lunes, 15 de junio de 2009

¿El amor está en el cerebro?



El amor es un sentimiento paradójico por excelencia, que a la vez es éxtasis y tormento. Los filósofos y los poetas no han dejado de generar escritos tratando de acotarlo en palabras. Pero es imposible: ¿cómo explicar un profundo torrente de sentimientos que es además un fenómeno mundial?

Investigaciones científicas recientes sobre el tema nos obligan a darle una dimensión bioquímica. Desde hace diez años, los científicos se han dedicado a investigarlo y han descubierto que tiene una importante base biológica, por lo que su estudio ha dejado de pertenecer a la antropología y a la psicología. Existe una tendencia genética hacia el amor: estamos programados por nuestros genes para amar; y para despertar en los humanos esa compulsión, los genes utilizan la química cerebral. Nuestros sentidos son la puerta de entrada de todo lo que ocurre fuera de nosotros, en el amor no hay excepción, se cuela por los sentidos y, una vez adentro, comienza una guerra química, hormonal y eléctrica que produce toda una alquimia corporal.




Diversas indagaciones han concluido que se puede incluso hacer una matriz con las variadas manifestaciones y etapas del amor y sus relaciones con diferentes sustancias químicas en el cuerpo. De esta manera, el deseo ardiente de sexo está unido a la testosterona; mientras que el amor romántico, sentirse involucrado emocionalmente, la atracción y el romance están relacionados con altos niveles de dopamina y norepinefrina y bajos niveles de serotonina. Por su parte el vínculo y la atracción que evolucionan hacia una relación calmada, duradera y segura tienen que ver con la oxitocina y la vasopresina.

El nacimiento del amor

Al enamorarnos ocurren una serie de cambios bioquímicos y psicológicos en nuestro organismo. ¿Qué es lo que establece el denominado "flechazo"?, porque todos sabemos que existe como un un radar que envía y recibe algún tipo de señales que permite el intercambio entre dos personas aún antes de hablarse. Hay sugestiones, lenguaje corporal, miradas, alteración del pulso, en los olores del cuerpo y cambios de actitudes en la forma de ser de cada uno. Conductas y procesos que son, tanto animales, biológicos, químicos y psicológicos. En esta etapa inicial el imperativo genético de la ley de conservación de las especies, obliga a los animales machos a procurar sembrar su semilla en el mayor número de hembras que pueda. Por su parte, la hembra tratará de tener cachorros en igual proporción. Significa entonces, que el amor surge como una necesidad de conservación de la especie humana. El fin último que se perseguiría de la atracción sexual y del sentimiento pasional, sería el de procrear.

El enamoramiento es la etapa del deslumbramiento. Junto con una fuerte atracción física se produce una idealización mutua. Cada amante ve en el otro al ideal de pareja, y simultáneamente se ve en el espejo del otro en forma idealizada. Es una situación enormemente estimulante y mágica que se retroalimenta a sí misma: amo a alguien perfecto quien a su vez me devuelve una imagen perfecta de mí. Este momento es necesario para mantener unidos a los miembros de la pareja mientras inician el proceso de un conocimiento más profundo. Puede terminar con la desilusión o puede desembocar en el amor maduro.



Después de la pasión. Luego de la fase del enamoramiento frenético, hasta cierto punto irracional, se pasa a un amor más seguro y racional, en el cual no necesariamente se pierde lo pasional sino que se modifica. El haber vivido juntos unos años desarrolla la intimidad, que es el fundamento de toda relación afectiva. Es el lenguaje de la confianza en el otro. Por eso mismo es fundamental buscar amistad, sinceridad, integridad, calidez, simpatía, valor, ternura, inteligencia, intereses comunes y compañerismo, es prioritario para desarrollar la intimidad y garantizar la continuidad del vínculo en la pareja. Es la etapa del amor maduro, se ama al otro como es: un ser real con sus defectos y virtudes.

