un ordenador a un campeón mundial.



En el momento de la publicación de La Era de las Máquinas Inteligentes (1990) había sólo 2,6 millones de usuarios de Internet en el mundo, y esta tecnología no era en ese momento demasiado estable, ni fácil de usar, además de bastante escasa de contenido. También estableció que la explosión de Internet no sólo se daría en el número de usuarios, sino en su propio contenido, permitiendo a los usuarios acceso a redes bibliotecarias internacionales, bases de datos y servicios de información. Más aún, Kurzweil predijo correctamente que el uso principal de Internet se daría a través de sistemas inalámbricos.

Kurzweil también predijo acertadamente que la mayoría de los documentos existirían únicamente en ordenadores e Internet hacia el final de los 90 y que estos documentos incluirían, con frecuencia, animaciones, sonidos y vídeos incrustados que harían imposible su impresión en papel.

Kurzweil considera que estamos en una fase de crecimiento exponencial en la que confluyen la informática, la biotecnología, la física cuántica, la nanotecnología...

Kurzweil le explica en el siguiente vídeo a Eduard Punset por qué piensa que, en un plazo menor de 40 años, la humanidad trascenderá la biología para fusionarse con la tecnología.




Veamos en que consisten sus profecías:


2009
Un ordenador doméstico realiza un billón de cálculos por segundo. Prácticamente, no se utilizan cables, pese a que siguen existiendo teclados. El aspecto de los PC de alta resolución ha variado. Ahora se encuentran en todas partes, pueden estar insertados en la ropa, en joyas, o tener el tamaño de un libro de escaso grosor. Los textos se generan habitualmente utilizando reconocimiento de lenguaje natural. Las transacciones comerciales rutinarias se realizan en su mayor parte entre una personalidad humana y otra virtual. A menudo la personalidad virtual tiene apariencia humana. Los teléfono-traductores son utilizados comúnmente en muchos pares de lenguas. Los tratamientos de bioingeniería contra el cáncer y las enfermedades de corazón han reducido la mortalidad por esas causas.

2019
El ordenador doméstico ha alcanzado la capacidad de computación de un cerebro humano. Ahora los ordenadores son invisibles en su mayor parte. Están en las paredes, en las mesas, sillas, en la ropa y joyas, insertados en el cuerpo. Los dispositivos de Realidad Virtual en tres dimensiones se utilizan habitualmente en la comunicación. La mayor parte de la interacción con las máquinas se produce a través de gestos o diálogo en lenguaje natural. Tratar con computadoras se convierte en una actividad más parecida al trato con un ser humano. Comienza a aplicarse la nanoingeniería (ingenios de una milmillonésima de metro, contexto molecular). Muchas vías rodadas de comunicación tienen instalados sistemas de conducción automática de vehículos. Los cables que conectan las computadoras con su periféricos han desaparecido casi completamente. La mayoría del aprendizaje se hace con profesores simulados, inteligentes y adaptables. En el proceso de aprendizaje, los humanos adultos llenan de papeles a los mentores y ayudantes de clases. Estos asistentes no estan físicamente presentes y ayudan a los estudiantes remotamente. La mayoría de los trabajadores humanos pasan su tiempo aprendiendo nuevas técnicas y adquiriendo nuevos cocimientos. Hay conexión a Internet de alta Velocidad todo el tiempo, sin importar donde uno se encuentra.



2029
Un sistema informático de 1.000 dólares posee la capacidad de computación/cálculo de mil cerebros humanos. Implantes biológicos para los ojos y oídos se utilizan para establecer conexión directa con la red informática mundial. Sin interfaces. De la retina a la Red. Se han perfeccionado redes neuronales de banda ancha para conectarlas directamente al cerebro humano. Se van haciendo disponibles implantes neuronales para mejorar la percepción visual y auditiva, la memoria, el razonamiento y el cálculo humanos. La inmensa mayoría de las comunicaciones no se efectúa entre personas, sino entre una persona y una máquina. Las profesiones más extendidas son las educativas. Una proporción creciente de tiempo de trabajo se dedica a la educación y el aprendizaje. Las necesidades vitales básicas están cubiertas para la gran mayoría de la humanidad. La esperanza de vida continua incrementándose, y ahora está alrededor de los 120 años. Hay un gran progreso en el entendimiento del funcionamiento del cerebro humano. Cientos de regiones con funciones especializadas se han identificado. Algunos de los algoritmos que se crean en estas regiones con descifrados e implementados en computadoras con redes neuronales. Los Sectores de la Economía de agricultura, industria, transporte son prácticamente automáticos con pocos humanos trabajando en ellos. Por todo el mundo la pobreza, guerras y las enfermedades son casi inexistentes gracias a al tecnología. Inteligencia no biológica se combina con patrones de inteligencia humana, con la velocidad, memoria y conocimiento de la inteligencia de las máquinas.

2049
La utilización habitual de alimentos nanoproducidos, con la correcta composición nutricional y el mismo sabor y textura que los alimentos producidos orgánicamente, conduce a una disponibilidad de alimentos que ya no se ve afectada por los limitados recursos naturales, el clima, o el deterioro por oxidación. La Realidad Virtual y la Real se llegan confundir.



2099
El pensamiento humano y la inteligencia artificial se han fundido. Ya no existe distinción entre seres humanos y ordenadores. El cerebro humano es completamente recreado con Ingeniería Inversa. Todos los aspectos de su funcionamiento son entendidos. El pensamiento e inteligencia humana no posee ninguna ventaja sobre las mentes de las computadoras. Muchas entidades conscientes no poseen una presencia física permanente. La mayor parte de la información se transmite utilizando protocolos standard de conocimiento asimilado, esto es, protocolos que hacen que la información sea comprendida instantáneamente. Los idiomas como el inglés y el español aún se utilizan, pero forman parte de un conjunto de tradiciones y folklores a los que se exige respeto y protección por los legisladores. En este contexto, pierden sentido conceptos como esperanza de vida. La mortalidad no es un problema que pueda ser considerado del modo en que se hacía un siglo antes. El concepto de esperanza de vida es irrelevante para los humanos y máquinas, gracias a la inmortalidad médica y computadoras avanzadas.



Para estas profecías Kurzweil toma como fundamento tres leyes:

Ley del Tiempo y el Caos: en un proceso, el intervalo de tiempo entre fenómenos se expande o contrae proporcionalmente a la cantidad de caos existente. Esto quiere decir que los eventos relevantes crecen a medida que aumenta el orden, o en al contrario, disminuyen a medida que aumenta el caos.

Ley del Incremento de Caos: mientras que el caos aumenta exponencialmente, el Tiempo se ralentiza exponencialmente. Esto es, el intervalo temporal entre fenómenos es cada vez más amplio..

Ley de los Retornos Acelerados: a medida que el orden se incrementa exponencialmente, el tiempo se acelera exponencialmente. Es decir, el intervalo entre fenómenos se acorta a medida que el tiempo transcurre.La ley de Moore que dice que la capacidad de procesamiento de las computadoras alcanza el doble de su capacidad cada dos años sería un ejemplo más de esta tendencia.



