domingo, 14 de junio de 2009

La Fórmula de la Felicidad



Fuente: http://redes-tv.blogspot.com/

Adjunto además interesante estudio acerca de la influencia de la genética en nuestro estado de ánimo:

Relación entre genes y felicidad

¿Ganar en la lotería puede hacernos más felices? ¿Una plaza en la Academia de Ciencias o en el club de jazz más prestigioso de la ciudad puede llevarnos de una vez por todas la felicidad que nos falta? Desde hace unos diez años, psicólogos y genetistas efectúan estudios para comprender que es lo que, en definitiva, influye en nuestros estado psicológico.

De todos es sabido que existen personas que trasmiten a los demás tranquilidad y alegría. Fue el caso de Louis Armstrong, el famoso trompetista, que contagiaba optimismo, no sólo con su música, sino con su manera de vivir. ¿Qué podemos concluir de un caso como este? ¿Hasta qué punto influyen los genes o el entorno para que una persona sea optimista o pesimista?

Aunque todavía no existe suficiente investigación médica sobre los estados de ánimo, se han distinguido tres factores que, sin ser determinantes, contribuyen al optimismo o pesimismo de una persona: el genético, el bioquímico y la influencia cultural o del medio ambiente. Modelar el temperamento requiere un proceso que debe iniciarse desde la niñez, mediante una serie de características naturales del medio ambiente y formación de virtudes que protejan al individuo y lo lleven al estado ideal entre el pesimismo y el optimismo. Pero aquí ya no hablamos de factores genéticos, sino educacionales. Si a una persona con tendencia al pesimismo se le da desde la casa una gran seguridad, mucho cariño, hábitos de preparación, de estudio, es decir, formación y medios para protegerse del entorno, puede llegar a ser optimista. Sucede como con el entrenamiento de un deportista: si carece de dotes excepcionales, seguramente no llegará a ser estrella, pero es indudable que puede ser bueno en su especialidad.

¿Qué sucede en casos como el que mencionamos de Louis Armstrong? Hay gente que encuentra un impulso que trasciende el tiempo y cualquier problema. Cuando una persona se entrega a algo puede llegar a un estado de gracia, como se le conoce en el ámbito musical. Ha habido infinidad de casos en la humanidad, entre ellos, y de los más conocidos, pintores y poetas.

El trabajo citado con más frecuencia es el de los dos genetistas norteamericanos, David Lykken y Auke Telleken, de la Universidad de Minessota. Para evaluar la influencia de los genes, estos investigadores pidieron a 1.380 gemelos verdaderos y falsos que se calificaran en la escala del bienestar. Es decir, que se estimaran su nivel de felicidad a partir de una serie de afirmaciones del tipo: "tengo confianza en mi futuro", o: "normalmente estoy muy entusiasmado".

La parte siguiente de este estudio consistía en comparar las respuestas de los dos grupos. Resultado: compartir los mismos genes apareció como el factor determinante. La correlación entre las respuestas llegaba a ser del 44% en los verdaderos gemelos, mientras que no sobrepasaba el 8% en los falsos gemelos. Lykken y Telleken llevaron su estudio más lejos, dedicándose por separado a los gemelos verdaderos y a los falsos. El factor genético era todavía más evidente: pequeñísimas diferencias entre gemelos verdaderos criados juntos o separados mostraron que el medio no tenia prácticamente ninguna influencia.

¿Era esta relación entre genes y felicidad estable en el tiempo? Repitiendo su estudio entre cinco y diez años más tarde, Lykken y Telleken demostraron que el nivel de felicidad de los gemelos verdaderos se mantenía en el 80%, lo que hizo decir a los autores que, a largo plazo, cada uno conserva un cierto nivel de felicidad que le es propio y que, de una vez por todas, es fijado por la genética, siendo tan solo perturbado por fluctuaciones relacionadas con acontecimientos externos: matrimonio, perdida de peso, compra de una casa, etc.

Según parece, este punto de vista es confirmado por otros estudios. Por ejemplo, el del Servicio Americano de Salud Pública y Nutrición, que durante diez años hizo el seguimiento de 6000 hombres y mujeres de todas las edades, o el estudio de los psicólogos Edward y Carol Diener, de la Universidad de Urbana, en Illinois. Según estos últimos, un disgusto amoroso o una promoción profesional sólo afectan nuestro estado general durante tres meses. Seis meses mas tarde, ya no queda nada: volvemos a nuestro nivel medio de felicidad.

"El cuarenta por ciento de la felicidad depende de los genes" (Luis Rojas Marcos)

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