A partir de aquí se está en posición de tomar decisiones que implican un mayor compromiso. En esta etapa cambian los patrones bioquímicos cerebrales. En lugar de "anfetaminas" el cerebro segrega ahora drogas "narcóticas": La oxitocina, las endomorfinas y las encefalinas que le dan a las personas gran seguridad, calma y paz espiritual. Estas drogas -"narcóticas" por supuesto- bajan la pasión. Circunstancia que explica además, la primera crisis, que se produce a los tres o cuatro años de estar juntos la pareja. La locura de la pasión del primer momento se desvanece gradualmente en favor de sentimientos más emocionales y afectivos. Estas sustancias tienen la cualidad de generar una sensación de "seguridad, tranquilidad y paz". Y esto es lo que "nos hace mantener relaciones por largos años... quienes logren adecuarse a los nuevos cambios".Es como si la intimidad junto al amor desplazaran a la intensidad del deseo sexual y erótico. En este momento, se corre el riesgo de que la rutina se instale y se pierda la capacidad de seducción al otro.


Por ello es indispensable el mantenerse atractivos, seguir siendo pareja, salir juntos los dos. Es necesario preservar espacios de tiempo y físicos para la privacidad. Hay que conservar la capacidad de sorprender al otro desde cualquier punto de vista, bien sea divirtiéndolo, alegrándolo, excitándolo, emocionándolo y siempre con originalidad. Abrirnos desde dentro hacia afuera, porque es el momento de la intimidad. De esta manera es probable que la pasión continúe hacia el futuro. No olvidemos que la vida cambia, debemos comprenderlo y entender que el amor pasa por sus fases y que nuestro compromiso de verdadero amor con nuestra pareja, supone hacer todo lo posible para mantener -además del sentimiento afectivoel objeto de deseo sexual y erótico. Al fin y al cabo, es la persona que escogimos para vivir. Mantener por tiempo una relación lozana, es más de razón, comprensión y habilidad, que de otra cosa. Entonces ¿qué hacer para lograr que esta química inicial no se diluya entre los ácidos de la cotidianidad, las amarguras de las peleas o los brotes de incomprensiones? La respuesta es fundamentalmente una: amar con inteligencia.

Los hindúes plantean que nunca habrá en una vida el tiempo necesario para conocer íntimamente a su pareja. Siempre se podrá innovar y descubrir secretos, si hay la voluntad y amor al ser querido. Si decidiéramos cambiar de pareja, sólo por sentir otra vez la pasión, no olvidemos que una vez más volverá a repetirse el ciclo... una y otra vez.


Serotonina, oxitocina, y amor engañoso


Si tus niveles de testosterona se encuentran más elevados de lo normal, tu apetito sexual se verá incrementado, pero si no tienes éxito no te vas a quedar ansioso. La testosterona sube y baja rápidamente sin mayores repercusiones, y al día siguiente todo empieza de cero otra vez.

Si tienes sexo satisfactorio con alguien, se produce un subidón de la dopamina, la hormona del placer, pero que la dopamina no te engañe en el fondo a ella le da igual si vuelves con la misma pareja o no, incluso te permite sentirte enamorado de dos personas a la vez. En este estadio la testosterona y la dopamina no forman parte relevante de la historia. Desdecirse no sería traumático todavía.

Lo serio de verdad llega cuando la oxitocina aparece en escena, que es la responsable del sentimiento de apego. Tu cerebro la segrega a grandes cantidades en cada orgasmo, y es la responsable del sentimiento de apego, de unirte definitivamente a tu nuevo compañero. Si hubiera una hormona del amor, esta sería la oxitocina. Ayuda a reducir el estrés, el miedo, aumenta la confianza, la generosidad, la sensación de bienestar en cada abrazo… es la esencia química del afecto. Y lo más importante: hace que te sientas feliz cuando observas a tu pareja feliz. Su satisfacción pasa a ser más importante que la tuya propia. Ahora sí que puedes decir honestamente “te quiero”, en lugar del “te deseo” propio de la etapa dominada por la dopamina.