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¿Qué es la sensación térmica?

La sensación térmica es una variable sufrida por muchos y comprendida por pocos. ¿Qué es la sensación térmica y cómo se calcula?

Pues bien, lo primero que hay que mencionar es que la temperatura del aire exterior es pocas veces un indicador seguro y de confianza para determinar el frío que una persona puede sentir, si está expuesto al aire libre. Existen otros parámetros meteorológicos que influyen como son la velocidad del viento, la radiación y la humedad relativa, por lo que se hizo necesaria otro tipo de medición, la sensación térmica. Por lo tanto, podemos hacer una primera definición de sensación térmica como el grado de incomodidad que un ser humano siente, como resultado de la combinación de la temperatura y el viento en invierno y de la temperatura, la humedad y el viento en verano.



Los dos factores que nos hacen "sentir frío" son la diferencia térmica entre la piel y el medio ambiente y la velocidad del viento.

La razón de por qué el viento nos hace sentir frío es muy simple ya que, cuanto más rápido se mueve el viento, más calor atrae, por lo que si tu piel se encuentra expuesta, el cuerpo se enfría mucho antes que si no estuviera en contacto.

Por poner un ejemplo muy simple, imaginaros que os encontráis varias personas en una casa en pleno verano y no hay quien pare dentro, hace un calor infernal. Uno de vosotros decide encender un ventilador que apunta directamente a su cara. ¿Qué ocurre? En principio, la temperatura no ha variado, todos seguís sudando pero el listillo del ventilador tiene una "sensación térmica" mucho más placentera, ya que el aire del ventilador al rozar su cuerpo atrae el calor de la piel y se siente más cómodo y fresco. En cuanto algún gracioso lo apague, su sensación de calor será la misma que el resto de la gente.

En verano, cuando la humedad es elevada, el valor de la sensación térmica excede al de la temperatura del aire. En este caso, la sensación térmica cuantifica la dificultad que el organismo encuentra para disipar el calor producido por le metabolismo interno y la incomodidad asociada con una humedad excesiva.

Como el cuerpo humano reacciona de maneras distintas ante el frío y el calor, se efectúan cálculos diferentes en invierno y en verano para medir la sensación térmica. Durante el invierno, se aplica una tabla en donde se considera la influencia de la temperatura ambiente en combinación con la velocidad del viento, ya que la presencia de vientos intensos acelera el enfriamiento de la piel. La sensación térmica invernal se conoce en inglés como windchill y la tabla de valores correspondientes, expresada en grados centí­grados, se muestra a continuación



Por otra parte, durante el verano, el factor con mayor incidencia sobre la sensación térmica es la humedad, ya que ésta afecta directamente a la capacidad de generación de sudor de la piel. En consecuencia, a mayor humedad, mayor es la sensación térmica, ya que nuestro cuerpo no puede enfriarse de manera tan eficiente en esas circunstancias y entonces sufrimos el calor con mayor intensidad. La tabla de valores que se aplica para la sensación térmica en el verano se conoce en inglés como heat index y se muestra a continuación



Tal como se aprecia claramente en el gráfico ampliado, el incremento de la humedad aumenta drásticamente la sensación térmica, lo que nos hace sentir que la temperatura parezca mucho más alta de lo que indica el termómetro.

En días calurosos, el viento también ejerce su influencia refrescante sobre la sensación térmica al remover la capa de aire que rodea nuestra piel, disminuyendo la sensación de calor siempre y cuando las temperaturas reinantes no sean mayores que la temperatura de la piel (32 grados centí­grados). Así que el valor obtenido en la tabla anterior se ajusta de acuerdo a la velocidad del viento, según lo que indica la siguiente tabla.



De acuerdo a los datos que observamos en los gráficos, en las regiones de climas húmedos la sensación térmica resulta mucho más apropiada para indicar el grado de calor presente en la zona, en vez de mencionar sólo a la temperatura ambiente, confirmando de forma indiscutible la sabidurí a de nuestros mayores: “lo que mata es la humedad”.

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martes, 3 de agosto de 2010

¿Aquí quién manda?, ¿cómo elegimos a nuestros líderes?

Sin seguidores no hay líderes. Y sin líderes las sociedades se hubieran hundido en conflictos insolubles. ¿Cómo elegimos ahora a nuestros líderes? ¿Cómo lo hacíamos antes?

En dos millones y medio de años no hemos mejorado en la manera de escoger a nuestros líderes. Son necesarios, como lo son los seguidores, para llevar una sociedad adelante sin que se disgregue por los conflictos. Eduardo Punset debate sobre los criterios evolutivos en la elección de un buen líder con el psicólogo social Mark van Vugt, investigador de la Universidad de Kent.




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lunes, 2 de agosto de 2010

Tener más ingresos económicos que los demás es lo que nos importa

Muchas novelas y tratados se han escrito acerca del dinero, sobre su capacidad de corrupción de las personas y, sobre todo, de la clase política. Se nos ha repetido hasta la saciedad que el dinero da la felicidad cuando se es muy pobre, pero si se tiene lo suficiente para vivir ya no lo hace. También sabemos que en el primer mundo vivimos mejor y con mejor salud que Felipe II con todo su imperio. Entonces, ¿por qué perseguimos todos el vil metal?, ¿por qué deseamos un automóvil más potente y caro, pese a que nuestro utilitario nos lleva igualmente y puede también superar la velocidad máxima legal?



Este asunto nos deja un interrogante que da para un estudio científico. Algo así debieron de pensar Christopher Boyce y sus colegas, de la Universidad de Warwick, en Inglaterra, cuando planearon encontrar una respuesta a esta pregunta desde el campo de la psicología. Se centraron en los ingresos, sobre todo el sueldo, de las personas en relación con su percepción de su satisfacción vital, de ser felices o no. Boyce y su equipo no entendían porque los habitantes del primer mundo no son ahora mucho más felices que hace cuarenta años si en ese periodo el crecimiento económico ha proporcionado un incremento sustancial de sus ingresos en promedio. Por ello se basaron en el sueldo, fácil de conocer y cuantificar. Trabajaron con los datos de 12000 británicos adultos, desde 1997 a 2004, de los que conocían sus ingresos y su grado de satisfacción vital.

Según ellos el dinero hace más feliz sólo si mejora el rango social. Además, encontraron que simplemente estar bien pagado no es suficiente. Para proporcionar más felicidad la gente debe percibir que está mejor pagada que los amigos y colegas de trabajo. El dinero sólo hace a la gente más feliz si mejora su estatus social. Para sentirse más a gusto no basta con ganar más dinero que otros, sino que la propia persona debe percibir que está mejor pagada que sus amigos o compañeros de trabajo.

Los investigadores estuvieron buscando explicar por qué la gente de las naciones ricas no son más felices en promedio ahora que hace 40 años, pese a que durante este tiempo .

Chris Boyce, de la Universidad de Warwick, dice lo siguiente: “Nuestro estudio encontró que el rango social de los ingresos del individuo predice muy bien la satisfacción general en la vida, mientras que el monto real de esos ingresos y el promedio de ingresos de los demás aparentemente no tienen ningún efecto. Ganar un millón de libras al año no parece ser suficiente para hacerte feliz si los amigos que conoces ganan dos millones de libras al año.”

El estudio titulado “Money and Happiness: Rank of Income, Not Income, Affects Life Satisfaction” aparece en Psychological Science. Para poder realizarlo los investigadores analizaron datos sobre los ingresos económicos y la satisfacción vital obtenidos con la encuesta British Household Panel Survey (BHPS) durante 7 años, que es una muestra representación longitudinal de familias británicas.

Aunque primero examinaron cómo estaba relacionada la satisfacción en la vida con el dinero que ganaba cada persona, encontraron, sin embargo, que la satisfacción se relacionaba más fuertemente con el rango de los ingresos del individuo si se comparaba con la gente del mismo género, edad, nivel de estudios y del mismo área geográfica. Y esto se da en todas las regiones de donde proceden los 12000 británicos que estamos estudiando, y no influye el sexo, la edad o el nivel de educación.

El resultado explicaría por qué hacer ricos a todos los miembros de una sociedad no necesariamente aumenta la felicidad general, porque solamente tener más ingresos que los demás es lo que realmente importa.

Sin duda el estudio dice mucho sobre la naturaleza humana (y no necesariamente positivo), aunque ya sospechábamos que algo así tenía que haber.

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sábado, 31 de julio de 2010

Desajustes biológicos, ¿maduramos los humanos cada vez más tarde?

Nuestra manera de vivir cambia cada vez más rápido. Han pasado apenas cien mil años desde que tenemos electricidad, cincuenta años desde que tenemos televisión, y diez desde que tenemos teléfono móvil, pero nos hemos acostumbrado sin problemas a toda esta revolución tecnológica. Parece que la modernidad nos sienta estupendamente y sin embargo, los cientificos nos advierten de que nuestros cuerpos no se adaptan tan bien como creernos. Hemos heredado un diseño anatómico que tiene millones de años de antigüedad y que fue evolucionando poco a poco, durante mucho tiempo, para un tipo de entorno muy diferente al de ahora. ¿Y si realmente no estamos tan preparados como pensamos para la vida moderna? ¿Y si resulta que arrastramos un modelo de anatomía totalmente demodé para transitar por los vertiginosos tiempos que corren, nunca mejor dicho?



Peter Gluckman, experto mundial en pediatria y desarrollo perinatal, así lo cree. Junto a su colega Mark Hanson, ha escrito el libro Mismatch (Oxford University Press, 2006), donde hace un repaso a la enorme cantidad de problemas físicos relacionados con nuestro estilo de vida que arrastramos debido a los cambios sociales y tecnológicos producidos por el desarrollo de lo que llamamos la civilización.

Este problema de desajuste entre nuestros cuerpos y nuestro estilo de vida comenzó mucho antes de que apareciesen los ordenadores e, incluso, los libros. De hecho, empezó hace 10.000 años. A primera vista, puede parecer que eso es mucho tiempo pero, en términos evolutivos, no lo es tanto, sobre todo si tenemos en cuenta que los humanos anatómicamente modernos, esto es, con cuerpos idénticos a los nuestros, aparecieron hace 160.000 años. Con esta información en mente, veamos un caso de desajuste en concreto, tal y como lo explica Peter Gluckman, relacionado con la adolescencia y la salud mental.

EL PROBLEMA DE DESAJUSTE ENTRE NUESTROS CUERPOS Y NUESTRO ENTORNO APARECIÓ HACE 10.000 AÑOS, CON LA INVENCIÓN DE AGRICULTURA

Como deciamos, hace 10.000 años se comenzó a gestar un cambio tecnológico que conllevaría algunas consecuencias negativas. Lo que ocurnó entonces es que se inventó la agricultura. Paradójicamente, esta supuesta mejora en el entorno trajo muchos inconvenientes para nuestros aportes nutricionales. Por ejemplo, el hecho de depender de un pedazo de terreno y de las condiciones meteorológicas para la alimentación provocó épocas de grandes hambrunas cuando el clima no era favorable. Hasta entonces, el nomadismo había permitido que nos moviéramos de un lugar a otro en busca de comida y por tanto, habíamos dependido menos de condiciones externas a la hora de encontrar alimento. Como consecuencia de estas carencias periódicas, la llegada de la pubertad se retrasó. Si las niñas nómadas menstruaban por primera vez hacia los 10 o 12 años de edad, las niñas agricultoras lo hacían, más o menos, a los 17 años de edad. Por otra parte, la agricultura trajo también importantes cambios sociales. La vida en asentamientos permanentes permitió el desarrollo de la ganadería. Con animales conviviendo entre nosotros, aparecieron las infecciones y, en grupos humanos cada vez más grandes, éstas comenzaron a transmitirse con facilidad. Poco a poco, estos agrupamientos sociales dieron lugar a las ciudades, que han ido creciendo sin parar desde entonces. Aunque nos resulte lo más normal del mundo vivir en grandes metrópolis ¿realmente estamos hechos para vivir así? Parece ser que nuestro cerebro está adaptado para habitar en pequeñas comunidades, como aquellos clanes nómadas de los que procedemos. Hace 20.000 años, un humano veía a un máximo de 150 personas distintas a lo largo de toda su existencia. Por eso, quizás, los estudios indican que, hoy en dia, nos gusta relacionarnos con un máximo de 150 personas. Un número mayor de conexiones sociales nos puede llegar a agobiar.