Los niveles de oxitocina podrían ir decreciendo hasta perder el apego. Si esto le ocurre a los dos a la vez, tampoco sería tan grave. La tristeza de la separación daría paso rápidamente a una sensación de alivio. Lo peligroso, desdichado, insano, funesto, devastador…, es cuando por cualquiera de los miles motivos diferentes que existen, la relación se rompe cuando los niveles de oxitocina están al máximo. Entonces la química cerebral se vuelve loca. La serotonina baja por los suelos: te deprime, te desespera, pierdes la cordura, dudas constantemente de lo correcto e incorrecto, aparece la ansiedad, la obsesión. Tus neuronas encargadas del placer ya no segregan nada de dopamina, se nota un síndrome de abstinencia brutal. Tu cerebro pide a gritos sinápticos volverle a ver. No deberías hacerlo; es un suicidio hormonalmente hablando. Se recaería como el alcohólico que en el momento de más debilidad piensa “será sólo una copa”. La química cerebral necesita de tiempo para que restablezca sus niveles normales. El amor existe pero queda ofuscado por el deseo egoísta de sentirnos mejor, de aliviar el propio sufrimiento.

“Quiero continuar siento tu amigo/a” puede decir el que haya salido más ileso de la desdichada ruptura. Científicamente absurdo. Es como si pretendes curar al alcohólico de antes diciéndole: “Debes dejar de beber. Pero puedes continuar yendo a los mismos bares, no hace falta que tires las botellas de tu casa, y dale un inocente beso al vino cada cierto tiempo”. Los neurocientíficos expertos en adicción saben que eso no lleva a ningún sitio. Si les hiciéramos caso, la terapia del desamor incluiría borrar teléfonos, mails, y tirar fotos a la basura, por muy doloroso que sea.



La neurociencia dice que esto es muy por encima lo que le ocurre a un cerebro enamorado. El enamoramiento es un proceso que puede resultar útil de cara a la transformación y al aprendizaje personal. Es el momento, tal vez uno de los pocos, en el que logras hacerte vulnerable y por tanto abierto al cambio. El precio a pagar puede ser alto, porque a la naturaleza no le importa que sufras o no: solo quiere asegurarse de que, desafiando el sentido común, dos personas formen un nido en el que criar ejemplares de la especie humana. Y casi todos picamos, sin tener en cuenta que el amor tiene etapas, y que, aunque cueste creerlo, todas podrían ser interesantes.

La piel de plátano en la que resbalamos para iniciar el proceso del enamoramiento se llama limerencia. Aquí nos sentimos de repente libres como el aire. En esos meses iniciales nos acicalamos, obsesionamos y sentimos un deseo compulsivo de fundirnos con el otro. Es un proceso universal que resulta muy popular porque parece la respuesta a la plegaria con la que nacimos: “Tengo miedo, no quiero estar solo, quiero que me quieran.”. Superado ese momento, viene el establecimiento del “vínculo amoroso”. La diferencia entre la limerencia y el vínculo amoroso es sencilla: la primera, al ser una estrategia interesada de la naturaleza, funciona sola: no hay que hacer nada, solo dejarse llevar por las promesas del amor eterno. En cambio, el vínculo amoroso necesita cuidados y esfuerzos continuados. Y a veces, atosigados por las preocupaciones y el cansancio diarios, nos descuidamos… hasta que el vínculo amoroso se transforma en simple afecto. Allí empiezan los problemas, porque el afecto es perfecto para los hijos y para los amigos, pero que no vale para la pareja.

¿El cerebro puede estar enamorado por años?
Parece ser que sí, o al menos eso asegura Helen Fisher, biólogo-atropóloga y experta de la conducta humana y atracción interpersonal. La investigadora y su grupo de trabajo escaneron los cerebros de varias personas con alrededor de 50 años de edad y que en promedio llevaban 21 años de matrimonio.

"Todos ellos decían estar enamorados, no sólo sentían apego, y en todos ellos pudimos ver que sus cerebros tenían la misma actividad de los que aseguran haberse enamorado perdidamente hace poco". La única diferencia que arrojó la investigación es que los recién enamorados también tienen activada una zona que produce ansiedad, mientras que los que llevan años amando tienen esa área en calma.

La biólogo-atropóloga agregó que con ello demuestra que el amor y el estar enamorado puede durar con el tiempo, y no más de tres meses o tres años, como otros estudios aseguran. "Cuando nos enamoramos, en nuestro cerebro se activa una zona que produce dopamina, un estimulante natural del sistema nervioso que nos hace enfocarnos, mentalizarnos, tener más energía y movilizarnos hacia nuestro objetivo: la persona amada", explicó. Dicha actividad es tan evidente que puede verse en un escáner cerebral. El cerebro es tan sensible, que todo lo que hacemos, sentimos o pensamos deja una huella en él.


¿Por qué nos enamoramos de una persona y no de otra?


Hay teorías que plantean que la personalidad se puede descomponer en dos partes: carácter y temperamento. El carácter, sería todos aquellos rasgos de personalidad, que son “adquiridos” por nuestras experiencias de vida, dentro de un entorno cultural específico; por otro lado, el temperamento, serían las características que están fuertemente condicionadas por nuestra biología, como pueden ser ciertas tendencias hacia la impusividad, agresividad, pasividad, hiper-actividad, etc. Es decir, que gran parte de nuestras características de personalidad, estarían fuertemente correlacionadas con nuestra herencia biológica.

En la actualidad, los cientistas sociales saben que la atracción entre las personas está fuertemente ligada a una serie de similitudes culturales, económicas y sociales: la atracción y selección de pareja se rigen por un conjunto de factores culturales y biológicos. Los hombres y las mujeres son generalmente atraídos por personas con el mismo trasfondo socio-económico y étnico, un nivel similar de educación, inteligencia y atractivo físico, que comparten sus valores religiosos y sociales, que tienen un sentido del humor similar y grado de estabilidad financiera, individuos con las mismas habilidades sociales y de comunicación, que pueden proporcionar los recursos que buscan a cambio de los activos que ellos pueden aportar. El tiempo y la proximidad juegan un papel en la elección de pareja, al igual que experiencias de la infancia… Innumerables investigaciones psicológicas demuestran lo decisivo de los recuerdos infantiles -conscientes e inconscientes-. La llamada teoría de la correspondencia puede resumirse en la frase: "cada cual busca la pareja que cree merecer". Parece ser que antes de que una persona se fije en otra ya ha construido un mapa mental, un molde completo de circuitos cerebrales que determinan lo que le hará enamorarse de una persona y no de otra. El sexólogo John Money considera que los niños desarrollan esos mapas entre los 5 y 8 años de edad como resultado de asociaciones con miembros de su familia, con amigos, con experiencias y hechos fortuitos. Así pues antes de que el verdadero amor llame a nuestra puerta el sujeto ya ha elaborado los rasgos esenciales de la persona ideal a quien amar.

Pero queda una pregunta abierta. Cuando tenemos varios individuos, con una serie de características similares como las anteriormente descritas, es decir, con niveles socio-económicos y culturales muy similares, que se encuentran en un contexto y temporalidad idénticas ¿qué marca la diferencia?

Las investigaciones de Helen Fisher al respecto, la llevaron a identificar cuatro “sistemas químicos básicos en el cerebro”, cada uno asociado a una gama de rasgos temperamentales, lo que podría indicar, que las personas se pueden tender a sentir naturalmente atraídas a cierto tipo de personas.



La investigación fue llevada a cabo vía una serie de test psicológicos y cuestionarios on-line, con aproximadamente 40.000 mil personas (y en aumento) en los EEUU, y es en base a estos datos que se elaboró la tipificación de 4 tipos de personalidad, asociada a la producción hormonal : Explorer (Explorador) asociado a la Dopamina y Norepinefrina; Builder (Constructor) asociado a la Serotonina; Director (Idiem) asociado a la Testosterona; y Negotiator (Negociador) asociado al Estrógeno. Ninguno de nosotros (exceptuando quizás ciertos casos patológicos) es “únicamente” uno de estos tipos, sino que todos somos Exploradores, Constructores, Directores y Negociadores, en distintos grados y con diferentes mezclas, pero lo interesante es que siempre suele haber uno o dos tipos dominantes en cada uno.