MENTES MÁS LENTAS A LA HORA DE MADURAR

Volvamos ahora la vista atrás a cómo era la vida hace 200 años. Sabemos que la pubertad llegaba tarde y que las ciudades eran cada vez mas extensas y pobladas, originando relaciones sociales cada vez más complejas, quizás demasiado para nuestros pobres cerebros diseñados —en el sentido de que están hechos de una forma determinada, no en el sentido de que nadie los haya planeado así— para una vida más sencilla. Fue entonces cuando, hace 200 años, en la época de la Ilustración, se dio otro cambio tecnológico que supondría un nuevo nivel de desajuste entre nuestros cuerpos y el entorno. Lo que ocurrió fue que comenzó a desarrollarse la idea de la salud pública, de forma que mejoraron las condiciones higiénicas y en consecuencia, las personas vivían más y con mejor salud. Como consecuencia de esto, la menstruación volvió a adelantarse hasta los 12 años de edad de media. Hasta aquí parece que no hay problema puesto que, originariamente, ésa era la edad normal, biológicamente hablando, para la pubertad en nuestra especie. Sin embargo, sí lo hay. Para entenderlo, hagamos un alto en el camino y tomemos nota de un descubrimiento reciente. Los científicos creen que la maduración mental se produce cada vez más tarde y relacionan este hecho con el entorno social que, a su vez, es también cada vez más sofisticado. La conexión parece tener sentido. Si las ciudades son más complejas, se necesita más tiempo para conocer sus reglas, de forma que las personas acaban de madurar a una edad más avanzada. En concreto, parece ser que, si bien la maduración mental se habría producido de los 15 a los 20 años de edad, durante los últimos 200 años ésta se habría pospuesto al intervalo comprendido entre los 20 ó 25 años de edad. Añadiendo esta información a la ecuación, Gluckman llega a la siguiente conclusión: durante los últimos siglos, la pubertad física se ha adelantado en el tiempo de vida de las personas, mientras que la pubertad psicológica se ha retrasado.  La edad de madurez sexual en los chicos se ha reducido unos dos meses y medio cada década desde mediados del siglo dieciocho, según un estudio realizado por Joshua Goldstein, del Instituto Max Planck, en Alemania. "La razón de esta maduración precoz de los chavales, al igual que ya se había comprobado en las niñas, se debe probablemente a mejoras en la nutrición y entornos favorables desde el punto de vista de las enfermedades", explica Goldstein. "Los jóvenes de 18 de hoy en día son como los de 22 en 1800", concluye Goldstein. Sin embargo, aunque los adolescentes se convierten en adultos antes en un sentido biológico, “alcanzan la edad adulta más tarde con respecto a sus roles sociales y económicos"

Ambos hechos, en contraposición, han creado un desajuste entre nuestros cuerpos —y nuestras mentes— y el entorno en el que vivimos. Las consecuencias podrían ligarse a algunos datos empíricos de rabiosa actualidad. Estudios llevados a cabo principalmente en Suiza indican que, cuando mayor es este desajuste, mayor es el Indice de suicidios y de problemas típicamente ligados con la adolescencia: agresividad. consumo de drogas y demás.

LA INVASIÓN DE LOS MIOPES

La miopía es una consecuencia de la lectura y de la aparición de la luz artificial. Estudios con comunidades no contaminadas con la modernidad hasta hace poco, nos confirman su origen. Hace 100 años en la tribu inuits de Alaska por ejemplo, nadie era míope. En la actualidad el 90% de ellos lo son.



Y es que los niños inuit ya no crecen mirando al horizonte dos horas al día como solían hacer, el ojo humano evolucionó precisamente para otear en la lejanía en busca de posibles amenazas. Le cuesta adaptarse al entorno lleno de información escrita a menos de dos palmos de nuestras narices, por eso los humanos somos tan míopes…

La paradoja sexual

La ciencia de las diferencias de género es una bolsa llena de sorpresas. Existe la creencia general de que los hombres siguen beneficiándose de ventajas históricas y culturales. Sin embargo, un análisis más preciso revela que son vulnerables a toda una serie de percances biológicos y psicológicos. Los hombres se ven acechados por todo tipo de problemas de aprendizaje y de conducta. Simultáneamente, al sentirse más atraídos por el riesgo y por las proezas épicas, algunos chicos y hombres alcanzan un éxito espectacular, mientras que, por desgracia, otros contribuyen a que las tasas de accidentes y de suicidios masculinos sean más elevadas. Las empresas aseguradoras conocen muy bien estas cifras, por lo que cobran primas más elevadas a los varones jóvenes por los seguros de automóvil.



Las mujeres enferman menos, estudian más y mejor, son más felices y muestran por término medio una mayor satisfacción respecto a su carrera profesional que los hombres. Y eso a pesar de que sólo ocupan una pequeña parte de los puestos de trabajo mejor pagados. La según la tesis de la psicóloga cognitiva canadiense Susan Pinker, desarrollada en su libro La paradoja sexual, lo correcto sería más bien decir que las mujeres son más felices precisamente porque sólo ocupan una pequeña parte de los puestos de trabajo mejor pagados, aquellos que exigen jornadas laborales de más de doce horas diarias y una renuncia casi absoluta a cualquier tipo de vida social o familiar medianamente estable.

Según Susan Pinker, hay bastantes más hombres que mujeres priorizan el estatus, la remuneración y las oportunidades de progreso. En cambio, más mujeres que hombres tienen objetivos múltiples en sus vidas y, por lo tanto, nociones más variadas de lo que es el éxito. En encuestas realizadas a un número significativo de sujetos, la flexibilidad, la autonomía y el hecho de trabajar con personas a las que respetan, en un trabajo en el que ellas sientan que pueden marcar la diferencia, eran las prioridades profesionales señaladas por un 85% de las mujeres, y especialmente por aquellas con una carrera universitaria. Para la mayoría de las mujeres, los horarios flexibles y un trabajo que las realice superan el estatus y el dinero. Más mujeres que hombres están dispuestas a negociar sus salarios con el objetivo de conseguir otros fines: tener tiempo para la familia, los amigos y las actividades culturales o comunitarias.

¿Tiene la competición las mismas connotaciones para los hombres que para las mujeres? ¿Compiten las mujeres de la misma manera que lo hacen los hombres?. Las evidencias que tenemos acerca de las diferencias entre sexos nos dicen que las cosas no son blancas o negras. Muchos más chicos que chicas usan la competición directa, la agresión y las tácticas físicas para conseguir lo que quieren, y claramente consideran que la competición es inherentemente divertida y satisfactoria. Por el contrario, muchas más chicas que chicos utilizan el diálogo por turnos para conseguir lo que quieren, y evitan noquear a sus oponentes en competiciones del tipo “el ganador se lo lleva todo”. Por ejemplo, en un estudio realizado con niños de cuatro años, los chicos compitieron 50 veces más frecuentemente que las chicas para conseguir ver unos dibujos animados. En un estudio sobre los hábitos de juego de niños de diez años, los chicos eligieron competir durante el 50% de su tiempo de juego. Por el contrario, las chicas sólo eligieron competir durante el 1% de su tiempo de juego. En cuanto a los adultos, independientemente de su nivel de habilidad, el 75% de los hombres eligen la competición, o sistemas de recompensa basados en “el ganador se lo lleva todo”, comparado con el 35% de las mujeres que lo eligen. Un ejemplo del modelo “el ganador se lo lleva todo” sería un puesto de vendedor o de inversor, donde trabajas a comisión, o el de un candidato político: si ganas, como Barack Obama en las pasadas elecciones, te lo llevas todo, pero si pierdes, como John McCain, te quedas sin nada y puedes llegar a ser ridiculizado, como se hizo con Sarah Palin. Las mujeres que ven como otras mujeres son humilladas en competiciones públicas están menos dispuestas a participar en esas mismas competiciones. Las mujeres son más proclives a competir con otras mujeres que con los hombres, y a utilizar signos sociales como las expresiones faciales o las frases irónicas para excluir a sus rivales. Los hombres son más proclives a competir abiertamente, diciéndoselo a la cara, pegándose o simplemente superando a sus rivales. La competición femenina tiende a ser subterránea y matizada, mientras que la competición masculina es más concreta. Cuando los hombres compiten es fácil ver quién gana y quién pierde. Simplemente has de mirar quién gana más dinero y quién tiene el coche más grande, la mejor casa, quién marca más goles o incluso quién tiene la mujer más joven y guapa. La competición masculina es más visible. La adrenalina se incrementa en los hombres durante las situaciones competitivas, pero decrece en las mujeres en esas mismas situaciones. Y esa es la razón por la que hombres y mujeres son y se sienten diferentes en este aspecto.

Variabilidad masculina
Los machos de muchas especies son más variables y extremos, y los humanos no somos una excepción. Lo que quiere decir esto es que los dos sexos no difieren demasiado, pero que en los dos extremos de la distribución hay más hombres que mujeres. Así que hay más machos idiotas y más hombres geniales, como dijo el científico James Wilson, o, como señaló la antropóloga evolucionista Helena Cronin, más zoquetes y más Nobeles. Un mayor número de hombres en los extremos es la razón por la que determinados terrenos están dominados por los hombres. Hay más chicos que chicas que deben luchar por alcanzar una habilidad lingüística normal. Y un número mayor de hombres en los extremos es la razón por la que más hombres que mujeres abandonan los estudios universitarios. Y por la que hay más presos que presas: la ratio de hombres y mujeres en prisión es de 9 a 1.

¿Cuán importante es la biología por lo que respecta a la toma de decisiones, en comparación con otros elementos?

Es importante tener en mente dos principios: la biología y la cultura caminan de la mano, y ninguna de las dos tiene sentido sin la otra. Después de todo, el cerebro humano es el que creo la cultura, y el cerebro evoluciona empujado por presiones de tipo cultural. Pero como las diferencias culturales por sí solas suelen ser usadas para justificar todas las diferencias entre los dos sexos, y dado que lo masculino suele ser considerado como la norma, podemos dar algunos ejemplos de cómo la biología influye en las aptitudes de las personas y en las elecciones profesionales de hombres y mujeres:

1. Cuando a las mujeres a las que se les pide que identifiquen las emociones de otras personas se les activan los dos hemisferios cerebrales. En los hombres, la percepción de las emociones ajenas se localiza en el hemisferio derecho. Además, muestran menos conexiones, especialmente con las áreas del cerebro que controlan el lenguaje. Quizá sea por eso por lo que las mujeres son, en general, mejores que los hombres a la hora de identificar las pistas emocionales que dan otras personas, y la razón por la que reaccionan con mayor rapidez a ellas. Las madres reaccionan más rápidamente y con una respuesta neuronal más intensa a los lloros de los bebés, tal y como se demostró en un estudio italiano. Las emociones y los recuerdos de las mujeres son más accesibles y son expresados verbalmente por ellas más fácilmente. Quizá por eso las mujeres se concentran en carreras donde es clave la percepción de las emociones: la enseñanza, la medicina familiar, la enfermería o el cuidado de ancianos, el trabajo social y la psicología.

2. Estudios británicos sobre el efecto de la testosterona prenatal muestran que a más secreción de testosterona por el feto durante el segundo trimestre, menos habilidades verbales, menor interés en socializar con otros niños, y menos intereses. Y los niños producen mucha más testosterona que las niñas. Tiene sentido entonces pensar que la testosterona afecta a los niños, y por eso estos tienen cuatro veces más probabilidades de sufrir problemas relacionados con el lenguaje, y diez veces más probabilidades que las chicas de tener menos relaciones sociales y menos intereses. Por eso los hombres suelen gravitar hacia carreras que requieren menos interacción social y un profundo, pero estrecho, conocimiento de una materia sistemática y predecible. Ingeniería e informática son los primeros nombres que vienen a la mente cuando se piensa en carreras que no requieren de grandes dotes sociales, pero sí de un profundo conocimiento de sistemas.

Las mujeres piensan en forma más holística (global), son más flexibles (menos rígidas y dispuestas a tener en cuanta la excepción a la regla), más intuitivas e imaginativas a la hora de buscar soluciones, y prefieren hacer planes a más largo plazo. A veces les cuesta tomar una cosa a la vez.

Los hombres son más atentos (circunscritos), les gustan los resultados rápidos (inmediatistas), piensan de manera más lineal y causal, y prefieren avanzar gradualmente en el logro de los objetivos (análisis por pasos).

La mente femenina funciona con base a un pensamiento en red donde la información es permanentemente totalizada, la mente masculina es concreta, pragmática e hiperconcentrada.

La mente masculina tiende a rechazar el pensamiento visceral y las decisiones intuitivas: todo debe ser claramente explicado y analizado antes de tomar una decisión. La mente femenina es capaz de asimilar infinidad de pequeños detalles en un todo significativo y "olfatear" la solución aparentemente sin tantos recursos técnicos. Al ser más flexible asimila incluso aquella información que los hombres eliminan (en ocasiones la solución correcta suele estar precisamente en esos datos desechados). Quizás allí, en esa capacidad de juntar lo aparentemente aislado, reside la famosa intuición femenina.

Las leyes naturales del amor

Si hay algo cierto sobre el amor, es que no es ciego. Si lo fuera, tal y como los poetas han proclamado tradicionalmente, las uniones amorosas serían un puro juego de azar. Podríamos imaginar a las personas en busca de pareja, reunidas en una plaza y con los ojos vendados, chocando entre sí y enamorándose sin ningún motivo más que la casualidad. Pero la realidad es bastante distinta. Todo tiene su porqué, incluso el amor.



Al fin y al cabo, de él depende la reproducción, y de la reproducción depende nuestra supervivencia como especie. Así que es importante que los humanos tengamos los ojos bien abiertos en materia amorosa. ¿Y qué es lo que ven nuestros ojos cuando buscan el amor? Pues resulta que lo primero que nos llama la atención es la belleza y la juventud. Hasta aquí, nada nuevo bajo el Sol. Belleza y juventud entran por los ojos y explican buena parte de la puntería de Cupido. Pero su hechizo va mucho más allá de la mera elección de pareja. Según el psicólogo Victor Johnston, de la Universidad Estatal de Nuevo México (EE. UU.), las personas atractivas, además de encontra pareja con más facilidad, tienen un abanico amplio de ventajas relacionadas, desde encontrar trabajo antes hasta ser absueltos con más frecuencia en los juicios.No lo podemos evitar, los humanos tenemos un radar interno que detecta la belleza y nos guía hacia ella.

Pero ¿cómo se decide quién es guapo y quién no lo es? ¿Es la apreciación de la belleza algo personal o, por el contrario, responde a un canon universal? A pesar de que la definición de lo hermoso varía de cultura a cultura y hasta de persona a persona, muchos experimentos han aportado pruebas de que sí existe un arquetipo universal para todos los humanos.