Explorador -> Dopamina y Norepinefrina


Este “tipo”, tenderían a ser personas constantemente atraídas a buscar la “novedad”, ser impulsivos, independientes, creativos, flexibles e irreverentes, generalmente sin problemas para asumir riesgos. Pero también tendría ciertos “inconvenientes”, como ser: imprudentes, irreflexivos, maniacos, oportunistas, impredecibles y un tanto locuaces, entiéndase, buenos para la habladuría y dar lata. Las palabras que más suelen usar son: entretenido, viaje, energía y nuevo, pero la más usada, resulto ser: Aventura. Además suelen ser optar por profesiones ligadas a labores creativas y libres, como el arte y el deporte.


Constructores -> Serotonina


Los Constructores, serían personas que tenderían al convencionalismo, la tradición, a ser cautos y calmados, estructurados, afanosos con los planes, rigurosos con la rutina, con armar programas para todo y mantener el orden; les gusta lo concreto, literal, lo detallista, lo práctico y suelen ser buenos con los números; bastante sociables, respetuosos de la autoridad, las leyes, y leales. Las palabras que más usan son: respeto, leal, confianza, valores, pero la más usada por ellos es: Familia. Además son los más conservadores.


Director -> Testosterona


Los “Directores” se caracterizan por ser: Analíticos, lógicos, generalmente buenos en matemáticas, ingeniería, música; por ser sumamente competitivos, orientados al triunfo, independientes, que gustan defender sus ideas, ser temerarios, realistas y muy directos. Por otro lado, no suelen dar su brazo a torcer, son muy demandantes, suelen ser distantes, impacientes, testarudos y no soy muy empáticos. Las palabras que más suelen usar son: debate, desafío, real, ambición, política, impulso, pero por sobre todas: Inteligencia (generalmente, en el sentido del “desafío intelectual”, como aquella tarea focalizada en resolver un gran problema, o de gran dificultad).


Negociadores -> Estrógeno y Oxitocina


Esta personas son intuitivas, imaginativos. Son introspectivos, buscan el significado de las cosas, entender quiénes son; son empáticos, confiables, gustan de la armonía, tienden a ser muy agradables y expresivos. Viven el mundo del “depende”. Ellos ven todas las posibilidades, se quedan pegados, siguen pensando en todo, sobre-piensa, son indecisos, hiper-sensibles, se lo creen todo, tratan de agradar todo el tiempo. Tienden a usar palabras como: corazón, mente, amable, sensible, leer, lector, lectura, compresivo, abierto, pero principalmente: Pasíon.

Esos serían los cuatro tipos básicos, pero aún no sabemos hacia quién se sienten atraídos. Según los resultados de la investigación de Helen, con 28.128 miembros, las atracciones tenderían a ser las siguientes: Explorador con Explorador: Personas energéticas, creativas, liberales e innovadoras, no se sienten cómodas si les ponen muchos límites, si los coharta, o si no se toma la iniciativa hacia la acción, por lo que se sienten mucho más cómodos con personas del mismo temperamento. Constructores con Constructores: Lo tradiconal, quiere lo tradicional. Cuándo quieres trazar planes de largo plazo, como puede ser formar familia, necesitas confianza, calma, fidelidad y predictibilidad, y para aquello, los Constructores necesitan otros Constructores. Exploradores y Constructores, en contra de la popular norma de “los opuestos se atraen”. Por el contrario, en este caso: “Los iguales se atraen”. Por contra parece observarse una tendencia a que los negociadores y los directores se atraigan entre sí.



(Nota: DA/NE: Explorador; 5HT: Constructor; T: Director; E/OT: Negociador)

Fuente: sinapsis, TED Talks, elpais

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