Efectivamente, es suficiente con pasearse por un gimnasio para comprobar que las proporciones de las varoniles estatuas griegas siguen siendo un ideal esforzadamente perseguido por la mayoría de los mortales. También el cuerpo femenino parece estar sujeto a una proporción ideal que, cuando se da, desencadena miradas perturbadoras. Según la filósofa Helena Cronin, de la London School of Economics (Reino Unido), el número mágico del atractivo femenino es 0.7, que constituiría la relación “ideal” entre los perímetros de la cintura y de la cadera. Tanto las figuras orondas que pueblan los cuadros de Rubens hasta Twiggy, la delgadísima modelo de los años setenta, cumplen con esta proporción —que se corresponde con una cintura estrecha y una cadera ancha— a pesar de que, a simple vista, nos parezcan figuras muy diferentes entre sí. Cronin está convencida de que se trata de una regla de atracción universal. Es más, asegura que la misma proporción se hallaría tanto en las obesas vírgenes prehistóricas como en la escuálida Kate Moss.



Si bien el cuerpo puede desencadenar pasiones, es innegable que mucha parte de la fascinación de una persona reside en su cara. Aquí, tan importante como una proporción armónica es la huella —o, en este caso, la ausencia de ella— del paso del tiempo. En las mujeres, señales de juventud como una nariz pequeña, ojos grandes, labios gruesos y piel suave y tersa, son anzuelos para las miradas. En los hombres, en cambio, una tez oscura, mandíbula ancha y cejas prominentes se llevan la palma del atractivo.

Las razones ocultas del amor


Pero ¿por qué nos atrae tanto la combinación de belleza y juventud? ¿Cómo se explica una predilección tan universal e invariable por unos rasgos concretos? Los científicos han descubierto que los atributos que consideramos atractivos emiten, de forma inconsciente, una clara señal de salud, buenas condiciones físicas y fertilidad. Son como anuncios ambulantes, que pretenden informar de que el poseedor de estas características tiene unos genes magníficos, dignos de ser elegidos para la reproducción y que darán lugar a una descendencia con mayores posibilidades de supervivencia.

La fuerza de la belleza es tanta que el mismísimo Charles Darwin la identificó como uno de los motores de la selección natural. Al científico no le cuadraba, por ejemplo, que la cola del pavo real, un ornamento poco práctico para huir de los depredadores, no hubiera desaparecido a lo largo de la historia de su especie. Si sólo lo útil se mantiene, ¿por qué ese rasgo tan incómodo y aparatoso se había conservado? Aquella cola debía tener alguna ventaja oculta. El enigma era descubrir cuál podría ser. Finalmente, al gran naturalista inglés se le ocurrió una respuesta: gracias a esa cola, el pavo conseguía atraer a más hembras y dejar descendencia, un objetivo más importante en la naturaleza que la propia supervivencia individual. Efectivamente, así es. Y no sólo eso. En 1991 se descubrió que el número de ocelos en la cola de un pavo real es proporcional a su capacidad de generar una progenie saludable. El ejemplo de la cola del pavo real es sólo uno entre miles. ¿Porqué los leones tienen tanta cabellera? ¿Cuál es la función de los incómodos cuernos del alce? ¿Por qué los peces tropicales se hacen tan visibles a los depredadores con sus brillantes colores, arriesgándose a ser descubiertos? La respuesta está en la selección sexual. Una densa melena indica buena salud. Unos poderosos cuernos ganan la pelea de el ser elegido para la cópula. Unos colores vivaces atraen las hembras para el apareamiento. Todos estos rasgos ayudan a sus poseedores a alcanzar un mayor éxito reproductivo.



Pero ¿lo que se aplica a los animales es válido también para los humanos? Algunos científicos aseguran que sí. Veamos qué ventajas nos ofrece aquello que consideramos bello. Antes hemos mencionado que la relación entre cintura y cadera de 0.7 en mujeres se ha considerado siempre atractiva. Pues bien, según Helen Cronin, esta proporción también facilita el parto. Otros atributos femeninos típicamente valorados por el sexo contrario son los pechos y las nalgas bien fornidos. No debería extrañarnos, pues, el furor que causan, ya que contienen reservas importantes para los requerimientos durante el embarazo y la cría de los hijos.

En el caso de los hombres, Víctor Johnston apunta al hecho de que los hombres altos, guapos y de tez oscura tienen probablemente mucha más testosterona, una hormona muy útil, ya que está asociada al crecimiento físico durante la pubertad. Y si los rostros masculinos más atrayentes son los que indican abundancia de testosterona, los rostros femeninos más cautivadores son los que muestran lo contrario, es decir, un nivel bajo de esta hormona. Estas diferencias entre sexos nos indican las distintas funciones biológicas de hombres y mujeres.



El físico, y sobre todo la cara, es la parte más pública de la persona, aquello visible que solemos asumir, sin percatarnos de ello, que funciona como una especie de espejo de lo que no vemos. Así, tendemos a pensar que las personas bellas son también buenas, exitosas, felices, alegres, honestas… Y eso es universal. Todos los seres humanos del planeta, da igual la cultura a la que pertenezcan, sucumben ante la belleza. Brindamos mejor trato a la gente guapa, tratamos de complacerla, nos esforzamos para que se sientan a gusto, la ayudamos. Y a pesar de que nos cuesta definir qué es la belleza, todos lo tenemos claro cuando vemos una cara bonita. Pero, ¿qué es exactamente lo que encontramos bello? ¿Qué hay en nuestra naturaleza que nos hace sensibles a la belleza? ¿Y cómo puede ser que a nosotros y a una tribu del Amazonas nos atraigan los mismos rasgos? 

Hasta hace poco, predominaba la idea de que nuestra capacidad para apreciar lo bello dependía de los cánones culturales de la sociedad a la que perteneciéramos; que el bebé, al nacer, iba aprendiendo a través de sus padres y del entorno qué era lo estéticamente deseable. Y si bien en buena medida los gustos son aprendidos, ahora la ciencia ha demostrado que la biología desempeña un papel determinante. “La belleza es un instinto básico, un producto de la evolución”, asegura la psicóloga de la Universidad de Harvard Nancy Etcoff. Hace miles y miles de años, en el pleistoceno, cuando la esperanza de vida no superaba en el mejor de los casos los 40 años y era frecuente que los niños muriesen antes de ser adultos, asegurarse de que te apareabas con el individuo más adecuado era de vital importancia. De ello dependía que tus genes se perpetuaran. Es por ello que el cerebro de nuestros antepasados pudo desarrollar unos detectores biológicos para evaluar automáticamente y al instante si la persona que tenían delante era o no fértil, si era compatible genéticamente con ellos y si estaba sana. Según esta neurocientífica, nos sentimos atraídos por la piel suave y tersa, por el pelo brillante y grueso, por la simetría, por las curvas en la cadera, por una espalda ancha, que no son otra cosa que símbolos de salud, “porque a lo largo de la evolución quienes se percataban de esos signos y se apareaban con sus portadores tenían más éxito reproductivo. Y todos nosotros, somos sus descendientes”. 

Ellas, se juegan mucho más, por lo que son más selectivas a la hora de escoger pareja y tratan de atraer a los mejores candidatos. Por regla general, en la naturaleza, los machos de la especie suelen hacer una menor inversión en la descendencia y son las hembras, sobre todo en el caso de los mamíferos, las que invierten más recursos. Empezando por las propias células reproductivas, el óvulo cuesta más de producir que los espermatozoides. Y siguiendo por que, por ejemplo en la especie humana, el embarazo dura nueve meses durante los cuales la mujer debe invertir una gran cantidad de energía y recursos; y una vez nace el niño, deberá cuidarlo al menos durante 18 años… si no más. De ahí que ellas evalúen a los hombres más lentamente y que no sólo tengan en cuenta el físico, sino también aspectos que tienen que ver con el carácter y, sobre todo, si el otro tiene los recursos necesarios para ayudarla en la cría de los hijos. La inteligencia, la imaginación, la amabilidad y la creatividad son algunas de las cualidades que más las atraen del otro, indican que la persona es capaz de desenvolverse en el mundo. Para ellas no se trata tanto de escoger un compañero fértil, porque los hombres lo son durante casi toda su vida, sino de encontrar alguien que sepa ayudarlas en la cría de los hijos. Y ellas compiten entre ellas por hacerse con las mejores presas, con todo su arsenal de belleza. Son sus armas evolutivas. Helen Cronin, filósofa de la ciencia en la London School of Economics y especializada en darwinismo y evolución humana. Ha estudiado la belleza y ha plasmado sus conclusiones en el libro The ant and the peacock (La hormiga y el pavo real). “A menudo solemos oír decir que en la variedad está el gusto, que la belleza es relativa, que es algo superficial, pero parece que no tanto. La belleza es un indicador del estado de salud y de fertilidad de la mujer y la selección natural ha dado al hombre el gusto por la belleza femenina porque indica todo tipo de cosas relativas a sus cualidades como pareja”. Ellos, en cambio, pueden fertilizar a tantas mujeres como quieran ser fertilizadas; su cuerpo produce continuamente esperma y su papel en la reproducción puede ser tan corto como lo que dura la cópula. Se centran mucho más en la apariencia física de sus compañeras, porque les da pistas de su fertilidad y salud, pero también de si está o no receptiva. Que para el sexo masculino la imagen sigue teniendo un peso importante es evidente.

Un radar distinto según el sexo

La percepción de lo atractivo varía mucho con el sexo del que la detecta. Según Helen Fisher, antropóloga de la Rutgers University (EE. UU.), el hombre se enamora —o, se excita— por los ojos. Y es que, durante millones de años, ha tenido que mirar bien a la mujer, tomarle la medida, para ver si ella le daría una progenie saludable. Por otro lado, en las mujeres el amor pasa por los circuitos cerebrales de la memoria, ya que la mujer busca un buen padre y un buen marido, y para ello debe procesar y recordar su comportamiento.

Y en todo caso, no debemos desesperar si no cumplimos con los cánones de belleza que nuestra especie nos asigna, ya que según el psicólogo Geoffrey Miller, de la Universidad de Nuevo México (EE. UU.), el órgano que más se ha adornado para resultar atractivo en el Homo sapiens sería el cerebro. La maestría musical, la variedad de las palabras y de las narraciones, la poesía, el arte y el humor quizás no sirvan demasiado para sobrevivir. Sin embargo, según Miller, la creatividad de la inteligencia humana no sería nada más que una enorme y variada cola de pavo. Así que siempre nos quedará nuestro intelecto para intentar encandilar a los otros, aunque a primera vista no seamos los más llamativos.

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viernes, 30 de julio de 2010

Enfermos de estatus

La administración pública británica es, sin duda, uno de los ambientes más sosegados que se puedan imaginar. Sin embargo, en los años 60, una serie de estudios reveló que ese entono no difería, en algunos aspectos, de la estructura social de una manada de primates.

La sorprendente conclusión era la siguiente; para los funcionarios del escalafón más bajo de la jerarquía administrativa, el riesgo de muerte era cuatro veces mayor que el de los de arriba del todo. Michael Marmot, el profesor de Salud Pública de la Universidad de Londres que condujo los estudios, no podía creer a sus ojos cuando vio estos resultados. El sueldo del más ínfimo de los funcionarios era más que suficiente para garantizar una espléndida cobertura médica y unas comodidades de lujo. ¿Por qué tenía mas probabilidades de caer enfermo y morir? Además, ¿no se suponía que eran los altos cargos los más vulnerables a la enfermedad, debido a sus estresantes responsabilidades?


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Marmott comprobó que el efecto se extrapolaba a toda la jerarquía administrativa, distribuyéndose de forma escalonada. No sólo las categorías inferiores tenían peor salud que las superiores, sino que los funcionarios de la segunda posición tenían peor salud que los de tercera, y así sucesivamente. Se descubrió que existía un verdadero “síndrome del estatus”, que vinculaba estrechamente salud y posición de poder.

Esta sorprendente correlación entre estatus y salud podría ser interpretada de dos maneras antagónicas, en principio. ¿Es el estatus el que determina la salud? ¿O sucede más bien lo contrario, es decir, que quien tiene de entrada los mejores genes y la mejor salud tiende a subir por los peldaños de la escalera social, mientras que quien tiene una tendencia innata a enfermar, se queda abajo, en los puestos inferiores?

No hace falta que le demos muchas vueltas a esta cuestión. Los científicos ya saben la respuesta. La segunda interpretación fue descartada hace tiempo gracias a una serie de experimentos con primates, muchos de ellos inspirados por el prestigioso investigador Robert Sapolsky, profesor de neurociencias de la Universidad de Stanfor. Esta conclusión se puede extrapolar a cualquier animal social. Entre ellos, naturalmente, los humanos.

¿Pero qué es o que hace que el estatus social influencie tanto en la salud? ¿Por qué los que están por encima son, en principio, más sanos? La respuesta más inmediata que nos viene a la cabeza, al menos en el caso de los humanos, es que “estatus” quiere decir “dinero”. Es decir, que sería la mayor o menor pobreza la que determinaría el bienestar. Pero esto es cierto sólo en parte. En los países más pobres, por ejemplo los de Africa Subsahariana, se ha comprobado que cualquier incremento de riqueza – por ejemplo, la subida del PIB per cápita- se refleja directamente en una mejora en las condiciones de salud del ciudadano promedio. Sin embargo, esta correlación desaparece en los países que están por encima del umbral de la miseria . Por ejemplo, en los últimos 50 años ha aumentado el PIB de la mayoría de los países occidentales, pero esto no siempre se ha convertido en una mejora de salud. Al contrario, hay países más ricos con condiciones de salud peores.



Es más, si se comparan países como Portugal o Grecia con EE. UU. Que tienen el doble de su renta nacional per cápita, resulta que , aunque parezca un hecho contradictorio, la esperanza de vida es superior en los primeros. Un afroamericano de EE.UU. tiene, en promedio, una renta superior a un español. Sin embargo , su esperanza de vida es casi de diez años menos. Y esto no afecta sólo a los pobres. Una persona de clase alta en EE. UU. Tiene condiciones de salud parecidas o incluso peores a las de una persona de clase baja de Suecia. Estos hechos se explican si el estado de salud y la esperanza de vida se ponen en relación no con la renta promedio de un país, sino con su desigualdad de renta. En este caso, la correlación es clarísima. Cuanto más desigual es un país, peores son sus indicadores de salud. Estamos a vueltas con el estatus: no cuenta lo que tienes, sino tu posición en la sociedad. En un país más igualitario, las diferencias de posición se acusan menos que en uno de mayor desigualdad social.

Por tanto, según las investigaciones más recientes, el estatus no está relacionado con la renta, sino con el estrés. Lo que verdaderamente mide el nivel social es cuánto control ejerce una persona sobre su vida, su grado de autonomía su capacidad de vida, su grado de autonomía, su capacidad de vivir una vida que sea satisfactoria. Para alguien que vivía hace cien años en una sociedad en la que nadie tenía un automóvil no tener uno no era importante. En cambio, en una sociedad que depende del automóvil para el transporte, carecer de uno te coloca en una situación desfavorecida. Y eso puede tener implicaciones en términos de salud, tal y como se indicaba anteriormente.

Esto explica también la longevidad de los ejecutivos respecto a los obreros. Una persona que trabaja en una cadena de montaje apenas tiene control sobre su trabajo, mientras que un alto directivo tiene la conducción de su vida mayoritariamente en sus manos. En otras palabras, no se trata de ser pobre sino de “sentirse pobre”. Sea lo que sea lo que tengo hoy, incluso si tengo dinero y recursos, ¿me lo pueden arrebatar mañana? ¿Acaso no tengo control sobre lo que sucede?. La pobreza no sólo tiene que ver con el dinero, sino con el estado psicológico de impotencia.

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martes, 27 de julio de 2010

Estudiar más, la clave del éxito académico de las chicas

La mitad de las adolescentes estudia más de dos horas, frente al 24% de los chicos

No hay recetas mágicas. No es una cuestión de inteligencia ni de predisposición genética. Que las chicas saquen mejores notas que sus compañeros de pupitre, que sean menos propensas a repetir cursos y que desde hace más de una década las mujeres sean mayoría en las universidades españolas se debe, básicamente, a que estudian más. Es decir, pasan más horas frente a los libros hincando los codos. Por el momento, esta es la única fórmula demostrada y efectiva para superar un examen.



Un estudio realizado por la Unidad de Psicología Preventiva de la Universidad Complutense de Madrid y dirigido por María José Díaz-Aguado ayuda a explicar las diferencias que suelen observarse en resultados y titulaciones. Sólo el 11,6% de las chicas dedica menos de una hora diaria a estudiar, mientras que en dicha situación se encuentra el 31% de los chicos. En el polo opuesto, el 49,6% de las adolescentes reconoce que estudia más de dos horas diarias, frente al 24,4% de sus compañeros varones.

En cuanto al tiempo dedicado a lecturas que no son propiamente de estudios, el informe muestra, de nuevo, un mayor interés de las chicas: mientras el 47,6% de los chicos no dedica ni un minuto al día a leer (27,4% en el caso de las chicas), el 26,3% de las féminas pasa más de dos horas frente a un libro (el 14,5% de los varones).

Por el contrario, "las chicas están sobrerrepresentadas entre quienes afirman no dedicar nada de tiempo al deporte (el 33,2%) o menos de una hora al día (32,25%), mientras que la gran mayoría de sus compañeros masculinos dedica más de una hora diaria a hacer ejercicio.

Estos son algunos de los resultados de un trabajo que tiene como principal fin diagnosticar la situación de los adolescentes para prevenir la violencia sexista. En dicho estudio han participado 335 centros educativos, 2.727 profesores y 11.020 estudiantes de 3.º y 4.º de ESO, bachillerato y formación profesional. La necesidad de saber a qué dedican su tiempo los adolescentes y cuáles son los papeles que cada sexo reproduce explica la inclusión en un estudio sobre violencia machista estas cuestiones relativas al estudio.

Y es que, según los expertos, la clave está en la meta que cada género se marca desde la adolescencia. Un trabajo realizado por la Universidad de Santiago de Compostela y publicado en el Spanish Journal of Psychology pone claramente de manifiesto que las chicas conceden una gran importancia a los logros académicos como paso imprescindible para la emancipación y la independencia, mientras que los varones difuminan sus objetivos y se marcan más logros deportivos y metas antisociales, entendiendo como tales participar en comportamientos a veces exentos de cierta ética que les permiten obtener un reconocimiento social. "Ser un malote en el instituto da puntos; aunque ni siquiera en el fondo quieran llevar la contraria o saltarse las normas, muchos lo hacen porque consideran que eso les hace ser populares", señala Belén Cid, tutora de un grupo 3.º de ESO de un instituto.

Todo ello tiene mucho que ver con que ellas destaquen por sus buenos expedientes académicos en cualquier etapa educativa. Además, en comparación con los chicos, repiten menos y alcanzan en mayor proporción los estudios superiores. Y no desde hace un año, sino desde hace muchos años. Atrás quedan aquellas campañas informativas de los años ochenta para promover la permanencia de la mujer en el sistema educativo dirigidas a las familias: "No limites su educación, es una mujer del siglo XXI".

El estudio dirigido por Díaz- Aguado profundiza en la imagen que los profesores tienen de los alumnos y las alumnas. Llama la atención que, en los puntos que tienen que ver con estudiar y rendir más y asistir con frecuencia a clase, el profesorado destaca el papel de las chicas, así como en todo aquello que tiene que ver con la comunicación, el debate, la empatía, el respeto y la ayuda a la resolución de conflictos. Por el contrario, conductas relacionadas con el uso de la violencia, el incumplimiento de las normas y comportamientos disruptivos en el aula se observan más en chicos, junto con las dificultades de comunicación interpersonal.

Los expertos constatan que las mujeres superan a los hombres en todos los indicadores educativos: repetición, permanencia, promoción... Sin embargo, las explicaciones profundas de esta "superioridad académica femenina" son todo menos unánimes y unidireccionales. Algunos de los expertos la vinculan a un ritmo de maduración más rápido por parte de las estudiantes; otros, a una mayor aptitud para la expresión verbal, a una capacidad más notoria de trabajo o a una actitud más acorde con la norma. También hay investigadores que la atribuyen a una mayor identificación con la escuela e incluso como una forma para obtener ventaja en el difícil mercado laboral.

El reciente informe de la Fundació La Caixa Fracaso y abandono escolar en España señala con preocupación el "retroceso" de los hombres, al aparecer "más desapegados de las exigencias de los estudios y más atraídos por el mercado de trabajo". Sin embargo, apunta esta investigación dirigida por el sociólogo Mariano Fernández Enguita, "nada permite saber si se trata de una causa, de un efecto o de ambas cosas".

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